
Difícil papeleta la que tuvo el Teatro Jovellanos de Gijón al llevar su reputado Festival de Jazz de su platea al coso de El Bibio obligado por las obras de remodelación que se están llevando a cabo en su interior.
Más difícil lo tuvo que el primer día del programa cayera agua a jarros de un cielo que ni siquiera perdonó que un millar de fieles o no de Al Di Meola se dieran cita el pasado miércoles en la Plaza de Toros de la Villa de Jovellanos.
La cosa pareció aclararse el jueves con la presencia en el escenario de Roy Haynes Trío. Pero como las desgracias no venían solas ya se había anunciado que junto a este abuelo del jazz no iba a venir el siempre versátil y cálido Danilo Pérez, lesionado en una de sus extremidades inferiores.

El recambio del panameño fue el pianista David Kikoski, un secundario que pareció de primera división que los anales cuentan que ya había colaborado anteriormente con el maestro. Y la tercera pata del concierto fue John Patitucci, un contrabajista bien conocido por la afición que se ha formado y conformado como instrumentista a las órdenes del gran Chick Corea.
Y al frente de este trío Roy Haynes, un baterista cuyo currículo abruma por la cantidad de grandes del jazz, él también lo es, con los que ha tocado, grabado o girado. Por poner ejemplos y no cansar: el saxofonista Lester Young, el pianista Bud Powell, la cantante Sarah Vaughan, Dizzy Gillespie, Gary Burton, Thelonius Monk, Art Pepper y Sonny Rollins.
A sus ochenta y cuatro años y una forma envidiable (véanse las fotos de mi amigo Alberto Morante, las buenas son de él); para mí quisiera estar así a esa edad. Haynes no pareció una de esas momias que se resisten a retirarse, que hacen su presencia unos veinte minutos en el escenario y dejan a su banda hacer el resto. Noventa y pico minutos de poderío y sencillez fue lo que apreciamos los que estábamos sentados o de pie en la arena de Gijón.
Aquí lo que hubo fue jazz sin adulterar, una sesión de sabiduría, magisterio vivo de una leyenda que quizás no volvamos a ver nunca más por estos lares, del que nos quedamos con esa pegada certera, sencilla pero imaginativa, llevando el tempo en todo momento y dejando a sus compañeros que improvisaran y sacaran todo lo mejor de sus instrumentos.
La presentación de la banda fue una muestra de su genialidad. Dejando su asiento y cogiendo el micrófono para tocar luego su batería Yamaha desde la parte de adelante, una alarde de funk moviéndose con una cadencia que solo los músicos de color pueden hacer.
Primero derivó por los terrenos del blues como antaño hacían los jazzmen del bebop, un estilo que el practicó en su momento como el swing o el jazz fusión. Después se lanzó por la senda bop y latin, con un Patitucci excelente en su papel, imaginativo y versátil, y Kikoski estando a la altura de sus acompañantes.
‘Blues on the corner’, ‘It’s easy to remember’, ‘Trinkle, tinkle’, rememorando al mejor Monk, ‘Summer night’ o ‘My only and only love’ fueron algunas piezas de una velada que fue como una clase magistral de historia de los estilos jazzísticos en la que los jazzmen presents entre el público seguro que tomaron buena nota de que aquello se puede ver y escuchar muy pocas veces.
Wikipedia | Roy Haynes
Comentarios
Un grande, el señor Haynes! Me encantaría verle en directo.
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