
Lo digo desde el primer momento. Las declaraciones que había hecho Linkin Park sobre su nuevo disco me habían dejado con cierto resquemor a la hora de abordarlo. Sin embargo, y tras algunas peticiones, me decidí a darle una oportunidad con calma y sin prisas. A Thousand Suns no es que lo necesite, es que es una exigencia para sacarle todo el jugo que tiene, para sumergirte en lo que Shinoda, ideólogo de esta nueva creación, ha planteado en este álbum.
No entra a la primera. No es un disco facilón, ni siquiera va sobre seguro como podrían haber hecho, remitiéndose al éxito que han tenido con trabajos anteriores que les han asegurado una base de cierto empaque y de los cuales no es difícil extraer algún que otro tema interesante. Pero aquí han intentado apostar por la historia que contar, por la coherencia en el tracklist, por una sucesión racional de acontecimientos en los que los cortes se enlazan entre sí con suavidad y consecuencia.
Quizá sea redundante, pero es algo que me parece necesario aclarar. Los temerosos de que Linkin Park hayan perdido su sonido pueden estar tranquilos. Eso sí, han girado sobre sí mismos para mirarse desde una perspectiva diferente, quizá más comprometida, quizá más experimental, llevada al extremo en algunas pistas y esencializada y eficiente en otras, las más.
La primera mitad del disco es donde sea posible verlos más alejados de su faceta más, digamos, comercial, y más comprometidos con su expresión de conceptos y con la creación de una atmósfera contínua durante esta primera parte, que se resume de manera fantástica en una intro sensacional, ‘The Requiem‘, sobre estas letras, uno de los cortes que más me han gustado del disco y que va seguido del primer tema, pero no el último, que recurre a un pequeño discurso grabado por una tercera persona. ‘The Radiance‘ consiste, simplemente, en un instrumental que mantiene la armonía de su predecesora, sobre el cual Julius Robert Oppenheimer, director del famoso proyecto Manhattan que parió la bomba atómica, dice estas palabras:
We knew the world would not be the same. A few people laughed, a few people cried, most people were silent. I remembered the line from the Hindu scripture, the Bhagavad-Gita. Vishnu is trying to persuade the Prince that he should do his duty, and to impress him, takes on his multi-armed form, and says, ‘Now I am become Death, the destroyer of worlds.’ I suppose we all thought that, one way or another.
Como podéis comprobar, no sólo se apoyan en la composición instrumental para la creación de atmósferas, sino que con este tipo de letras nos introducen en un mundo oscuro, consumido y atormentado por sus pecados que se desarrollará en profundidad a lo largo de los siguientes cortes. ‘Burning In The Skies‘ continúa esta labor y a la vez sirve de puente para que no nos olvidemos de a quién estamos escuchando. Quizá éste sea, junto a otros como ‘Waiting For The End‘ o ‘Blackout‘, que merece mención especial, uno de los temas más convencionales en el sentido de mantener intacto ese estilo tan marcado que tiene Linkin Park y que le ha procurado que pocos sientan indiferencia en su postura hacia ellos.
Si hay una faceta que esté más que trabajada y cuidada en A Thousand Suns es la de las transiciones entre las pistas del tracklist, siempre en busca de que la siguiente sea una consecuencia natural de la anterior y de crear un nexo de unión entre ellas. Una de las más logradas, pese a que su sucesora no compone el mejor tema de la compilación, es ‘Jornada Del Muerto‘, a la que no se le hace justicia poniéndole a continuación ‘Waiting For The End‘, fuera de lo que a lírica se refiere.
La segunda mitad del disco, hacia la que este tema hace de transición estando entre los dos planteamientos que podemos encontrar aquí, está rellena por cortes mucho más parejos a lo que Linkin Park nos tiene acostumbrados. En este sentido nos damos de bruces con un tema más agresivo y a la vez no carente de frescura después de la seriedad anterior, ‘Blackout‘, para mí el mejor de esta segunda tendencia más cercana a su pasado.
Llama la atención el uso que Linkin Park hace de los discursos de personalidades en A Thousand Suns. Si primero hablábamos de uno de los padres del Proyecto Manhattan, en ‘Wretches And Kings‘ le toca el turno a Mario Savio, uno de los principales luchadores en la batalla por la libertad de expresión en Estados Unidos, mientras que en ‘Wisdom, Justice And Love‘, es el gran Martin Luther King a quien podemos recordar a través de su discurso.
Pero no penséis en compromiso político o intelectual, al menos no como motivo ulterior de esta colaboración. Chester Bennington no ha tenido problema en afirmar que estos cortes se parecían especialmente a lo que habían hecho con anterioridad en otros discos, y que siguiendo un poco esa pauta de reinventarse sin perder la fidelidad al concepto de la banda, recurrieron a estos discursos como modo de expresión y a la vez de renovación de un sonido previo. A esto hay que añadirle que estas canciones, aunque recuperan el hip-hop y los coros que les son ya inherentes, lo hacen como comentaba anteriormente con una tendencia más hacia el extremo, hacia la crudeza del estilo y en pos de cierto filo que antes estaba embotado.
A Thousand Suns necesita una aproximación cautelosa y una mente liberada de prejuicios y expectativas para poder apreciarlo en su justa medida y para no desecharlo a la primera de cambio. Y no está de más que un grupo trate de aportar algo diferente a su carrera, por el motivo que sea, y se arriesgue en cierto modo con un planteamiento, aunque no radicalmente opuesto al habitual, sí lo bastante distante de su zona de comfort.