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shed killer

Este 2012 ha sido un buen año para el techno, con importantes lanzamientos en sus diferentes vertientes. Uno de los álbumes más versátiles, sobrios y consistentes ha sido el del alemán Shed (Rene Pawlowitz), que desde Berlín lleva varios años a la vanguardia del género en su país. Este año ha editado su tercer larga duración, The Killer, un trabajo cerebral en el que imparte clases de gélido techno minimalista. La portada del disco habla por sí sola.

The Killer: machacando el ambient

Después de un par de discos con estructuras más minimaloides de gasificadas capas ambient, el de Frankfurt le ha dado un pequeño giro al timón que encauzaba su rumbo, dirigiéndose a aguas mucho más marejadas y turbulentas. Después de pasar por The Traveller, el productor germano recrudece su instinto compositivo para convertirse en The Killer, donde ahora las canciones no fluyen; se ejecutan.

Shed se aleja de sonidos más vanguardísticos y de alto diseño para adentrarse en el techno de alta cilindrada. Recicla su música para transformarla en una apisonadora que no tiene reparos en machacar antiguos recursos livianos con los que los graves se encuentran superpuestos. Siempre ha realizado trabajos muy personales en los que desarrollaba su propia liturgia experimental. Ahora, se vuelve ateo e imprime una notoria agresividad a sus nuevas piezas, apelando al techno rebozado de patrones dub. Así logra otorgar a sus producciones un sonido más profundo.

No obstante, en este álbum no encontramos sólo a ese tipo que se dedica a emitir CO2 a base de imperiosas percusiones y fórmulas IDM; también sigue presente, aunque en menor medida, el Shed que en vez de destruir el ambiente se dedicaba a modificar su genética, bañándolo en formol y adormeciéndolo con piezas de alto minutaje. Frente a esas canciones, que antes podían durar ocho o diez minutos, ahora las acorta para reducir sus efectos.

Sumergido en su propia introspección

Sigue vigente su estilo personal, en el que una vez más vuelve a reinventar su sonido, investigando las opciones que puede encontrar dentro de su propia música. Al haber tocado en mayor o menor medida, composiciones techno, minimal o dub (incluso alguna referencia al dubstep), posee varias ramificaciones estilísticas sobre las que ir deconstruyendo capas por separado para volver a desarrollarlas.

En el arranque del álbum sigue levitando esa parte intangible y que caracterizó el minimal techno de Shed, en STP3/The Killer. Si estuviéramos inmersos en sus anteriores trabajos, lo lógico sería que después de unos minutos, en el tema entrara algún cambio de ritmo brusco o algún elocuente sonido que captase la atención. Pero con este cambio de rumbo, simplemente se queda en la ambientación que le da esta capa de drone.

Durante el trayecto del disco, poco a poco nos introduce a sus nuevas premisas. Si en el primer corte sólo había una suave capa de drone, en el segundo tema, Silent Witness, esa capa ambiental va sufriendo los agravios que el techno le produce, con beats muy marcados y un vocal repetitivo que viene patrocinado por sus incursiones minimaleras.

Así es como Rene va preparando el terreno para que en el tercer corte ya empiecen las ejecuciones de beats débiles. En I Come By Night, uno de los temas de cabecera del álbum, se encuentra esa parte cerebral, calculadora y fría del asesino; del Killer. Es además el corte más largo del LP, donde expone de forma abrumadora y gélida su nuevo postulado de technócrata.

A raíz de este segmento del disco, este se va repitiendo, donde las estructuras son prácticamente las mismas que las de estas tres primeras canciones, representativas de lo que es The Killer. Así es como avanzando por el disco podemos escuchar desde etéreas canciones preciosistas que evocan trabajos anteriores (Gas Up, Phototype y The Praetorian), hasta esa arrolladora combinación entre ambientaciones tétricas y claustrofóbicas como las de Day After; enraizadas en patrones a mitad de camino entre el dub techno y el minimal.

El último ejemplar que tenemos de esta vigorosa y a la vez elegante combinación de la que Shed hace gala es Ride On, donde unos bombos potentes ahogan una tenue sección vocal que intenta sobrevivir sin éxito. Para acabar encontramos la misma fórmula mucho más suavizada en You Got The Look y una lumínica reminiscencia noventera en Follow The Leader.

Hipersónica vota un 7'99 Lo que Shed ha hecho en The Killer ha sido un buen ejercicio de repaso a lo que ha producido bajo este proyecto, quedándose con la base de sus temas pasados, para someterla a sus nuevos dictados. Este álbum constituye un muy buen aterrizaje en su nuevo sello, 50Weapons, y una nueva demostración de sus ganas de seguir explorando nuevas estructuras. Siempre es gustoso enfrentarse a artistas que en cada disco intentan innovar.

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