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Mountains-Centralia

El dúo de Brooklyn, Mountains, continúa esculpiendo su particular camino hacia el infinito después de varios álbumes en los que pusieron los primeros escalones del tipo drone. En Centralia hay un cambio en su perfil ambiental, esta vez el toque psuedo folk tiene más peso, con leves acordes que también entran en bucle y crean una simbiosis que hacía tiempo que no practicaban en sus producciones. De nuevo, de la mano del sello Thrill Jockey.

Después de la disolución de Emeralds, y mientras esperamos al esperadísimo regreso de Fuck Buttons, podemos refugiarnos en otro de esos proyectos necesarios de escuchar si eres acérrimo del ‘droneísmo’, el de Mountains, que es por el que nos congregamos hoy aquí. Ellos son la antítesis de aquellos que aprovechan la música ambient para enclaustrarnos en habitaciones más pequeñas que un ascensor para hobbits. Ellos te llevan a paisajes de pureza donde todo es perfecto. O al menos es lo que antes hacían.

Mountains y los paisajes mentales

Su último álbum data de 2011, Air Museum. En él, se a abusaban exclusivamente de las capas superpuestas de drone, a modo de evocación a la naturaleza, como siempre han hecho, pero desde un prisma mucho más electrónico y con esas obligatorias referencias cósmicas. Pero en Centralia han cambiado su modus operandi, aunque más que cambiarlo, el dúo se ha encargado de rescatar la faceta folkie que hacía años que no ejecutaba. Y no sólo eso, sino que de nuevo se atreven a componer canciones de más de diez minutos, algo que también obviaron en Air Museum.

Después de samplear los sonidos de la naturaleza, algo que ciertamente no hacía falta, pues ya lograban posicionarte en ella con su música, vuelven a retomar el camino del equilibrio que tan bien les surgió en Sewn. Cuando querían, eran capaces de llevarte de picnic por el campo sin que te dieses cuenta. De hecho, si tuviéramos un mando con el que darle al mute para silenciar el sonido del mundo, podrías ir allí al campo a pasar el día y poner algún disco de Mountains, todo fluiría según lo previsto.

Pero desde un tiempo a esta parte han dado un cambio interesante, en el que entra esa faceta no tan armoniosa, y más sonora y espacial. Aunque cuando más gana el dúo es cuando logra conjugar en una misma paleta sonora los ingredientes que han utilizado en sus producciones, el resultado es especialmente interesante cuando se vuelcan sólo en una de esas dos facetas. Centralia es la del equilibrio. Así pues, nos topamos con la parte orgánica que dejaron escapar en su último disco, y le añaden el poderío natural al que apelaban al principio de su carrera, donde no le hacían ascos a los acordes acústicos.

Centralia, vuelta a la electroacústica

No es fácil afrontar un disco después del electronicismo de Air Museum en el que se salieron por la tangente, acercándose a la parte más progresiva que nos ofrecía la mejor cara de Emeralds antes de su separación. De hecho, no se han acomodado, nunca lo han hecho porque sus elaboraciones están muy trabajadas y bien calibradas. Pero en Centralia le han echado una buena dosis de testiculina en algunos momentos, llegando a componer incluso una canción que dura más de veinte minutos.

Sí, aún hay locos a los que les da por tirarle a la electrónica progresiva a lo grande. El tema mencionado, ‘Propeller’, es el clásico organismo que Mountains son capaces de crear, con una evolución muy lenta que va edificando un ambiente que te abraza y te hace cada vez más pequeño. No sólo van entrando en liza nuevo sonidos que se aderezan a la pared de la capa drone madre, sino que aumenta también la sonoridad. Superada la mitad de Propeller, esta entra en contacto con la atmósfera para ir despedazando poco a poco el muro sónico que previamente había construido.

En otras entregas el grupo afincado en Chicago nos metía en una especie de tierra prometida donde todo era perfecto y tranquilo. Ahora nos condenan a vagar por el frío espacial; tanto en ráfagas cortas que rescatan ese toque electroacústico como Identical Ship, como en evoluciones progresivas de minutaje medio que acaban con una bonita instrumentación como Sand.

Sensaciones más frías

Temáticamente el disco te transporta irremediablemente a una misión espacial, pero es curioso ver qué artimañas han utilizado esta vez. Podrían haberse limitado a elaborar canciones como ‘Living Lens’, donde no hay mucha superposición de placas y placas de sonido en bucle, pero en vez de eso han utilizado esa guitarra acústica que en antaño sirvió para llevarnos a pasear al Edén, para meternos en una lanzadera espacial a la deriva. El resultado es una variación aceptable de los drones típicos, tniendo un peso importante en más de la mitad del disco.

Entre esas piezas está ‘Circular C’, que no goza de mucha sonoridad y características acongojantes, pero sí de ese toque concienzudo y milimetrado minuciosamente cual reloj suizo. En cambio, es mejor el resultado de ‘Tilt’, donde acompañan a esa guitarra con los elementos de ingeniería sonora que pegan zarpazos antes de difuminarse en la atmósfera. Con todo, el mejor resultado se da en el desarrollo de los veinte minutacos y en la pieza en la que se encuentra un contraste mayor, con un cambio algo más brusco en su estructura. Es lo que ocurre en ‘Liana’, donde todo lo que antes estaba armoniosamente preparado, se rompe, combinando capas sonoras opuestas en su textura.

Centralia es una disco lógico en la trayectoria que llevan Mountains. A pesar de que sea difícil superar el magnánimo Sewn, recoge el testigo cósmico sembrado en Air Museum para añadirle el aliciente eléctrico que habían olvidado en su último álbum. No obstante, este tenía más poso; Centralia en cambio es un disco más frío, más cerebral, con progresiones más lentas. Huele a ingeniería alemana.

Hipersónica vota un 7,5 Así pues, no se puede hablar de una evolución, pues la novedad es recurrir a recursos ya utilizados, pero es un álbum que cabía esperar y que sigue siendo muy válido para dronizarnos el cerebro.

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