Robyn - Body Talk Pt. 1

Body Talk Pt. 1 es el primero de una trilogía de discos que Robyn se ha propuesto sacar a lo largo de este año. En principio, la segunda parte verá la luz en septiembre y la última en diciembre, pero todavía no hay fechas confirmadas en este sentido. Y qué queréis que os diga, no me quita el sueño.

No me lo quita porque ya me lo ha quitado escuchar algunas de las canciones de esta primera entrega. Me ha costado un esfuerzo considerable digerirlas para poder sacar lo bueno que tienen algunas – no todas -, porque no estamos hablando de un álbum de fácil digestión. Si, como yo, llegáis a él tentados por el single ‘Dancing On My Own‘, vais a tener que armaros de valor para devorarlo, porque la presa, como no tardaréis en ver, es muy distinta del cebo que nos tiende.

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Lo que tenemos aquí es un buen tema electropop, con una buena dosis de sintetizador, la justa para lograr ese puntillo electrónico elegante que la evita caer en la misma bolsa de Kate Ryan, September y compañía. Hay que escucharlo un par de veces para terminar guardándolo en tu lista del verano, pero termina entrando con facilidad.

Pero cuando llegas al disco creyendo que esto será la tónica general, lo primero con lo que te topas es ‘Don’t Fucking Tell Me What To Do‘, donde cambiar de tono parece una auténtica odisea y se decide que mantenerse en uno durante casi toda la canción con palabras recitadas clamando contra todo lo que se mueve los sábados por la noche es lo más cool posible. Si ni siquiera sobre el papel suena bien, imaginad cómo será escucharla.

Pero lo hice, la escuché todas las veces necesarias hasta poder encontrar algo tras toda esa aparente morralla monótona, y conseguí descubrir esas pequeñas variaciones que hacen que mejore la canción a pasos agigantados, no sé si por pura desesperación después de escuchar durante 3 minutos lo mismo una y otra vez. A lo nazi, vamos.

El pesimismo del single es una simple excepción. El buenrollismo noventero aparece en ‘Fembot‘ y ‘Cry When You Get Older‘, los dos únicos temas, junto con el sencillo, que conservan una mínima homogeneidad en todo el trabajo. Y perfectamente prescindible. El primero tiene una ingenuidad inicial que resulta estomagante pero que se ve extrañamente contradicha por los jadeos de extraña procedencia que aparecen durante la canción. Esa afición a repetir una sarta de palabras en el mismo tono durante una estrofa tras otra no creáis que se pierde aquí, no. No pasa de simpaticona.

Pero, como he dicho, hay algunas excepciones, y una de ellas lo es claramente ‘Dancehall Queen‘. El rollo reggae mezclado con su punto electrónico le ha salido redondo y es quizá la canción más lograda del disco, aunque cada vez que escucho el estribillo no puedo evitar acordarme del de ‘Toy Soldiers‘.

Pero ah, lo peor está aún por llegar. El último corte está en sueco, ‘Jag Vet En Dejlig Rosa‘, algo así como “conozco a una bella rosa”, y es una especie de nana… del infierno. Totalmente espeluznante, ha sido la única pista a la que no he conseguido sacarle ni un gramo de lado positivo. No sé por qué, será ese ambiente como de El Internado o Los Otros que crea, con esa melodía de caja de música centenaria que cuando la abres empiezan a aparecer zombies. No podía imaginar peor broche.

Nota En definitiva, no va a ser mi disco favorito ni ha conseguido que espere los otros dos con más emoción. Si sacas lo que casi es un EP, con ocho canciones, después de cinco años trabajando en la composición, tienen que ser alucinantes, una verdadera bofetada en la cara del que las escucha que le haga estremecerse, no una recopilación de temas poco hilados que cuestan más trabajo de abordar que las integrales del colegio.

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