
Watch The Throne ha sido uno de los álbumes de hip-hop más esperados de los últimos años. Quizá la gran responsabilidad de esto recayera directamente sobre los hombros de una colaboración que en otras ocasiones había sido tremendamente fructífera y que aquí se desarrollaría en todo su esplendor. Jay-Z y Kanye West son los dos grandes gigantes del hip-hop americano a día de hoy, y las expectativas generadas en torno a su trabajo excedían incluso las que surgían cada vez que uno de ellos preparaba nuevo material.
Como siempre que el hype supera los niveles de objetividad, tenemos un problema. Porque acercarse a Watch The Throne supone traspasar el velo, mirar más allá del espejo sin saber qué te puedes esperar. Y aunque finalmente lo que estos dos hombres han hecho con este disco supera con creces los estándares de la mediocridad, lo cierto es que da la sensación de que podría haber sido mucho más.
Partiendo de que My Beautiful Dark Twisted Fantasy me pareció un álbum de los que se merecen un huequecito en la estantería de indispensables de manera permanente, fue todo un gustazo escuchar que West había vuelto finalmente al sonido que descubrió en él. La mejor parte de Watch The Throne es aquella en la que la huella del de Atlanta es más visible.
La apertura del tracklist con ‘No Church In The Wild‘ deja sin aliento, y a pesar de haber sido el último corte en incorporarse al disco, es el más redondo y el que mejor marca la trayectoria y el punto de partida desde el que se desarrollará y evolucionará todo el álbum.
West ha llevado la voz cantante en lo que a producción se refiere, mientras que Jay-Z ha afilado la pluma en las letras, obteniendo de esta manera los puntos fuertes de cada uno. Las colaboraciones que ponen el punto más lírico a esta producción se fragmentan en estribillos que las objetualizan, nunca quitando el protagonismo a la pareja. Como no podía ser de otra manera, la esposísima Beyoncé aparece en el segundo corte del álbum, ‘Lift Off‘, y a pesar de lo obvio de los motivos de la colaboración, una vez más está mucho más acertada cuando no es ella la que está al mando.
Son estas colaboraciones las que soportan sobre sus hombros la variedad y ayudan a la fluidez del álbum, restando quizá de este modo cierta cohesión entre sus cortes. Aunque puedan ser muy discutibles sus métodos, como meterle un Auto-Tune de los que dan escalofríos a la pobre Nina Simone en ‘New Day‘.
Se nota la complicidad y las ganas de trabajar juntos, el ansia por participar y el juego entre Kanye West y Jay-Z, el sentido de diversión, de expandir el ego y dejarlo rodar hasta convertir una simple estrofa en una narrativa épica de tintes más emocionales o más ácidos dependiendo de quién es el encargado de repartirla.
La primera mitad de Watch The Throne es para quitarse el sombrero. Pero a partir de ‘Who Gon Stop Me‘ las tornas se giran hacia el rap más tradicional, al que proliferó en los 90 de la mano de los grandes que ya no están, se pierde por momentos la emotividad de West en los primeros cortes y se terminan diluyendo en canciones que no están a la altura del resto del tracklist, como el flojete ‘Welcome To The Jungle‘. Desde luego, los que no apreciaron lo que West planteó en My Beautiful Dark Twisted Fantasy empezarán a disfrutar de este disco precisamente aquí.
El topos del álbum continúa siendo el gran tema que han plasmado casi cualquier rapero estadounidense desde sus inicios: la riqueza, la política y en general la relación de la sociedad negra americana con respecto al entorno y a su desarrollo como individuos. ‘Made In America‘ condensa en buena parte las preocupaciones y dilemas morales de los dos cantantes patentes en todo el disco, la lucha por triunfar y el tributo a la familia.
La producción del álbum condensa a lo más granado del sector de la actualidad. RZA, Neptunes, 88-Keys o Don Jazzy, y todos contribuyen a esa pasión por el detalle que West pone en cualquier trabajo firmado por él. No encontraréis una nota fuera de lugar, un corte recargado o una instrumentación azarosa. Todo está en su lugar, incluso en los temas menos poderosos, pero no por ello descuidados o empleados como relleno. Ése es uno de los puntos más fuertes de Watch The Throne, que incluso los cortes que palidecen en comparación con ‘No Church In The Wild’, ‘Otis’ o el tremendo ‘Why I Love You‘ que cierra la compilación, no resultan fortuitos.
Watch The Throne es un gran disco. Quizá podría haberlo sido aún más, pero lo que está claro es que la unión de Kanye West y Jay-Z ha sido enormemente fructífera y el resultado es un verdadero disfrute. Nos dejan temas que permanecerán durante mucho tiempo sin desmerecer y que seguramente ganarán como el buen vino. La voz cantante de West, literal y figuradamente, quizá desanime a quienes son más partidarios del de Brooklyn, pero la simbiosis es total, el juego y la diversión patentes tras cada composición.