
Recuerdo aquella exposición colectiva titulada Forever lives Afrika cuyo eje era la figura de Fela Anikulapo Kuti, el black president de Lagos, el padre espiritual, ideólogo y curator del gheto de una de las mayores megalópolis africanas con cien millones de almas.
En aquellas fotografías, que me tocó colgar en 2004 como responsable de la galería fotográfica de la gran superficie para que trabajaba, podíamos ver a un niño rondando a su padre, hijo de una de las veintisiete esposas-bailarinas que rondaban por aquella autodenominada república de Kalakuta.
Aquel infante era Femi Kuti, primogénito y heredero musical del fundador del afrobeat, aquel frenético ritmo que Fela y sus reinas, medio en bolas y tatuados con arcilla roja exportaron a todo el universo.

El viernes tuvimos la suerte de ver en directo a Femi Kuti en la Plaza Mayor de Gijón, en uno de los dos conciertos que ofrecía en España. Una suerte porque una cosa es escucharle a él y a su banda en discos como su último álbum, Day by Day, y otra cosa es empaparse del derroche de energía que desprenden encima de un escenario.
Competía este músico nacido por error o casualidad en Londres en 1962 con la tercera jornada del Festival de Jazz de Gijón, que recibía a Manhattan Transfer. Pero no me arrepiento ni creo que nadie que estuviera allí de haber elegido la opción africana, que además era gratuita frente a los 30 euros que costaba el recital del cuarteto.
Femi Kuti mostró con un repertorio lleno de genialidades lo que es el afrobeat del siglo XXI, un género que une folclore Yoruba, jazz y funk, ahora enriquecido por rap, R&B y todo lo que se quiera como el rock o la electrónica, y que él se ha encargado de poner al día siempre con un mensaje pacifista, comprometido política y éticamente como el de su padre.
Femi Kuti y su banda traían ese nuevo disco publicado en noviembre pasado, el primero en estudio siete años después de Fight to Win. Pero aunque había nuevo material en el repertorio su propuesta escénica y musical no es muy distinta a la que ofrecieron en Afric Shrine, un disco en directo registrado en el mítico antro de Lagos en el que su padre logró la gloria.
Femi Kuti, que debutó creo que en 1977 con la banda de su padre, Egypt 80, y fundó su propio combo, Positive Force, con quien ha venido actuando desde 1997. A Gijón vino con una gran banda en la que destacaba un jovencísimo bajista con un groove increíble, que conformaba una sección rítmica fantástica compuesta por dos percusionistas, acompañada de un guitarrista y un teclista que fueron los encargados de amenizar el paseíllo de una sección de metales compuesta por cinco músicos.
Y tras ellos llegó el color, el movimiento sensual, el gozo y la acabose con tres bailarinas que durante el recital parecieron haber sido poseídas por un ser maligno. Y, finalmente, fue Femi Kuti, el que se hizo fuerte detrás de un teclado y tocando saxos y dirigiendo a su banda como un director de orquesta.
Casi cien minutos a pleno rendimiento entregando un repertorio en el que pidió el fin del azote del sida, ‘Stop AIDS’, la enfemedad que acabó con la vida de su padre en 1997, pidió la paz mundial y el fin de la pobreza en África, fiel a su discurso anti Bono y Bob Geldof, a quienes Kuti tiene cruzados por asumir una tarea que debe ser liderada por los propios africanos. Kuti nos puso las pilas a los que estuvimos allí aunque el mensaje no sé si llegó a todo los que abarrotaron la Plaza Mayor.
MySpace | Femi Kuti
Fotografías | Víctor Rodríguez
Un concierto de Kuti tiene que ser puro ritmo. Ya que no podemos seguir disfrutando del genio del padre, el directo de sus hijos lo suple mínimamente. No escuché su último LP, tengo que hacerme con él a ver qué tal está.
Lo de Fela Kuti era de otra galaxia, también eran otros años difíciles en los que el racismo, la pobreza y la exclusión del más débil eran más acusadas si cabe que ahora. La banda que lleva Femi Kuti es la repera Natxo!