
Es complicado que The Wave Pictures caigan mal a alguien. Porque su talento es contagioso, sin pretensiones, sin ambiciones promocionadas por los medios de comunicación y porque, ante todo, son honestos y trabajadores. Con la dinámica de álbum anual (desde 2008), girando continua y pródigamente por nuestro país, en algún momento se debería intentar discenir el prejuicio positivo del elogio merecido. Y ésta, la primera vez que los veía en directo – presentando su nuevo álbum, Long Black Cars -, se presentaba como la ocasión idónea.
Tras los conciertos del jueves en Barcelona y del viernes en Valencia (mañana lunes tocan en Madrid), a su llegada a Pontevedra, no sabemos si como excusa o como divertida anécdota, habían dejado claro que no había sido precisamente un buen día para ellos (Johnny había perdido su equipaje, y una resaca de tequila, una caída, y retrasos en los aeropuertos completaban el parte de daños). No obstante, eso no supuso ningún problema durante la actuación (se nota su resiliencia; son perros viejos), aunque quizá influyese en la duración del concierto (escasamente 80 minutos).
Indirectamente, la duración condiciona un repertorio que, en un grupo de sus características (prolíficos y experimentados, con multitud de rarezas y versiones a sus espaldas) se queda irremediablemente corto. A eso hay que sumarle que más de un tercio del concierto estuvo compuesto por temas de su nuevo disco, Long Black Cars, que distribuyeron principalmente en el primer tercio (’Never go home again‘, ‘Give me a second chance‘ o ‘Long black cars‘) y el último (’Seagulls‘, ‘Stay here & Take Care of the Chickens‘ o ‘Eskimo kiss‘) y que debido a su reciente publicación todavía no resultaban del todo familiares al público. También habría que sumarle la inevitable criba que deja fuera a muchos de sus hits (como sus primigenios y archiconocidos ‘I love you like a madman‘ o ‘Kiss me‘), y aumenta la euforia de los poquitos que suenan (’Just like a drummer‘ para abrir el concierto, o ‘Strange fruit or David‘).

¿Ha sido por ello un mal concierto? En absoluto. Instrumental, vocal y, por tanto, globalmente no hay nada que reprocharle. Enchufados, compactos, intensos y conectando con el público gracias al carisma de David Tattersall, compartiendo su camaradería con el resto de la sala, aportando la intensidad y su capacidad para expandir sus canciones respecto al sonido de los discos de estudio (más fieros o más íntimos según lo pidiesen las canciones) y justificando su buena reputación en directo. ¿Pero es eso suficiente?
No sé si será cuestión de mis altas expectativas, pero creo que habría que exigirle más que 1h20min. Que la sensación que dejase el concierto fuese de Estos tíos son muy buenos, pero ha sido un concierto rutinario, aún siendo lo propio de todos los grupos con giras extensas, quizá hace languidecer una propuesta en la que he echado en falta cierto empeño por conseguir, para al menos un asistente de los que conformaban una buena entrada (pero no completa) de la Sala Karma, un calificativo como “memorable”, que perdurase en su recuerdo.

Quizá sea algo a lo que únicamente se puede aspirar con grupos con más tirón o con menos fechas en nuestro país (algo similar a lo que pasa con The Pains Of Being Pure At Heart). Quizá me exceda en mi decepción, y resulte aceptable que esa normalidad y humildad que me agrada de su música y de su actitud como grupo sea el peaje que haya que aceptar por la continuidad, cantidad y calidad de sus álbumes, por su austeridad y su aroma de perdedores, de hacer que las pequeñas cosas que tienes en tu vida sean las importantes y no aquellas que probablemente nunca conseguirás.
En el fondo, los vaqueros desgastados que llevaba Dave resumen mi percepción del grupo: no es lo que más llama la atención en tu armario, quizá no te los pongas para ocasiones especiales (igual te los dejas únicamente para estar en casa los domingos recuperándote de la Imágenes | Koala, del concierto en Bilbao del mes pasado
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