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Muse

Cuando eres adolescente, te enamoras. Locamente. Platónicamente, por supuesto, porque a esa edad – antes, al menos – no vas a pillar más cacho que el de tus fantasías húmedas. Lo ves por los pasillos del instituto, con su pelo perfecto, su sonrisa perfecta, la mochila colocada descuidadamente sobre el hombro y te parece el tío más interesante de tu vida. Y está buenísimo. Y encima te habla, y tiene tantas cosas que contar… Así, año tras año, te pillas un encoñamiento considerable. Hasta que un día, ese Adonis, ese dechado de perfección, se baja los pantalones en mitad del patio del instituto y caga delante de todo el mundo. Creo que el paralelo con Muse y The 2nd Law es evidente.

Me duele en el alma cada letra que escribo. Esto es como el fin de una larga relación, llena de belleza, de grandes momentos, algunos absolutamente épicos, pero todos memorables, entre los cuales es difícil encontrar un bajón que no sepas justificar. Es el final del verano, es el fin del romance. Vi las señales, pero no quise hacerles caso, y ahora estoy atrapada en un bucle donde sólo suela Showbiz y Origin of Symmetry. Y ni con ésas.

The 2nd Law, o la definitiva ida de olla de Bellamy

Decir que Bellamy es el alma viva de Muse es algo que se sobreentiende. Al principio destrozaba guitarras contra los altavoces en los conciertos, se teñía el pelo de azul en arrebatos – seguramente de resaca infame y en busca de un remedio casero para el dolor de cabeza – y pesaba 40 kilos. Bueno, ahora sigue pesándolos, pero la relación entre cómo plasmaba su talento y lo en serio que se tomaba a sí mismo ha ido desequilibrándose progresivamente en la balanza.

Sí, vale, en The 2nd Law ha habido más implicación por parte de Christopher Wolstenholme, que compone e interpreta las letras de ‘Save Me‘ y ‘Liquid State‘, pero hasta ahí llegamos. Es la falsa sensación de libertad que dan las dictaduras. Bellamy parte y reparte la pana en este disco, pero a diferencia de los anteriores, aquí no hay genio creativo, no hay una guitarra espeluznante, no hay momentos vocales espectaculares. Todo suena a una parodia de sí mismo, y es que Bellamy se está creyendo el personaje que él mismo ha creado a base de platillos volantes de gas y trajes de lucecitas parpadeantes.

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La brillantez de las letras se ha esfumado. La primera en la frente la dio ‘Survival‘, que incluso rozaba la vergüenza ajena. Joder, es que ni siquiera soy capaz de elegir un único párrafo leyendo la letra de la canción para ilustrar lo que estoy diciendo. ¡Es una perla tras otra! Los que os quejábais del Bellamy conspiranoico es que todavía no habíais podido escuchar al Bellamy enamorado. Para buen ejemplo de esta nueva vertiente blandengue y empalagosa tenéis ahí ‘Follow Me’, que no, no habla de Twitter. Pero que perfectamente podría extrapolarse.

Ya no hay motivo para esos aullidos que nos ponían la piel de gallina. Se ha convertido en la sombra de sí mismo a todos los niveles, y los momentos de elevación vocal, por llamarlos de alguna manera, no están justificados más que por introducir una firma de autor, esa marca distintiva que hace sus interpretaciones tan identificables. Y tan cojonudas en directo. Antes, al menos.

Ojalá hubieran ido a por el dubstep

Tal cual lo leéis. Para mí, el mejor corte de The 2nd Law, el que más conserva la mejor esencia de Muse, el que me parece más coherente en términos de evolución, de dónde vienen y hacia donde podrían perfectamente ir, es ‘Unsustainable‘. La guitarra me parece brilante, la voz está magnífica, es épica, es gorda, es una maravilla en directo de las que esperas con ganas que lleguen. Y está al final del tracklist, casi puesta ahí como por el ayuntamiento.

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Pero fuera de ahí, todo suena descafeinado. Es un disco de Muse lavado, relavado y filtrado de sí mismos. Es un mal cover de sí mismos subidos a Youtube. El tracklist abre bien, eleva la expectativa durante los primeros veinte segundos de ‘Supremacy‘, con un guitarreo ácido. Luego llega el modo Queen, y ladeas un poco la cabeza, pero joder, ‘United States of Eurasia’ nos la puso dura a muchos. Y hasta la letra se corresponde al rollo social conspirativo al que es tan aficionado Bellamy. Vale, compro.

Wake to see, your true emancipation
Is a fantasy
Policies, have risen up and overcome the brave
Greatness dies, unsung and lost

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Hasta ‘Madness‘ tiene más sentido que cuando la escuché aislada. Como single me pareció el típico anzuelo popero que tiran de vez en cuando muchas bandas y no le di más vueltas. Me gustó muchísimo el bajo, y creo que Wolstenholme es una sombra con muy buenos momentos que no se terminan de apreciar. Pero a partir de ahí, empiezan las estaciones del calvario.

Panic Station‘ llega tarde a subirse a ese carro tan abarrotado que intenta recuperar los ochenta, y aunque remonta por segundos durante el estribillo – mi carne es débil -, el trompeteo es innecesario. ‘Prelude‘, una especie de inclusión por compasión de un tema instrumental que burdamente guiñaría el ojo a la sinfonía de The Resistance, se queda corto, no llega ni al minuto, no tiene ningún sentido ahí metido a calzador. Y menos cuando lo que viene detrás es ‘Survival‘.

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Animals‘ es la bengala de rescate, salta en mitad del tracklist y la ves, brillante en el cielo, levantando con gran esfuerzo la tónica del disco. Sencilla, casi delicada, pero magnífica. Junto con ‘Unsustainable’, el mejor momento del disco. Bellamy se baja del pedestal, se centra en lo que mejor sabe hacer, da lo que tiene que dar y firma un corte espectacular. Y qué sólo está en este disco.

Los dos cortes de Wolstenholme no me parecen nada del otro mundo. ‘Save Me’ me resulta completamente imprescindible, mientras que ‘Liquid State‘ ofrece algo más de resistencia al olvido, quizá porque recuerda más a lo que solía hacer Muse hace muchos, muchos años.

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Hipersónica vota un 2,5 The 2nd Law no es un buen disco. De hecho, es el peor de la carrera de Muse, y seguramente después de escucharlo, muchos se volverán a The Resistance con un nuevo aprecio. El peso ha desaparecido, se ha convertido todo en un cascarón vacío que se asemeja a lo que antes era la banda de Bellamy, pero desde luego, queda a años luz de todo lo que han hecho en el pasado. Y para esto habría sido mejor que, directamente, no hicieran nada.

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