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In The Aeroplane Over The Sea

No es fácil descubrir discos ni grupos especiales, pero cuando topas con uno es muy sencillo reconocerlos: La sensación mágica de que van pasando los minutos y a cada rato estás más enamorado, la misteriosa atracción de un trozo de plástico, la necesidad de volver sobre tus pasos una y otra vez a la par que el deseo de seguir adentrándote en el misterio de la siguiente canción… Ésas son las sensaciones que muchos tuvimos al escuchar por primera vez In The Aeroplane Over The Sea, segundo LP de Neutral Milk Hotel.

En España, sin embargo, el disco pasó casi desapercibido. Muy pocos críticos se atrevieron a poner entre los mejores discos de los 90 este diamante recién extraído de la roca. Menos aún lo han considerado digno de estar entre los mejores de la historia del pop. En un plazo de 15 años la influencia de Neutral Milk Hotel y su segundo disco se ha visto amplificada hasta el punto de considerarles una de esas bandas esenciales de su tiempo.

Neutral Milk Hotel: de Athens al culto

Y no es exagerar. Por si In The Aeroplane Over The Sea no fuera suficientemente espectacular en lo musical, tiene además el misterio que acompaña a las obras míticas. Por ejemplo, se editó en 1997 y al poco tiempo Neutral Milk Hotel se separaron y su líder, Jeff Mangum, decidió retirarse de la actividad musical.

Y no fue una promesa en falso: desde entonces, apenas ha hecho unas cuantas sesiones como DJ, además de editar un disco de folk búlgaro. Poco a poco, ha ido dando unos cuantos conciertos más, arrojando luz sobre su figura, abriendo las ventanas y dejando que los discos siguieran haciendo su trabajo de demolición.

Situemos a la banda: Neutral Milk Hotel formaban parte del colectivo Elephant 6, un grupo de músicos apasionados por la psicodelia. Julian Koster, miembro de NHM, define a aquel movimiento musical con una cita encantadora:

Lo que Elephant 6 significaba para nosotros es muy simple: hay algo puro e infinito en cada uno de nosotros que quiere salir de ti y no puede salir de nadie más. Ese algo es lo que debes compartir, un objetivo tan preciado e importante como el hecho de estar vivo.

Hablamos, pues, de gente que no sólo amaba la música, sino que estaba comprometido con ella. Gente que ha seguido dejando discos de locuras caseras y música repleta de sorpresas. Gente de la que, De esa idea nace la pasión que impulsa In The Aeroplane Over The Sea a cotas de belleza y desazón altísimas. De esa idea y de la importancia de que todo suceda, aunque no sea lo que tenga que pasar:

Creo que ahora me doy cuenta de lo importante que fue el caos, de cuando de la magia de lo que pasó salió de ese caos. De algún modo extraño, siento que ese disco sólo podía ser así: caótico, necesitábamos que hubiese una explosión si íbamos a grabar un disco como éste. Quizás mi trabajo fuese amar el caos, porque el de Robert sé que era intentar recopilar todo lo que salía de él y que no se hiciera trizas.

Sin cada uno de nosotros, las cosas hubieran salido de distinta manera. Si Robert no hubiese estado allí, habría sido, probablemente, como las cintas: una cosa muy apasionada. Y si sólo hubiese estado Robert, habría sido más parecido a Avery Island. Además, la manera en la que Jeremy tocó la batería, ese volumen atronador, y el deseo absoluto de todo el grupo de querer capturarlo todo, afectó a cómo grabamos y a lo que salió después. – Julian Koster

In The Aeroplane Over The Sea: en mitad de los lugares que no pasaron

Más que en su primer y también gran disco (On An Avery Island), Mangum quiso hacer del productor del disco, Robert Schneider, una pieza fundamental (algo parecido a lo que ocurrió con los Flaming Lips y Dave Fridmann a lo largo de muchas paradas de su carrera). Sin embargo, no es éste un disco sobreproducido o en el que se note un tremendo trabajo en el estudio, sino una obra poliédrica, capaz de pasar de un tema acústico grabado en lo que parece un cuatro pistas (’Two Headed Boy‘) a una fanfarria de charanga de pueblo y ritmo de Semana Santa (‘The Fool‘).

En realidad, la espina dorsal del disco la atraviesan sonidos típicamente familiares e históricos: los Beach Boys que nunca sacaron Smile, los Pink Floyd de Syd Barret, los Zombies, Sonic Youth parados en la mitad del puente que separa Daydream Nation de Dirty.

Ya sé que ninguno de estos ingredientes sirven para hacer a un grupo especial, como demuestran tantas y tantas copias indiferenciadas. Sin embargo, en Neutral Milk Hotel confluyeron para crear la síntesis perfecta.

Mangum habla de la adolescencia, de los cambios corporales y mentales, de chicas enterradas vivas antes de disfrutar de lo mejor de sus años mozos

Curiosamente y aunque no sea un disco conceptual, Mágnum declaró a una revista norteamericana que gran parte de él está vampirizado por la figura de Ana Frank, la joven judía holandesa cuya historia todos conocemos. La premisa, clara y quizás desubicada en un disco pop, le sirvió a Mangum para hablar de la muerte, de la soledad y del amor como nadie lo había hecho en la década de los 90 (y eso que fueron los años de la desesperación del grunge, con tantas letras versando sobre esos temas).

