
Amor y odio es lo que siento por Lisabö. Sus cuatro discos de estudio, su EP y aquella demo con la que debutaron en 1999 me parecen excelentes y sin embargo apenas los escucho por una única razón: no encuentro el momento. No, no es fácil comenzar el día con los irundarras de fondo, llevártelos en el metro o que te acompañen mientras trabajas. Vamos, que por mucho que me gusten ninguno de ellos estaría entre esos discos que me llevaría a una isla desierta de la que sabes que jamás vas a regresar.
Todavía no había tenido ocasión de verles en directo y les tenía muchas ganas. Mucha curiosidad y un poco de miedo por la brutalidad que podía encontrarme el pasado sábado en el Antzoki de Bilbao. Ahora puedo decir que les prefiero en concierto, que es precisamente ese mi momento con ellos, que son más “accesibles” de lo que me podía esperar sin perder ni un gramo de intensidad. Una banda totalmente atípica. Únicos. ¿La banda sonora del fin del mundo?
Dos bateras, dos guitaras, dos cantantes, a vida o muerte, aquí no vienes a bailar ni a corear estribillos pegajosos, se trata de sacar todas esas emociones que tenías ocultas cuando traspasaste la puerta del local, de removerte por dentro de una manera tan visceral que te dejan completamente agotado. Todo multiplicado por dos, muy extremo, crudo, hasta la extenuación.
Desprenden tanta intensidad que su música es capaz de saltarse todas las barreras idiomáticas. En ese sentido sorprende que la crítica haya sido unánime alabando cada uno de sus cuatro discos de estudio. Nosotros, sin ir más lejos, consideramos Animalia Lotsatuen Putzua como el mejor disco nacional del pasado año porque fue capaz de convencer a todos los que escribimos aquí, por muy diferentes que sean los estilos que seguimos cada uno de nosotros.
Todo en ellos es de culto, sus apariciones y periodos de absoluto silencio, sus conciertos contados con cuentagotas, la autogestión para controlarlo todo ellos mismo y el mantenerse tan alejados a todo tipo de modas, pocas bandas de la escena independiente se atreverían a salir a tocar con esa camisa verde tan “normal”, vestidos tal y como son, con lo que se pondrían cualquier mañana para salir a comprar el pan. Son todos estos detalles los que les hace aún más auténticos. No hay pantallas ni ningún tipo de imagen, Lisabö no entran por los ojos ni tan siquiera por las orejas, la crudeza de su música llega mucho más adentro.

Viendo a los teloneros, la joven banda Jupiter Jon (en la que milita la antigua batería de Lisabö Aida Torres), una especie de Sonic Youth vascos con sonido más tribal, y pensando en sus similitudes con el quinteto de Irún se me ocurrió imaginar la idea del nacimiento de una nueva escena vasca que tome el relevo a aquel Getxo Sound. Otros como Zaldiak, Audience y la sorprendente Mursego podrían formas parte de este movimiento que me acabo de inventar. Todos ellos cantando en euskera y elevando el ruido a categoría de arte de la manera más artesanal.
Lo de Lisabö en directo es toda una experiencia y cada vez disfruto más los conciertos en los que es prácticamente imposible que una sola persona entre el público se quede indiferente. De su sonido sorprende todo, desde la salvaje percusión que parece proceder del centro de la tierra, a esas emotivas líneas de bajo del último entrar en la banda Xabier Zabala, esas dos guitarras, reforzadas en algunos momentos por una tercera, que van más allá del post-rock y el noise que conocemos, sin olvidarnos de esas dos voces tan diferentes y que se complementan a la perfección recitando, gritando, agitando y pidiendo tu auxilio.
Tras el encuentro con ellos una extraña sensación se apodera de tu cuerpo, es como salir totalmente recuperado tras pasar la noche en la sala de urgencias de un hospital, sintiendo de cerca el dolor y la muerte, los gritos de desesperación y esos silencios repentinos que dan aún más miedo. Estás totalmente agotado, feliz de que tú esta vez estés fuera de peligro, pero con el desasosiego que produce ser más consciente de ese último viaje por el que todos vamos a tener que pasar.
En Hipersónica | Lisabö – Animalia Lotsatuen Putzua: ¿cómo se dice “feroz” en euskera?, Lisabö – Ezlekuak
Comentarios
Saludos...
Coincido con esas contradictorias sensaciones que provoca el grupo... no entran en cualquier momento pero algunas veces tengo la irresistible necesidad de ponerlos... me encantaría probarlos en directo...
Nos vemos.
Precisamente la sensación que tuve la primera vez que escuché el Animalia fue que era un disco para el fin del mundo: algo visceral y desquiciante que te perturba de manera emocionante.
Ganazas de verlos en directo: ¡a ver si se pasan por el sur!
¡Vaya comentario más empalagoso que me ha quedado!
El caso es que yo me los pongo todas las mañanas para afrontar la realidad de la manera más cruda.
Saludos.
Valiente
Yo estuve allí, fui de resaca y sin apenas dormir. Conciertazo impresionante. el hecho de ir demacrado ayudó a sentir más las canciones
Jajaja, pues yo me he escuchado hoy el Ezlekuak por primera vez en el metro (la primera vez que escuchaba Lisabö) y me he quedado sobado. Ahora es cuando digo que me levanto a las 5:30, y que el viernes (hoy) ya estoy para pocos trotes.
Luego me los he puesto en el curro, para escuchar el disco de verdad, y me ha molado bastante. Lo raro es que aún siendo súper desasosegante, me ha puesto de buen rollo.
Muy acertada la valoración de lo que supone Lisabö para muchos de nosotros.
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