
Y es que no se me ocurren otro calificativo que condense todo lo que representa el último disco de Yeah Yeah Yeahs y al que decidí echarle un vistazo más en profundidad a raíz de uno de nuestros comentaristas. Ahora tengo claro que de rehacer la lista de lo mejor del primer semestre, It’s Blitz! estaría en a la cabeza de la recopilación.
A pesar de que vio la luz el pasado 6 de abril y no se encuentra, por tanto, entre los lanzamientos de primera línea de las últimas semanas, me parece impensable no hacer una recomendación y un repaso exhaustivos de éste, el tercer álbum de estudio de la banda neoyorkina.
‘Zero‘ es una de las mejores aperturas de álbum que he escuchado en los últimos años. Es imposible despegarse de ella, y constituye toda una lección del manejo e inclusión del sintetizador sin que la regresión inevitable a la época de finales de los setenta / principios de los ochenta sea una exhibición casposa. Todo lo contrario, cada una de las notas contribuye a crear una atmósfera discotequera infalible que encaja perfectamente con la voz de angora de Karen O.
It’s Blitz es una compilación de 15 temas a lo largo de los cuales es imposible encontrar un resquicio de aburrimiento, simpleza o rendición. Cada canción es un reducto en el que es imposible diferenciar el disco beat de esas primeras influencias punk que acompañaron el debut del grupo allá por 2003. A lo largo de los años han conseguido establecerse como una de las bandas independientes de primera línea de Estados Unidos y una referencia obligatorio para todos aquellos que se quieran denominar a sí mismos como alternativos.
Mención especial merecen, a mi parecer, dos temas absolutamente brutales. ‘Dull Life‘ tiene un comienzo desconcertante a tenor de la rotundidad del cuerpo de la canción y lo tremendo de su estribillo, con una letra que abofetea como un látigo y que roza lo abstracto con maestría. Toda una exhibición de rock impoluto y redondo, un tema diez al que ni le sobra ni le falta nada. Y que podéis votar en nuesto top, por cierto (ejem, ejem).
El segundo tema de medalla de oro es ‘Runaway‘, en una cuerda completamente diferente al anterior. Si bien la mayoría del disco camina por la fusión entre diferentes estilos con ritmos desquiciados, aquí tenemos una balada que no se precipita a sus conclusiones, que enamora con su sencillez (que no simpleza) y que es capaz de incorporar un piano al compuesto de sintetizador, guitarra y batería sin caer en ñoñerías ni ablandar la textura del trabajo ni por un momento. Una lección magistral de composición e instrumentación de la que muchos deberían tomar nota. Tremendo el puente y el crescendo de la cuerda en la parte media de la canción y la ruptura con Karen.
Si además tenéis oportunidad de escuchar los temas bonus del disco, una serie de acústicos de varias de las canciones principales, comprobaréis cómo una buena canción puede ser despojada de todo adorno electrónico y aderezo arreglado y seguir siendo un temazo de principio a fin.
En definitiva, no puedo hacer otra cosa que arrepentirme por no haberle echado un vistazo antes y recomendaros a los que como yo pasaron de puntillas por el lanzamiento en su día, que no dejen de escucharlo ni un momento más.
