
Nadie en su sano juicio que haya tenido la ocasión de asistir a un concierto de esta banda puede negar la evidencia que es la más cualificada dentro del apartado del rock & roll instrumental en su sentido más amplio. Los Coronas llegaron el viernes a Gijón para presentar su último álbum, El baile final…de los locos y los cuerdos, un disco bastante viajero pues lo grabaron con Kaki Arkarazo en los estudios Gárate, lo mezclaron en Tucson (Arizona) y lo masterizaron en Ventura (California).
Los Coronas no son un grupo que arrastre masas a sus conciertos pero sin duda alguna la magia, o lo que otros llaman duende o feeling, apareció en la Sala Acapulco del Casino de Asturias desde el primer minuto que la formación madrileña pisó el escenario.
No han sido Los Coronas una banda que se haya prodigado mucho en las tablas, circunstancia motivada porque es un proyecto paralelo de Fernando Pardo, guitarrista de Sex Museum, a quien le dedica buena parte de su tiempo. Sin embargo, el cuarteto ha salpicado los últimos lustros con una serie de discos que le da patente de corso dentro del rock internacional, no en vano fue el primero español que practicó el surf instrumental, adelantándose a la moda Dick Dale inventada por Quentin Tarantino.
Si en su última visita a la región Los Coronas habían presentado Surfin’ Tenochtitlan, su álbum mexicano, un recopilatorio de temas antiguos vueltos a grabar, aquí las canciones de El baile final de… los locos y los cuerdos fueron las que sirvieron de aglutinante para su lección magistral de dos horas y pico a base riffs, punteos, arpegios y solos que dejaron con la boca abierta a los que no les conocían, rizando el rizo en el intercambio de mástiles entre Fernando Pardo y David Krahe en ‘80 foot wave’.
Hubo un variado menú a base de surf tocado con muchas ganas: ‘Big wave riders, la primera de la noche, ‘Supertubos’, ‘Maremoto’, ‘Jinetes radioactivos’ (versión de ‘Radioactivity’, de Kraftwerk, y de ‘Ghost riders in the sky’, de Stan Jones ), avances hacia la frontera mexicana: ‘Hacha de guerra’, ‘Los rumbaleros’, irreales scores de carretera: ‘Go kato go’, ‘La huida’ y de películas de detectives: ‘Secret agent man’), y aromas hispanos: ‘Sangre en la arena’ o ‘The wedge’, intercalada con varios pasodobles donde el joven trompetista ucraniano Yevhen Riechkalov brilló con luz propia.
La presencia de este músico como la de Óscar Ybarra antaño, ahora dedicado por completo a Marlango, le dieron un toque mucho más mediterráneo, mucho más latino a los temas antiguos. Y habida cuenta del buen ambiente que había en la sala, Fernando Pardo, maestro de ceremonias y líder del conjunto, obligó a sus compañeros a tocar una más que no estaba entre las previsiones. Fue ‘Alamerde’ acompañada de un larguísimo speech del guitarrista y sin la voz sampleada del actor Fernando Fernán Gómez. ¡Grandes!
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Fotografía | Víctor Rodríguez