Pero hay más: In The Aeroplane Over The Sea es también un disco que habla sobre la adolescencia sin caer en los tópicos ya tan sobados. Con un lenguaje onírico (aunque no surrealista, sino trenzado en pequeñas historias), Mangum habla de los cambios corporales y mentales, de chicas enterradas vivas antes de que puedan disfrutar de lo mejor de sus años mozos, de semen que macha las cumbres montañosas, de carne y dolor físico y de lo duro que es saber que todos tenemos una fecha de caducidad, aunque no podamos vernos la tapa en la que va impresa.

En la canción titular, con una percusión mínima y poco más que unos cuantos arreglos acústicos, todo queda claro:

And one day we will die
And our ashes will fly
From the aeroplane over the sea
But for now we are young
Let us lay in the sun
And count every beautiful thing we can see
Love to be
In the arms of all I’m keeping here with me

Es el carpe diem engañoso de un disco oscuro en lo lírico pero luminoso en lo musical, de un pedazo de historia musical que necesitas mantener a tu lado para que siempre pueda abrazarte.

Dar bandazos es lo que hay que hacer

No se puede ser más distinto que el grupo acústico y, sin embargo, tenso de ‘King of Carrot Flowers Part 1‘ y la fanfarria de neo-psicodelia y noise que arremete (no interpreta) ‘King of Carrot Flowers Part 2&3‘. No se puede y, sin embargo, Neutral Milk Hotel se esfuerzan y mucho en conseguir que así sea. En meter el desarrollo de épica íntima de la canción titular, donde Mangum canta con pasión soul mientras a su alrededor el mundo ulula y una sección de vientos maravillosa pone el tono definitivo a una de las mejores canciones posibles.

Si no tienes fe, da igual, está claro que Mangum sí y que lo ves como la única posibilidad posible (para él, para este disco)

Neutral Milk Hotel no son un grupo con astenia indie-pop. A sus canciones les gritan y las golpean cuanto es necesario: ‘Two Headed Boy‘ tiene muy poco de suave y, a la vez, no necesita dejar de ser acústica para ello. Es algo que Mangum comparte con el siempre imprescindible John Darnielle (The Mountain Goats) y que debería ser una razón para enamorarte de ellos: música visceral que no debería serlo, que lo es por cabezonería propia.

The Fool‘, campanamuertismo, charanga jangle, da paso a ‘Holland, 1945‘: llega el circo eléctrico a la ciudad. Hubo una chica que nació con rosas en sus ojos y que ni siquiera llegó a la adolescencia. Dicen que se llamaba Ana Frank y que ahora se ha convertido en un chico que toca el piano en España. ¿Alguien conoce a Pepito Arriola? Quedate con esta frase para tus días malos:

But now we must pick up every piece
of the life we used to love
Just to keep ourselves
At least enough to carry on

Communist Daughter‘ es una canción encantadora, de menos de dos minutos de duración, recubierta por una capa de ruidos, sobre masturbarse para demostrarte que vives. Se cierra cuando se acaba el ruido y, sin casi tiempo para respirar, se abre la desnudez apasionada de ‘Oh, Comely‘. Aquí se encierra el grupo en un viaje de ida y vuelta sobre sí mismo: ‘Oh Comely’ son en realidad cuatro canciones en una, que Jeff Mangum juntó para la toma final del disco.

In The Aeroplane Over The Sea es el disco en el que un clarísimo y sincero ‘I Love You Jesus Christ’ descoloca porque tal y como está entonado el autor y sus creencias son imposibles de rodear: si no tienes fe, da igual, está claro que Mangum sí y que lo ves como la única posibilidad posible (para él, para este disco). Es pertubador como oyente, tengas fe o no, en un mundo en el que acostumbramos a guardarnos lo nuestro mientras criticamos lo de los demás.

Éste es también el disco que en ‘Ghosts’ deja ver bien claro que los fantasmas existen y que rellenan el hueco entre los muertos y el recuerdo que conservamos de ello. Es el de la décima canción, la que está sin titular y que recupera el fuzz, la alegría de vivir que es posible sentir incluso en un mundo en el que todo el mundo se muere alrededor. Es folk y, a la vez, es pop juvenil. Pero se choca contra la segunda parte de ‘Two Headed Boy‘ y, ahí sí, los muertos ya son muchos y el peso de sus memorias demasiado. La voz de Mangum y su guitarra: así acaba uno de los discos en los que los espacios alrededor mejor se han llenado de sentido.

Hipersónica vota un 9,99In The Aeroplane Over The Sea es un misterio que, de tan hondo y revolucionario, se llevó por delante (sin suicidio, pero parece que sin nada más que decir) a su principal creador. No es fácil, no ha de serlo supongo, hacer discos especiales: más jodido es salir de ahí, estés en los Estudios Punxsutawney o en Athens, Georgia. A Jeff Mangum este disco le ha ido, dejando, poco a poco, escapar, pero le ha costado tiempo. Como oyente, para mí aún es esa prisión dulce de la que no veo demasiados motivos para intentar salir.

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