Sigue a Hipersónica

Royal Headache - portada y critica del disco

A mí este disco de Royal Headache me ha retrotraído a un momento muy concreto de mi post-adolescencia. El recuerdo general es el de descubrir, con todo el flipe posible, el Live at the Harlem Square Club de Sam Cooke. Pero soy capaz de concretarlo mucho más, a un instante muy preciso. Sin saber cómo, a mitad de ‘Feel it’, la canción con la que comienza el disco, sentí un escalofrío y comprendí perfectamente a ese público que se escucha en la grabación, ya y tan temprano eufórico. Lo que estaba sucediendo era la magia de la voz humana, ese intangible que es imposible analizar fríamente cuando uno se sienta a hacer una crítica.

Shogun, una voz inesperada

Como uno ya acumula años y, perro cinismo, no se sorprende con casi nada, cuando comencé a escuchar este primer disco de Royal Headache creí que estaba ante otro grupo más de garaje. Quiero decir, pensé eso durante los treinta primeros segundos, aún sin voz, de ‘Never Again’, canción inicial del disco. A partir de ahí, cuando comenzó a cantar su vocalista Shogun (es un nick), empezó mi Ratatouille particular: me vino Sam Cooke directamente desde mis 18 años y, hostia, creo que hasta me cayó alguna lagrimita. (Disclaimer: no pienso ensuciar estos parrafitos apelando al aburridísimo “salvando las distancias”).

La voz de Shogun es pura emoción, transmite euforia, te levanta de la silla y no conoce otra técnica de canto que no sea la de vivir al límite. Como Internet no permite el misterio, cuando descubrí en algún vídeo que el dueño de semejante prodigio era un enclenque blanco, la sorpresa fue doble, algo parecido al impacto ejercido por aquel jovencito Dan Auerbach allá por 2003.

Cuidado: esto no es soul


Pero ojo. Aquí hay una urgencia adolescente que va desde el punk-rock y el garaje hasta el powerpop, incluso ese con el que flirteó cierto indie de los 90. Por ponerlo en una frase epatante: esto suena a un Sam Cooke a tope de speed como frontman de un supergrupo formado por peña de los Real Kids, los Jam de ‘In the city’ y los Nervous Eaters. Y, cuando uno se despista, por ejemplo en ‘Really in love’, de repente le vienen Guided by Voices a la cabeza (¿esconde Robert Pollard un cantante de soul blanco? Podríamos hablar de esto algún día).

Su procedencia australiana bastaría para colgarles la etiqueta de pata negra, denominación de origen y toda la mandanga, aunque cabe matizar. Se respira un optimismo en las canciones de Royal Headache que es difícil de detectar en la escena garajera aussie de los 80, siempre propensa al colmillo torcido.

Sea como fuere, los australianos siempre deslizaron un carácter peculiar, diferenciado del de sus compañeros de generación americanos o europeos (Radio Birdman, Saints, Hoodoo Gurus, Stems, Scientists…), y esa sensación de rara avis en un panorama general mundial se mantiene con Royal Headache, aunque podríamos buscarles acomodo entre el garaje actual de Memphis, junto a Reigning Sound, por ejemplo.

Estamos antes doce canciones de las que sólo sobran dos, dos instrumentales que aportan poco y que, en realidad, parecen casi un vacile del grupo, por lo sobrado que va para la vieja historia de montar estrofas guapas seguidas de estribillos aún mejores, de agarrar de la entrepierna y no soltar hasta que acaba la canción.
Hipersonica vota un 8,50
Es decir, esto es una bomba que lo mismo suena a MisfitsDanzig, otro gran cantante soul!) en ‘Girls’ o ‘Pity’, a coetáneos vacilones como King Tuff en ‘Down the lane’ o a los clásicos ya citados. Todo esto en un disco que no llega a la media hora, en el que ninguna canción pasa de los dos minutos y medio y que, no sé, ya estáis tardando en pillar. Con esto tiene que pasar algo gordo.

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

9 comentarios