
Algo más de una década y tres discos. The Shins no han necesitado mucho más y tampoco han mostrado más intenciones de correr, de hacer las cosas con más urgencia. Eso les ha bastado para ser uno de los mejores grupos de pop que han aparecido en este tiempo. Dentro de un indie USA que, al menos en su lado más pop, ha dado más morralla que otra cosa en este siglo XXI, ellos son faro de muchas cosas: de canciones, de criterio, de vivir tan fuera de este mundo que sus discos se escuchan mejor descontextualizados. Será que aguantan el paso del tiempo. Ahora que Port of Morrow está a punto de aparecer, repasamos su discografía.
Qué, cómo, cuándo, quién, por qué
Un grupo de no tan chavales de Alburquerque (Nuevo México), el primer día de verano de 2001, edita por fin el debut que, a lo tonto, James Mercer y compañía llevaban buscando desde cinco años antes. Al frente, el cantante y guitarrista James Mercer, educado en las guitarras brillantes de Echo & The Bunnymen y en las licuadas del shoegaze. Junto a él el batería Jesse Sandoval, el bajista Dave Hernandez y Marty Crandall a los teclados. En mente, hacer el pop más sencillo posible después de complicar al máximo la estructura de las canciones. Indie-pop-que-a-veces-es-indie-rock y que no es progresivo porque no sabe lo que es, sólo que oyó algunas sinfonías adolescentes para Dios y otras cuantas para el demonio.
Como el disco de Blur previo a sacar el disco imprescindible de Blur (¿sabéis cuál, no?), Oh, Inverted World es el disco en el que The Shins dejan verlo todo sobre su futuro pero no consiguen casi nada y aún se sigue haciendo querer. También, justamente, un “nuevo slang” para decir de otra manera cosas que casi nadie quería oír. Un alternativo “Qué, cómo, cuándo, quién, por qué” debería citar a Natalie Portman, a Zach Braff y a ‘Garden State‘, por supuesto, pero la historia comenzaría entonces tres años después.
Un fragmento de letra para no olvidar:
you led no celibate life
no skirt while chemicals danced on your head
you stole the keys to this ride
and your fables are falling tonightbecause of your struggle to make them
their taste for your past time is fading
remember the girls in the middle
are always the first to fall off
Dos canciones: ‘New Slang‘ y ‘One By One All Day‘
Tres momentos: El sonido playero ahogado, como de Galaxie 500 encontrándose con los Beach Boys, de ‘The Celibate Life‘; el título (y todo, incluida la manera en que se rompe en torno al minuto y 50) de ‘Caring is Creepy‘; y el inicio saltarín de ‘Know Your Onion‘, dándole bríos a un disco a veces lineal en lo sonoro (también ‘Your Algebra‘ lo hace, pero de otra manera).
Qué, cómo, cuándo, quién, por qué
Del garage y el loft de Alburquerque a un sotano en Portland. De editar un debut para escuchar en casa el primer día del verano a sacar su disco más veraniego en pleno otoño de 2003. De que los teclados fueran fundamentales a que “este indie se hace con guitarras”.
Chutes Too Narrow quería ser más disco y menos atmósfera. También quería ser más hit tras hit, pero The Shins nunca han podido evitar que las canciones se les fueran por los caminos menos obvios. Mercer nos engaña: dicq eu hace su pop más simplón, pero todas estas ‘simple songs’ son intricadas, tanto en la música como en una letras que pasan de las relaciones amorosas y la nostalgia por aquella novia de los años buenos a recordar que la Utopía de Tomás Moro estaba bien antes de que llegará el asesinato.
Su obra más 60s es el disco con el que les podrías menospreciar, lector hipersónico. El disco que luego tendrías que escuchar a escondidas. Y aún así sigue sin ser su mejor disco.
Un fragmento de letra para no olvidar:
Since I don’t have time nor mind To figure out the nursery rhymes That helped us out in making sense of our lives The cruel, uneventful state of apathy releases me I value them but I won’t c
Dos canciones: ‘Turn a Square‘ y ‘Pink Bullets‘
Tres momentos: Las palmas que dan comienzo a ‘Kissing The Lipless‘, el torrente de guitarras limpias que la cierra; el pop irresistible y absolutamente upbeat de ‘Turn a Square‘; el tranquilo relato de ciencia ficción confesional de ‘Those To Come‘.
