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Después de varios años picando piedra, The Joy Formidable lograron hacerse un hueco en la esfera internacional hace un par de años con The Big Roar. Causaron buenas impresiones por la contundencia de su música. A base de guitarrazos desgarradores, hacían que retumbasen las paredes de tu cuarto. Este inicio de año lo han celebrado con su segundo largo, Wolf’s Law.

Wolf’s Law, un disco casi clónico al anterior

Aunque The Joy Formidable se empeñan en rasgar sus guitarras y conjurar sonidos shoegazeros, no aportan nada nuevo, pero eso ya lo sabíamos. El rol de grupos como el de Joy Formidable no es más que el del puro onanismo guitarrístico, el de esos conjuntos que suenan bien y que te hacen la tarde más llevadera.

Pocas sorpresas alberga este Wolf’s Law. El principal cambio en la estructura del álbum, es que en los cortes más destacables, no se encuentra la violencia de las mejores de The Big Roar. Han optado por bajar las revoluciones para que el disco no se convierta en algo farragoso, un problema del que adolecía su anterior trabajo. Y es que costaba llegar al final del álbum porque los ingleses no paraban de vomitar decibelios.

Mola que nos golpeen con virulencia sonora, pero cuando se abusa una y otra vez, al final cansa. La solución que ha puesto el trío de Londres ha sido aumentar la cantidad de canciones más acústicas o livianas, haciendo el disco algo más llevadero, y orientar su sonido a vertientes más melódicas.

Un par de cambios que no aportan nada reseñable

No obstante, tampoco es que tenga especial incidencia este truco, puesto que el pecado sigue siendo el mismo, un grupo con escasos recursos que tira una y otra vez de músculo (en mayor o menor medida), dejándose querer por los muros de sonido del shoegaze, incluso utilizando algún punteo. Aparte de esta medida anti aturdimiento, su rock ha perdido mordiente, siguen dándole duro al indie rock corpulento, pero caen a campos más melódicos como los de Metric.

Si te gustó el anterior trabajo, te gustará este, pero no hay mucho donde rascar; a pesar de leves cambios, son discos similares. Los cortes que rugen están representados mediante los choques frontales de Bats y los tintes épicos de Maw Maw Song, donde Ritzy Briyan (vocalista) se viene arriba acompañada de capas de guitarra superpuestas.

Donde Joy Formidable bajan el pistón para acercarse a melodías más accesibles es en cortes como Forest Serenade o Little Bimp, con sus momentos finales de enjundia, habituales en el grupo. La nueva cara que no conocíamos de Joy Formidable es la de Silent Treatment o The Turnaround, donde bajan la marea para descansar los pedales. No obstante, el mejor equilibrio lo consiguen en The Leopard And The Lung, donde combinan el guitarrismo épico, con buenos arreglos de teclado; un ritmo potente y constante.

Hipersónica vota un 6,5 En definitiva, se trata de un disco que no sorprende; muy similar a su anterior álbum, pero con ciertas poses nuevas, con un indie rock más melódico y con menos embistes taquicárdicos. Algo más de variedad, pues, pero las canciones grandilocuentes de este Wolf’s Law no llegan a las de The Big Roar. Lo dicho, un disco que te salva la tarde aunque se esperaba algo más. De lo mejor, la portada.

Sitio oficial | The Joy Formidable

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