
Del proyecto Buena Vista Social Club que ganó un Grammy al mejor disco de música tradicional queda poco más que el nombre. Ha pasado sólo trece años de aquello, pero la formación de veteranos músicos cubanos que trabajó con Ry Cooder y que después quedaría para la posteridad gracias a la cámara de Wim Wenders ha ido desapareciendo.
Rubén González, Ibrahim Ferrer o Cachaíto López han fallecido, pero de recordar sus hazañas musicales se encarga la Orquesta Buena Vista Social Club, un combo heredero de aquella mítica formación que también actuó en el mítico Carnegie Hall en 1998 para Wenders y que el pasado otoño pudimos disfrutar por primera vez en doble compacto.

El Guajiro Mirabal, un trompetista que mostró su genio y figura en Gijón, es el único superviviente de aquella primigenia formación, a la que se sumó poco después Barbarito Torres, el mejor intérprete de laúd de Hispanoamérica, todo un personaje de la música popular de la isla caribeña.
Si os digo la verdad, me acerqué a ver a la Orquesta Buenavista Social Club en la Plaza Mayor de Gijón porque en ella venía enrolado el gran guitarrista cubano Manuel Galbán, que los seguidores de World Circuit y Ry Cooder sabrán que participó en los discos de Ibrahim Ferrer y Cachaíto López para la citada marca.
Manuel Galbán también publicó en 2003 un disco soberbio llamado Mambo Sinuendo, en colaboración con Ry Cooder, una joya que quedó un tanto tapada por el éxito y la popularidad de las producciones del Club Social de Buena Vista hasta que en 2004 obtuvo el Grammy al mejor álbum de pop instrumental.
No me pareció que viniera Galbán en buena forma. Este abuelo de la guitarra permaneció todo el concierto sentado y apenas si pudimos disfrutar de su genio. Pero mereció la pena verle de pie y con sus notas disonantes dejarnos por un momento atontados.
Como orquesta cubana que se precie, este combo de catorce músicos, traía enrolado en sus filas a un montón de músicos de altísimo nivel, prueba de que la isla caribeña sigue siendo una gran escuela de talentos.
Además de los citados, conocimos a un joven pianista de jazz del que se hablará en el futuro llamado Rolando Luna, apodado Chocolatito, al contrabajista Pedro Pablo González, a un trombonista que ejerció de cantante y director de la banda, Jesús Aguaje Ramos, apodado El Niño, un percusionista enorme como Alberto Hernández Lanuit, o el clarinetista, trompetista y flautista, Raúl Nacianceno.
Y cómo no, no me olvido de los cantante Idania Valdés, que llamaban La Muñequita, y Carlos Calunga, que nos deleitaron con son, bolero, danzón, guajiras, cha cha cha y guagancos. De El rincón caliente, la primera de un recital que se prolongó más allá de los cien minutos, a El camino de la vereda, pasando por las archiconocidas El bodeguero y Chan chan, ésta en homenaje a Compay Segundo, con Barbarito como solista al laúd.
Y fuera de hora ya, nadie se movió hasta que la orquesta salió para ofrecer un bis. Entre otras, regalaron Dos gardenias, que popularizó otro cubano inmortal, Antonio Machín, que sirvió para sacar alguna lágrima a los más sensibles.
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Y yo por culpa de una fartura llegué un poco tarde y no había quien entrase en la plaza por ningún lado. Intentaré encontrar el documental, a ver que tal está.
King Mob, la verdad es que fue el concierto de la Plaza Mayor que más gente tuvo de este año. Y después la gente se pegaba en la parte de atrás por saludar a los músicos. un saludo
Si, sin contar el de Lou Marini que a pesar de la lluvia, seguía habiendo gente tanto en la plaza como sobretodo en los soportales, que no cabía un alma. No me esperaba tanta gente en este concierto. Por cierto, cuando veo las fotos de los conciertos por ejemplo de la Acapulco, son tuyas? Que siempre veo a la misma gente haciendo fotos, últimamente incluso bajo yo la mía para echar unas cuantas.
King Mob, las fotos son mías cuando las firmo abajo de la crónica con mi nombre. Pues ya me fijaré en quién hace fotos. un saludo