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Ríos y ríos de tinta, o de unos y ceros, ha hecho correr el debate al respecto de qué es la evolución musical o experimentación, el cual se ha convertido en un tema recurrente cuando hablamos de bandas que se han pasado de un estilo a otro en algún momento de su carrera. Casos de bandas que cambian de género hemos podido conocer cientos, siendo este suceso casi tan antiguo como la existencia de la música rock. Sin embargo, muy pocas bandas han sido capaces de sobrevivir a esos saltos de género sin que la calidad de sus discos o su coherencia artística y credibilidad se haya visto resentida. Bien, una de estas bandas es Ulver, y probablemente son protagonistas del cambio estilístico más acusado, sorprendente y alabado de los últimos 15 años.

Escapando del Inner Circle

La carrera de Ulver comienza en paralelo a los eventos que pusieron al Inner Circle y la escena Black Metal noruega en boca de todos. Mientras el impresentable de Varg Vikernes era juzgado y puesto entre rejas por la comisión de delitos como el asesinato de Euronymous o la quema de iglesias cristianas, Garm fundó la banda junto a miembros de otros grupos menores con la intención de subirse al tren de la emergente escena black. Así fue como lanzó su debut ‘Bergtatt‘ (1994), disco en el que el Black Metal y el Folk escandinavos eran protagonistas de un compendio de cantos a las montañas noruegas y los paisajes nevados. A pesar de su buena acogida, este album no pasó de ser un disco prototípicamente black, por lo que su trascendencia fue obviamente limitada a pequeños círculos y siendo alabado solamente años después.

En 1996 dieron su siguiente paso espoleados por la buena acogida de su debut, esta vez con un disco puramente acústico (’Kveldssanger‘) en el que el Black Metal brillada por su ausencia. Los riffs estridentes, los blast bleats y los guturales habían sido desterrados para dar protagonismo a brillantes composiciones de folk tradicional noruego. Al año siguiente volvieron a dar un nuevo golpe de timón regresando de nuevo al Black Metal pero esta vez con una fuerza inusitada, con una brutalidad que a muchos pilló a contrapié tras su anterior ensayo acústico. ‘Nattens Madrigal‘ (1997) es un disco seminal dentro del Black Metal, una obra maestra en el género que apareció en el ocaso de su edad dorada. Una producción intencionadamente rudimentaria (se grabó con un 8 pistas en un bosque noruego) es la seña de identidad de una tortura sonora basada en una muralla de ruido impenetrable que apenas permite diferenciar los instrumentos que en ella son utilizados. A todo esto hay que sumar que el disco de 1997 significó el adios al metal por parte de Ulver, eso sí, escogiendo para despedirse su obra más brutal y una de las más aclamadas dentro del género (hasta AJ Soprano se hizo fan del álbum).

El camino a la Ciudad de la Perdición

Gracias a la excelente acogida de ‘Nattens Madrigal‘ la fama de Garm comenzó a subir como la espuma. Así fue como le llegó la oportunidad de participar en proyectos como Borknaggar y Arcturus, grupos de Black Metal el primero, y Avantgarde el segundo, que le permitieron abrir aún más sus miras y poder sumar más y más elementos a su repertorio personal. No me atrevería a afirmar que el abandono del Black Metal por parte de Garm fue algo preconcebido, pero sí creo que tuvo bastante que ver su participación en todos estos proyectos, ya que es obvio, analizando con posterioridad, que Garm entendió que su proyecto personal debía obtener en el futuro un carácter mucho más transversal, que no mayoritario, logrando que Ulver llegara a ser posteriormente un proyecto multidisciplinar en el que la música no fuera más que uno de los lenguajes utilizados para transmitir sus mensajes.

El nexo de unión entre la etapa Black Metal y la posterior etapa experimental fue lanzado en 1998, y se llamó ‘Themes from William Blake’s The Marriage of Heaven and Hell‘, álbum en el que combinando música industrial, electronica, folk y música clásica rindieron homenaje a una de las figuras más importantes del romanticismo literario, sir William Blake. La acogida de este ejercicio fue tan entusiasta como la de su anterior lanzamiento, pero esta vez contando con un apoyo más amplio debido al carácter ecléctico del disco, el cual, en contra de lo que muchos pensarían, contó con un más que unánime respaldo por parte de sus antiguos fans.

Espoleados por el apoyo que obtuvieron en su paso intermedio dentro del proceso de búsqueda de nuevos sonidos, Ulver se sintieron más que preparados para continuar con su búsqueda y experimentación de sus propios límites compositivos. Así, cargados de argumentos a favor de su evolución musical y olvidando al Black Metal como vehículo o medio de difusión de su obra artística, Ulver estaban listos para comenzar su siguiente etapa, la de las bandas sonoras y su entrada a la música electrónica. 3 fueron las bandas sonoras que compusieron, dos para películas que realmente fueron lanzadas: ‘Lyckantropen Themes‘ (2002) y ‘Svidd Neger‘ (2003), y una para una película que solo existió en la mente de Garm, ‘Perdition City‘ (2000), disco que es el protagonista de este post.

¿Futuro, pasado o realidad paralela?

Imaginaos el Chicago de los años 30, aquel que desfallecía bajo el influjo de Al Capone y sus secuaces. Imaginaos que la Ley Seca fue totalmente inútil y que la mafia respondió con la introducción por las calles de la ciudad de las drogas de diseño. Imaginaos que el manto de oscuridad que trajo consigo la mafia se volviese impenetrable debido a errores en el Proyecto Manhattan, cuyas consecuencias significaron lo que os podéis imaginar. Imaginaos lluvia radioactiva un día sí y otro también. Imaginaos que la única esperanza para acabar con el crimen fuese un tal Phillip Marlowe, un detective privado, mujeriego, pendenciero y adicto a las drogas de diseño. Imaginaos que el único negocio rentable, aparte del tráfico de drogas y alcohol, fueran los burdeles llenos de mujeres con mirada huidiza, labios carnosos y adictas al crack. Imaginaos poder dar un paseo por esa ciudad, escuchar sus sonidos, sus lamentos, las voces de agonía de sus habitantes, suplicantes de perdón. Pues bien, ese paseo es el que Ulver nos ofrece con ‘Perdition City‘.

