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Surfer Blood Pythons

Hace tres años del debut de Surfer Blood, Astro Coast, un ejercicio más de un grupo joven para ensalzar las raíces del indie rock mediante reminiscencias a los grupos cumbre del género. Ahora, con su nuevo trabajo, Pythons, quizá han elegido el camino que menos duele, o simplemente el que mejor les venía: Warner. Mayor difusión y un jugoso contrato económico. A pesar de seguir con semejanzas con el álbum anterior, hay bastantes cambios que les alejan de esa necesidad de meterse en el saco del indie rock. Y no les va del todo mal.

Adiós camisetas de leñador, hola intento medio serio de power pop

Como ya pasara con su debut y posteriormente con el EP Tarot Classics, Surfer Blood seguirá dividiendo a la redacción hipersónica, o quizá ya no tanto. Con dos discos y un epé podría ser suficiente para etiquetarlos y saber si se puede esperar algo más de ellos o no, pero no creo que sea así. Astro Coast tenía esos ramalazos de Dinosaur Jr., Pavement y otros tantos héroes del rock americano, además de coincidir en concepción musical con otros de su quinta como Yuck. En ambos casos, buenas intenciones y demostrando que habían hecho los deberes escuchando a las piedras angulares del género. Y en este sentido, Surfer Blood no podían sorprender, y pocos grupos podrán hacerlo, rememorando a los grandes del indie rock. Pero innegablemente, tenían gancho, eran efectistas y poseían tres o cuatro canciones muy dignas, que quizá hubieran sido éxito asegurado en otra época.

Probablemente Surfer Blood, conscientes de que por ese camino no iban a ser más que otro de tantos grupos jóvenes que han mamado de décadas anteriores, iban a tenerlo complicado para aspirar a algo más serio (a pesar de tener algún tema realmente bueno), pues no son pocas las bandas que habitan en unas mismas coordenadas, ya trilladas y en las que cada vez es más difícil sorprender. Con este escenario y con el paso intermedio de Tarot Classics, los chavales de Miami han decidido abrazar más intensamente el power pop. Pero no el power pop genuino de Redd Kross o Young Fresh Fellows, sino el que difumina sus límites con el indie rock, al más puro estilo de los Weezer post Pinkerton, que es el grupo al que más se acercan con este Pythons.

El resultado es un disco con un sonido más abierto, preparado y dispuesto para la conquista de las ondas. Están todos los ingredientes: un mejunje entre power e indie pop más accesible y una multinacional que expanda sus tentáculos por el mundo. Para cumplir los requisitos, el propio conjunto ha renunciado a algunas de sus fórmulas del debut, que creaban ese efectismo tan adictivo. Entre ellas, estribillos más ruidosos a lo Pixies, riffs en plan Mascis y ritmos afropoperos. Así pues, el producto que queda es un grupo con más melodía pop, con J.P Pitts capitaneándola y con el resto de la tripulación preparados para superar la gran ola que les separa de un terreno más masivo.

Con Pythons, o te los quedas o a la vía

Esta nueva vertiente tiene dos facetas claras para los que seguían con interés la carrera de Surfer Blood. Si te gustaba el debut y sus reminiscencias noventeras, este te va a saber a poco. Si por el contrario creías que era otro grupo del montón y que ya estaba más que visto, igual esta ligera renuncia a los cánones indierockers te parece mejor. El caso es que tanto en el debut, que me pareció bastante digno, como en este nuevo sendero, conscientes de que puede que por el otro no fueran a ninguna parte, sigue flaqueando el cuerpo del disco, que acaba arrastrando sus mejores canciones.

Con todo, la melancolía, las guitarras moderadas y los coros en conjunto, pegadizos y tan melódicos, continúan intactos. De hecho, son la carta de presentación con ‘Demon Dance’, incluso con algún grito desgañitado que demuestra que simplemente han bajado el pistón del indie rock, no lo han borrado por completo. Son líneas comunes en el principio del disco, con la sombra de los de Rivers Cuomo fluctuando en su atmósfera. Ciertamente, tampoco es que este pequeño cambio, con un sonido más abierto, haya sido la panacea, pero al potenciar ese toque pop, han bajado considerablemente los rasgos que lo hacían explícitamente indie rock. Con todo, sigue también pecando de lineal.

Pero esa sensación se rompe con alguna de esas canciones que sobresalen de las demás, con una ‘I Was Wrong’ en modo Eels, pero sobre todo con canciones como ‘Say Yes To Me’, que es uno de los regalos que nos ofrecen estos nuevos Surfer Blood, alejados de los americanos de las camisetas de leñador. Potenciando sus postulados pop, a Surfer Blood no les queda mal, con ese irresistible estribillo acompañado de un armazón de lamentos de quinceañero. Son pequeñas piezas de orfebrería power pop que alegran los oídos, repletas de vitalidad, y que de haber sido la tónica del disco, hubiera sido bastante mejor. Pero en la segunda mitad del álbum, la fórmula de arrastrar el coro y las guitarras que no acaban de rugir, más alguna balada, acaban por dilapidar el trabajo, que cae en una estructura monotemática que acaba haciéndose farragosa. No obstante, hay un bonus track, ‘Bird 4 U’ que vuelve a sacar esa versión simplona de acordes básicos y estructura fácil con pequeña escalada intensa que sigue funcionando bien.

Ahí es donde ganan las nuevas cartas de Surfer Blood; cuando se acercan a su versión pop más irresistible, aunque sea la más moñas. Es cierto que no todo el disco es así, y excepto unas pocas, el resto acaban por conseguir que sea el típico álbum del que picotear sólo unas pocas canciones. Si les hubiera ido mejor siguiendo el camino del debut, puede, quizá forzando la maquinaria más aún y tirando echando toda la carne en el asador, hubieran hecho un ejercicio de reminiscencia de indie rock americanoide más pulido. Combinándolo con el lado power pop que aquí ofrecen, quizá se hubieran desmarcado de otros compañeros de generación.

nota Surfer BloodEn este caso, ellos ya habían decidido en Tarot Classics qué camino seguir. Si eres de los Surfer Blood del debut o de estos, ya es tu elección. Ellos han preferido ir alejándose de un sonido sobreexplotado para intentar sacarle punta a otro más accesible y que (también) puede conseguir buenos jits. Más instantáneos y radiables. Manifiestamente, tienen que mejorar también esta faceta, pero aún son jóvenes y tienen margen de mejora. No obstante, me quedará la duda de si han abdicado del indie rock tradicional por caer en una multinacional, o si el haber modificado su sonido ha sido la consecuencia de acabar allí. O simplemente ha sido la pasta. En cualquier caso, anteriormente los dinosaurios del género también ‘vendieron’ su alma y siguieron sonando igual. Veremos si estos mozalbetes pueden ofrecer un disco más compacto.

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