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Phoenix

Siempre que uno pasa por una mala etapa cuando ésta termina siempre intenta no hablar demasiado de ella por temor a mostrarse ante los demás como desvalido. A Phoenix le ha ocurrido esto y es perfectamente comprensible que en las entrevistas no mencionen el bache que sufrieron cuando comenzaron a esbozar lo que sería Wolfgang Amadeus Phoenix.

Abrumados quizás por lo mucho que se esperaba de ellos no dieron al principio pie con bola en el estudio de grabación propiedad de Philippe Zdar, la mitad de Cassius, y productor de su debut United, un buen apoyo para el grupo que de mero ingeniero pasó a formar parte del engranaje del cuarteto de Versalles. Sin su ayuda hoy es probable que no tendríamos en las manos el cuarto trabajo de Phoenix.

Es una pena que no haya más temas en este disco, resumido en diez cortes de los que unos de ellos es un instrumental, ‘Love like a sunset part I’ que poco o nada tiene que ver con su hilo conductor, más bien parece obra de Patrick O’Hearn, y su segunda parte es una miniatura que completa a la primera.

Porque Wolfgang Amadeus se me ha hecho cortísimo el montón de veces que le he hincado el diente, primero de forma tímida, precavido ante la sobreexposición que está teniendo la banda, y luego con profusión de gourmet, disfrutando de cada una de esas piezas de ese pop tabicado con suficiente aparataje electrónico como para ser disfrutado en la pista de baile (indie o no) y que en directo seguro que se escora hacia el rock.

No sé con que corte quedarme de la continuación de ‘It’s never been like that’, quizás con esa terna inicial que forman los singles ‘1901’ (YouTube), un tema con un inicio que les entronca directamente con sus paisanos Air, del que a buen seguro le harían un buen recauchutado nuestros Delorean, y ‘Lisztomania’ (YouTube), pegadiza a más no poder, y ‘Fences’, cuyo falsete es igual de bueno que cualquiera de MGMT.

Pero no bajan el listón tras las dos partes de ‘Love like a sunset’, porque nos encontramos con la pegadiza ‘Lasso’, otro single cuasiperfecto de la formación gabacha, o la decadente y quejumbrosa ‘Rome’, carne de discoteca para este verano si viene remezclada por alguno de los gurús que os podais imaginar.

Notaphoenix ‘Armistice’, para terminar, con esa melodía y ese estribillo embaucador, es el cierre perfecto de un disco con el que Phoenix me han robado la cartera con ese savoir faire tan suyo, ese pop de baile cuasi pluscuamperfecto. Que podría ser todavía mejor, claro que sí, pero yo me conformo con esto, que no es poco.

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