
A los Diamond Dogs los vi por primera vez en mayo de 2003, casi seis años y parece que fue ayer, en el ciclo Intersecciones que anualmente organiza la Obra Social y Cultural de Cajastur. En aquella ocasión la armaron buena en el salon de actos que la entidad financiera tiene en el centro de Oviedo.
Llenaron hasta los topes y hubo que abrir las puertas para que el asfixiante calor no causase bajas entre el respetable. El viernes los suecos volvieron a Asturias para tocar en la Sala Acapulco del Casino de Asturias y la cosa no fue tan especial como entonces, y no se me malinterprete.
Había prácticamente el mismo público, o incluso más, pero la magia de aquella tarde noche no la sentí y el ambiente a mí me pareció menos caluroso que entonces, quizás por el local, con capacidad para unas 600 personas que a mí me pareció enorme.

Y eso que la banda lo intentó llenar con su magnética presencia desde el primer minuto del concierto. El septeto salió como siempre a arrollar y doy fe que lo consiguieron durante los noventa minutos que estuvieron encima del escenario.
Lo que tuvimos delante fue a una de las mejores bandas de rock & roll del momento, que va a más cada temporada, y que lo demuestran en cada uno de sus conciertos, en definitiva, solventes a no poder más. Diamond Dogs recuperan la escencia de tres clásicas bandas de la historia del rock: los Faces, Mott The Hopple y los Stones de finales de los sesenta y principios de los setenta.
Su vocalista es tremendo y parece muy raro que con un cantante como éste el grupo no haya alcanzado el escalafón más alto, porque para el gran público Diamond Dogs no existen. Sulo y el guitarrista solista, aparecieron trajeados, el primero de blanco impoluto, elegantes, un dandy de las tablas en definitiva.
Esta pareja fue el centro de los flashes junto al saxofonista, un delgadísimo Magic que dio el plus de calidad setentero al septeto. La única pega que se le pudo poner a su actuación, que como la del resto de la gira se grabó con vistas a editar un disco en vivo, fue el pobre juego de luces que tuvo a su disposición el grupo, algo que mermó su impacto escénico.
Nos regalaron algunos de sus grandes éxitos, los antiguos y los más próximos en el tiempo. Sonaron muy compactos los temas que hicieron de Most Likely como ‘Raise a hollor’, ‘Cold blue summer’ o el medio tiempo ‘Wilko Johnson’s eyes’.
Sulo se retiró para cambiarse de ropa a la mitad del recital mientras la banda resolvía con oficio ‘Like a rolling stone’, de Dylan, volviendo más macarra, con pantalonés de cuadros escoceses, pero con el mismo arte, cerrando el bis, no podía ser de otro modo, con ‘Maggie May’, el hit de su admirado Rod Stewart, que supo a gloria.
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Fotografías | Víctor Rodríguez
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