
Si el supuestamente grupo del año, con el mejor disco de este 2009 y uno de los mejores debuts de la década, no es capaz de llenar ni media entrada en una sala como Santana 27, un viernes, por sólo 15 euros en taquilla (12 anticipada) y con Atlas Sound como telonero, mal vamos. Muy mal.
Lo de supuestamente lo decía porque aún faltaba por comprobar como defendían en directo ese álbum homónimo, The Pains of Being Pure at Heart, y su posterior Ep, Higher Than The Stars, pero ahora ya no tengo ninguna duda. Por muy precipitado que suene estos van para clásicos, así que toma foto en blanco y negro.
Pero empecemos por el principio. El Greenspace llegaba por primera vez a Bilbao sustituyendo a un festival idéntico organizado por otra cerveza parecida, apostando ambos por la última hornada del indie internacional y por vender su cerveza a 4 euros y hacer más caja en barra que en taquilla. Así que los que realmente salieron ganando fueron los abstemios.
Hay que echarle huevos o creer mucho en lo que haces para salir sólo al escenario con tu guitarra, una armónica y unos cuantos pedales como hizo Bradford Cox, componente de Deerhunter, bajo el nombre de Atlas Sound, su nuevo proyecto. Sentado en una silla con las piernas cruzadas (casi debería decir huesos) su concierto únicamente sirvió para que deseáramos con más ganas que salieran de una vez TPOBPAH al escenario, que es a lo que la mayoría habíamos ido ¡Qué coñazo!

Su recién lanzado Logos no me termina de enganchar, aunque reconozco que es un gran disco, pero su presentación en directo desprovisto de todo tipo de arreglos resultó tan íntimo y desnudo que aburrió. Fue como si un colega te invita a su casa para enseñarte unos nuevos pedales que se ha comprado, empieza a jugar con ellos y tú no ves la forma de escapar de allí. Al menos aquí sólo fueron 45 minutos de grabar este fragmento para repetirlo ahora y cantar encima para volver a grabarlo…
Y menos mal, de haber durado un poco más la única textura que hubiera conseguido es la del público, que hacía tiempo que había abandonado el murmullo y ya no se cortaba en hablar en el mismo tono que en un cualquier bar de copas, o el de la chica que pareció entrar en un bucle al tratar de explicar a su novio que lo que sonaba ahora era lo que había sonado antes y lo de ahora lo que había grabado justo cuando se lo estaba contando: “es increíble“. Sólo los más gafapastas pueden reconocer haber disfrutado.

Qué diferencia con The Pains of Being Pure at Heart. Desde el momento que los cinco aparecen en el escenario (en directo van reforzados con un segundo guitarrista, Christoph Hocheim) sueltan una descarga de energía más potente aún que en sus grabaciones con la que es imposible no meterse al público en el bolsillo. No defraudaron y creo que ningún enamorado de sus discos podía esperarse más.
Parecía que todos habíamos leído una crónica de su actuación dos días antes en Madrid donde no salían muy bien parados e íbamos un poco con la mosca detrás de la oreja. Pero afortunadamente ésta salió volando desde el minuto uno y no regresó hasta una hora después, cuando abandonábamos la sala con el zumbido en nuestros oídos mientras todo dios comentaba lo mucho que le había gustado el concierto. “Flipantes“ fue la palabra más repetida.
Su setlist no tiene sorpresas. Su único disco casi al completo (excepto ‘Contender’ y ‘Hey Paul’) más las cuatro canciones del EP y de regalo un tema nuevo ‘Say No To Love‘. Da igual en que orden las coloques, fue hitazo tras hitazo y el concierto no perdió su intensidad en ningún momento. Cuando llegó ‘Young Adult Friction‘ casi al principio (la tercera exactamente) me di cuenta que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto.

Sus detractores seguirán diciendo que no hacen nada nuevo, por supuesto, y ahí está la gracia. Unos jóvenes apasionados de la música, como tú y como yo, que han sabido captar la esencia de toda esa música que nos ha marcado de por vida: My Bloody Valentine, The Jesus & Mary Chain, The Smiths, Pixies y tantas otras bandas que jamás podremos volver a ver en vivo, al menos en lo que fue su mejor momento. Para eso están The Pains, para hacernos disfrutar hoy en día porque tienen algo que les falta a todos los demás: juventud y toda una carrera por delante. No nos falléis.

Unos tíos demasiado jóvenes para creerse todo lo que se ha hablado de ellos durante este año y que todavía están en el punto de pasarse por el puesto de merchan de la entrada, permitiéndote regresar a casa con sus dos vinilos firmados y soñando que quizás algún día se hagan tan, tan grandes que llenen estadios, los puedas vender y al fin te consigas jubilar. Y un concierto que tengo que poner en lo más alto de mi lista de los mejores de este año. El año de los Pains.