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Ocean Roar Mount Eerie

En muchas ocasiones el título de un álbum justifica, semántica y conceptualmente, muchas de las reseñas y promociones respecto a él. Si, además, dejas que la portada y la música te sugestionen, tu impresión se circuncidará circunscribirá a ese objetivo (tan promocionado pero pocas veces conseguido) del disco conceptual. El “rugido del océano” con el que nos sacude Phil Elverum en Ocean Roar es de esos temporales que debes aguantar estoico en el acantilado, sobrecogido y maravillado al mismo tiempo por la violencia de la naturaleza desatada ante tus oídos.

Ocean Roar: más cerca de alta mar que de la cala escondida

En cualquier caso, la especificidad del “rugido oceánico” está clara: ni son las olas del Mediterráneo, ni las mareas del Cantábrico. Es una costa agreste, septentrional, hostil, invernal. Rotunda en sus dinámicas, profunda en sus dimensiones, anárquica en sus corrientes. La capacidad de mímesis con las que nos embriaga el segundo álbum del año de Mount Eerie nos empapa el chubasquero pero nos hipnotiza, empezando por la suave marejada de ‘Instrumental-I‘, delicada y sutil, con los platillos meciendo la arena hasta llegada del tifón de ‘Engel Der Luft (Popol Voh)‘, probablemente los mejores 10 minutos del año de Phil, que maneja, desde el centro de la borrasca, cómo ésta llega a la costa, avasalladora como un tsunami.

Esa misma inmensidad atronadora es explorada en ‘Instrumental‘, y llevada hasta su clímax en ‘Ancient times‘, devastadora y rabiosa, tan densa y glacial que agota intentar abarcarla del tirón. Es tal la voracidad con la que construye Phil el poder destructor y erosivo del mar que necesita suavizar la determinación con la que sumerge en el agua los miedos, emociones e inseguridades. Así es cómo va frenando, puliendo y conteniendo, como la correa y el bozal a un perro rabioso, ‘Pale lights‘, tentada a expandirse por su propia naturaleza y siempre contenida por un autocontrol exorcizante.

Mount Eerie no necesita psicólogos ni psiquiatras

Y aunque, simplificando, parece que Ocean Roar es un disco más áspero que Clear Moon, también contiene algunas canciones con reminiscencias claras a ese disco, que navegan por aguas más tranquilas y abordables. Son la calma que sigue o precede a la tormenta, las olas que chocan constante y pacientemente contra el casco del barco. La timidez espumosa y frágil de ‘Waves‘, nocturna y volátil, se empareja fácilmente con la viscosidad de ‘I Walked Home Beholding‘, sonámbula y pasiva, que cierra el disco en el que Phil psicoanaliza unos tormentos a los que engrandece en cuanto los extrae de sus pesadillas y los hace orbitar a su alrededor, consciente de que será un camino sinuoso pero que debe atravesar, iluminándolo con la belleza cándida de ‘Ocean roar‘.

Hipersonica vota un 8,50Si analizamos la obra como un ente único e independiente, funciona como un buceo mayoritariamente caótico a través de la soledad del artista, una zambullida profética y ansiolítica necesaria para volver a dormir tras esa pesadilla que revives cada cierto tiempo mientras la angustia te devora. Si la asociamos a Clear Moon, lo que queda patente es la valentía con la que afronta la búsqueda de los lugares más recónditos de su mente, los musicaliza, y los convierte en un díptico bipolar, compensado en su visión global y que necesita que te involucres para que encuentres ese equilibrio necesario para seguir mirando adelante sin atemorizarte por los esqueletos que, en el fondo, todos tenemos en nuestros armarios. De la soledad del individuo a su identificación en los demás, de la mano de un talento nómada y ácrata que brilla más cuanto menos se acota.

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