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Poco, muy poco se ha hablado del cáncer que supone la intención de muchos de comparar el Metal con la Ópera, cáncer que se volvió casi endémico hace unos años con el desembarco al Metal de Tarja Turunen y su aderezo sinfónico, cuya influencia ha sido capaz de echar a perder multitud de discos aparentemente interesantes. Bien, este es mi alegato en contra de las soprano en el mundo del Metal, y como eje vehicular de mi protesta, os traigo la reseña de Exile, de los ingleses To-Mera.

Sopranos en el Metal, una auténtica plaga

El inicio de esta epidemia tumoral data de la década de los 90. El auge del Power Metal, subgénero originario del norte de Europa y popularizado hasta el empacho por bandas de Alemania e Italia sobre todo, nos presentó la figura del cantante contratenor o soprano, aquel que perfectamente podría haber sido sacado de la filarmónica de Viena y que era introducido, de forma abrupta, en una agrupación de Heavy-Metal. Esta mezcla aberrante tuvo un incomprensible éxito de la mano de gente como Edguy, Hammerfall y demás imitadores de los españoles Locomía en el aspecto visual.

Sin embargo, como bien sabía Murphy el de las leyes, ‘cuando algo va mal siempre puede ir a peor’. Y precisamente así fue. En la lejana, fría y socialdemócrata Finlandia se les ocurrió que no era suficiente torturarnos con grupos de Heavy Metal que se creían la quinta esencia del ‘betthovenismo’, sino que además iban a hacerlo de la mano de cantantes femeninas, para darle un toque aún más rococó al asunto. Así fue como surgió Nightwish y, de la mano de ellos y su incomprensible éxito, multitud de bandas de metal sinfónico con cantante femenina al frente con el fin de demostrar no ya sólo que el metal no es un género exclusivamente de hombres, sino que una voz aparéntemente melódica puede llegar a ser 100 veces más insoportable que el mayor de los guturales de Glen Benton.

Ejemplos de bandas con estas credenciales hay a cascoporro, yendo desde los ya citados Nightwish hasta los aún más risibles Within Temptation, Delain, Sirenia o los extintos After Forever (ahora su cantante se ha unido a Nightwish para rizar aún más el rizo). Afortunadamente, hasta hace bien poco el Metal Progresivo se había visto aislado de esta pléyade, de esta invasión de cantantes encorsetadas (con corsés) como si procedieran de una película de Bela Lugosi, abanderadas de propuestas teatrales y medievalizadas, tan artificiales y tan frías y desapasionadas que carecen de la más mínima credibilidad, cuestión bastante lógica por otra parte.

La banda de la que os vengo a hablar hoy es una más en este cajón de desastres, una más en este grupo de bandas que podrían ser, o son, bastante interesantes en el aspecto instrumental pero que, por una nefasta decisión en la elección del vocalista, el resultado final de su trabajo a veces está por encima del nivel de la vergüenza ajena, y otras veces no. Venid, que os voy a explicar por qué.

To-Mera, el grupo del que procede Haken

To-Mera se formaron tras la unión de la cantante Julie Kiss, para no variar con antecedentes en bandas de Metal Sinfónico en su país de origen, y Lee Barret, reputado músico de la escena extrema underground de Inglaterra en el año 2004, a los que posteriormente se unirían varios músicos que acabarían compatibilizando este proyecto con los imprescindibles Haken, supongo que muchos ya les conoceréis. La propuesta de la banda inglesa gira en torno al Metal Progresivo o Avantgarde pero con una amplia presencia Jazz y elementos circunstanciales de la música extrema, sobre todo en la base rítmica.

La música de To-Mera puede parecer caótica o deslavazada a oídos de no iniciados, pero probablemente el principal punto fuerte de su propuesta reside en el desmentido de la anterior afirmación, es decir, en la capacidad que tienen para lograr que los continuos cambios de estructuras, de ritmos, o incluso de género musical, sean realizados con maestría y elegancia recurriendo a ciertos elementos ‘leitmotifs’ que dotan de estructura circular a muchas de sus canciones. El otro factor de diferenciación es la apuesta por la vocalista húngara, a la cual, en mi humilde opinión, encuentro totalmente fuera de lugar por las razones que ya os he contado y os voy a seguir detallando.