Para lograr recrear esta atmósfera (la cual evoca el disco en mi mente, no quiero decir con esto que Garm y sus compañeros tuvieran esta intención), Ulver no escatiman en elementos de lo más variopinto pero siempre dentro de los márgenes que la música electrónica concede. Así asistimos a estimulantes ejercicios de dark jazz (al más puro estilo Boren & der Club of Gore) entre beats industriales y loops que fluctúan conformando una atmósferas cargadas de líbido, futuristas o decadentes en temas como ‘Lost in Moments‘ o ‘Dead City Centres‘ o a ascensiones lentas y progresivas cercana al Post Rock pero con bases electrónicas como armazón en ‘Porn Piece of the Scars of Cold Kisses‘, donde la ascensión actúa como puente hasta el estallido electrónico que supone la oscura y trepidante ‘Halfways of Allways‘, en la que por primera vez aparecen las guitarras eléctricas aunque solamente para dotar de mayor oscuridad a la atmósfera generada por los beats y los teclados.

Banda sonora post para una película ambientada en una ciudad post-apocalíptica

El espíritu Post Rock sigue presente en el resto del disco, donde todos los temas vienen a ser una suerte de ascensión progresiva hasta el momento de estallido una vez superado el ecuador, aunque no utilizándose en todos los casos los mismos elementos o el mismo camino para proceder a la ascensión, tal y como podemos ver en la aparentemente caótica e industrial ‘The Future of Music‘ o en la cercana al dubstep de gente como BurialTomorrow never knows‘. Aparte de todo lo anterior, locuciones introducidas en varias secciones del disco cumplen perfectamente el objetivo de dotar al mismo del buscado carácter de banda sonora sin dejar de lado en ningún momento el objetivo de recrear una atmósfera incómoda y apocalíptica.

A pesar de haber sustituido el Black Metal por la Electrónica, Ulver siguieron demostrando ser capaces de recrear las más crudas e incómodas atmósferas independientemente del medio o género utilizado. Mientras que en sus discos Black el elemento utilizado era la suciedad, los riffs agudos y los guturales de Garm, en ‘Perdition City‘ las herramientas utilizadas son los beats y loops, las locuciones y, por supuesto, las progresiones a la usanza del Post Rock aunque la propuesta esté alejada del Rock en este caso.

Posteriormente la experimentación siguió siendo una constante en la obra de Ulver, tanto en la continuación de su etapa de bandas sonoras como en aquella en la que Ambient y Rock tuvieron protagonismo por partes iguales, eso sí, apareciendo de nuevo la electrónica como elemento de cohesión de todos esos elementos que enriquecen y, obviamente, caracterizan al sonido de Ulver. A pesar de todos estos cambios estilísticos lograron lo impensable, que nadie les criticase por ello, siendo por todo el mundo entendida y reconocida esa ansia por innovar, por descubrir cuales son los límites de la labor creativa de la banda. Es más, alcanzaron el statuts de banda de culto, y a pesar de un ligero traspiés este 2012, han logrado mantenerlo durante más de una década.

Un día cualquiera en Perdition City

Tenía una resaca de mil demonios. ¿Quién me manda dejarme emborrachar a cambio de meter mi mano en la húmeda entrepierna de Rose?. He de reconocer que fue muy reconfortante, al menos para mi alma, porque mi bolsillo quedó muy maltrecho. Pero bueno, con Rose siempre es lo mismo. Dos whiskys con hielo, dos billetes entre sus pechos y es toda mía. Quizás debería decirle que dejara ese trabajo y se viniese a vivir conmigo. Pero claro, ¿iba a estar dispuesta a hacerlo, a abandonar un trabajo en el que gana diez veces más que yo, para venir a vivir en esta asquerosa cueva a la que llamo casa a cambio de tenerme la cena preparada al llegar a casa y las piernas abiertas toda las noches?

Quizás lo haría si realmente supiese quien soy, a qué me dedico. Quizás si le contase que soy yo quien sabotea los cargamentos de LSD antes de que caigan en manos de Andretti estaría dispuesta a premiarme con sus carnosos labios de por vida. Quizás si le dijera que soy yo la mosca cojonera que manda al traste los más oscuros planes del Sindicato, aceptaría a premiarme con sus turgentes senos de por vida. Quizás si le dijera que esas todas esas portadas están dedicadas a mí, aceptaría premiarme con el calor de su cueva. Quizás. Pero para ello debo ponerme en marcha, darme una ducha y quitarme el olor de su sexo, cuyo recuerdo no me permite concentrarme. Y bueno, si no lo consigo, si no puedo hacerla mía por amor, siempre puedo lograrlo a cambio de dinero, yendo a verla al burdel y pagando una comisión al maldito Gómez. Afortunadamente al final ese dinero acaba volviendo a mis manos. Ese es el consuelo que le queda a un triste borracho y adicto como yo.

Tracklist de Perdition City

1. “Lost in Moments”
2. “Porn Piece or The Scars of Cold Kisses”
3. “Hallways of Always”
4. “Tomorrow Never Knows”
5. “The Future Sound of Music”
6. “We Are the Dead”
7. “Dead City Centres”
8. “Catalept”
9. “Nowhere/Catastrophe”

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