Qué, cómo, cuándo, quién, por qué
Un grupo maduro, entre el sotano de Portland, un estudio en Portland y un hueco en Oregon City. Con un productor que había trabajado con Beck y U2, pero dejándole clarito que esta vez lo que querían era ser más intrincados que nadie en canciones de menos de cuatro minutos.
Wincing The Night Away es perfecto y aunque uno puede imaginarse a The Shins haciendo un disco aún mejor que su tercer álbum, luego, al escucharlo, parece imposible cuadrar mejor intenciones, melodías, cambios, resultados. Es un álbum propulsado por la necesidad de trabajarse a uno mismo, que no confía en las musas, sino en el trabajo, y que desafía la capacidad de sorpresa del oyente.
The Shins juguetean bajo el agua (’Red Rabbits‘), se encomiendan al hip-hop (’Sea Legs‘) o muestran su cara más óscura. Inicio, mitad y final, cuesta sacarle puntos débiles y los que en su día me lo parecieron, ya no lo son. Fabuloso.
Un fragmento de letra para no olvidar:
And if the old guard still offend
They got nothing left on which you depend
So enlist every ounce
Of your bright blood
And off with their headsJump from the hook
You’re not obliged to swallow anything you despise
See, those unrepenting buzzards want your life
And they got no right
As sure as you have eyes
They got no right
Dos canciones: ‘Australia’ y ‘Turn on Me’
Tres momentos: El vídeo de ‘Sleeping Lessons‘, gloriosa representación con luz de una canción que no puedo concebir sin él; el distorsionado desarrollo de ‘Pam Berry‘, con Mercer haciendo de flautista de Hamelín con su voz, para desembocar en la prístina ‘Phantom Limb‘; y el cierre maravilloso, realista, de ‘A Comet Appears‘: sí, lo peor está por llegar y lo sabes.
Qué, cómo, cuándo, quién, por qué
Un grupo al que todo el mundo parecía querer, pero ya nadie necesitaba en realidad. Durante seis meses de 2011, sin moverse de Portland. Buscando parte de la alquimia que había funcionado tan bien en Wincing The Night Away y pensando, a ratos, en cómo sería ser la ELO del siglo XXI.
Port of Morrow es un disco lleno de huecos en los que buscar, detalles en los que perderse. De hecho, a veces parece demasiado pensado, demasiado consciente de lo difícil que, en efecto, era conseguir superar su mejor disco. Que un primer single sea a la vez fácil y complicado y tengan las narices de titularlo ‘Simple Song‘ forma parte de esa tensión no resuelta que aletea en todo Port of Morrow.
The Shins ven, por primera vez, cómo el mundo ya va a otro ritmo que no es el suyo, y la mayor parte de las listas de 2012 se los olvidan. Más pop adulto que nunca (’It’s Only Life‘), maduro hasta el punto en el que te aislas de tus seguidores (Mercer cantándole al matrimonio) y, en no pocas ocasiones, a punto de crear el dad-pop, nada de eso puede con ellos: las paradas clasicotas que se marcan a lo largo de toda ‘For A Fool‘ son inolvidables. Su disco más flojo, sí, pero no su disco malo.
Un fragmento de letra para no olvidar:
And I know it breaks your heart
Open up your parachute, something’s gotta stop the freefall
I’ve been down the very road you’re walking now
It doesn’t have to be so dark and lonesome
It takes a while but we can figure this thing out
And turn it back around
Dos canciones: ‘The Rifle’s Spiral’ y ‘Simple Song’
Tres momentos: Cerrar el disco con su canción más valiente, una ‘Port of Morrow‘ que puede anticipar un futuro de psicodelia sentimental gloriosa; abrirlo con su canción más certera, la alambicada ‘The Rifle’s Spiral’; llenarlo de azúcar hasta el exceso en ‘It’s Only Life’ y que no se les vaya al garete.