Uyuyuyuyu, mi gato hace, uyuyuyuyu

Exile comienza con pieza instrumental bastante oscura que cumple perfectamente el papel de adentrarnos en este viaje por la psique humana que es el album, todo ello ya de la mano unas estimulantes percusiones y la entrada de las guitarras ya en el ecuador del tema. Todo vuelve a calmarse, pero solo para tomar el impulso necesario para dejarnos frente a la ‘peculiar’ voz de Julie Kiss, la protagonista de la función en sus primeros compases.

The Illusionist‘ es una clara muestra de lo que nos vamos a encontrar en el transcurso del álbum, una sección instrumental impresionante, rica, vigorosa y potente (que nos va a recordar a Haken en multitud de ocasiones) echada totalmente a perder por Julie Kiss, cuya estridente voz puede llegar a generarnos más de una jaqueca, sobre todo en las secciones más aceleradas del álbum, partes donde su voz ‘nasal’ se vuelve insoportablemente aguda.

Desde el Jazz al Black Metal pasando por mil géneros

Afortunadamente los interludios instrumentales son continuos, lo cual nos hace descansar de la tortura a la que Kiss nos somete. En ellos podemos ver en distintos momentos del transcurso del disco como To-Mera son capaces de pasar de un género a otro en unos instantes, y todo ello sin que afecte en ningún momento a la integridad de Exile y lo que con el disco pretenden contarnos. Desgraciadamente la voz de Kiss siempre acaba regresando y enturbiando lo que podría haber constituido uno de los discos del año pasado en el género progresivo.

Lo que aparentemente es un viaje por la psique humana y sus recovecos, es reflejado con total maestría en el aspecto instrumental en temas como ‘The Descent‘, probablemente la pieza más brillante del álbum y donde Kiss se hace más ‘soportable’ gracias a la oscuridad y mayor tranquilidad de la canción, la cual invita a una interpretación menos estridente. De todos modos, los interludios y cambios de ritmo marca de la casa vuelven a tener una importante presencia, destacando el arranque Black Metal (que vuelve a aparecer más adelante en ‘End Game‘, el tema más potente del álbum) que es brillántemente introducido con un solo de teclado magistral que, en su increscendo, marca un ritmo en el que blast beats y guturales ponen los pelos de punta.

Callando a Kiss a base de cambios de ritmo

Conforme va avanzando Exile, la voz de Julie Kiss se nos va haciendo cada vez más digerible, aunque no porque su actuación vaya mejorando con el paso de los minutos, sino porque la apabullante propuesta instrumental de To-Mera la acaba borrando del mapa de forma paulatina, logrando que ese protagonismo que sus alaridos de gato desollado tenían en los primeros temas acabe quedando en un segundo plano ante ese sin fin de solos, improvisaciones, interludios y cambios de ritmo.

Aún así, a pesar del impresionante desempeño instrumental de estos impresionantes músicos, el cual vuelve a quedar de manifiesto en esa pieza puramente Avant-jazz (con interludio latino) como es ‘Surrender‘, no es suficiente como para sacar a flote el resultado final del disco, el cual juega con el handicap de resultar bastante incómodo para el oyente, y no lo digo al respecto de lo complicado del campo en qué se mueven, que también.

Obviamente no estamos ante una propuesta dirigida a todo tipo de público, sino a un sector muy concreto. Si a ello sumamos el principal defecto con el que cuenta, la voz de Julie Kiss, es muy complicado que este Exile sea capaz de calar bien hondo en nuestra memoria musical por ese inconsciente pero justo rechazo que nuestra mente genera a los primeros 15 minutos del disco. He leído a otras publicaciones hablar muy bien del álbum y en parte yo también he tenido ganas de hacerlo, pero el debe es demasiado grande. To-Mera pueden hacer 2 cosas, o bien prescindir de Julie Kiss, o bien apostarlo todo a Haken, banda con la que sí están logrando brillar en conjunto y con la que están logrando un más que merecido reconocimiento.

Hipersónica vota un 6,7Afortunadamente la moda de las cantantes mezzo-soprano está amainando en los últimos años. Espero que To-Mera se bajen de la burra y prescindan de la mediocre Kiss por muchos falsos parabienes que su trabajo les acabe granjeando en varias publicaciones. En caso de que no decidan hacerlo tampoco va a ser un drama para mí, tengo a Haken, y ellos me dan casi lo mismo y con un buen vocalista. De todos modos Kiss es solo una gota más en ese océano de ‘aberraciones’, al menos espero que esta reseña haya servido para convencer a más de uno para que se una en la lucha contra esta lacra.

Bandcamp | To-Mera
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