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Yann Tiersen

El artista francés Yann Tiersen se ha ganado un lugar destacado en la escena internacional gracias a saber adaptar su estilo hacia el gran público. En disco logra crear una agradable melodía que escuchar de fondo y en directo logra adaptar las canciones a un ritmo más acelerado con una banda de grandes músicos. Pero en cambio, ayer hubo momentos en los que yo me aburrí.

Yann Tiersen volvía a Madrid tras haber estado hace apenas un año por estas mismas fechas porque sabía que el éxito iba a estar asegurado. Ayer el concierto se llenó, las colas para entrar eran de varios minutos en La Riviera, la sala de aforo medio reservada para los artistas más populares pero que no son capaces de dar el salto al vacío que supone el Palacio de Vistalegre o el Palacio de los Deportes (cosas absurdas de la capital, donde la oferta de salas es de locos). Y lo más importante: el público estaba en su mayor parte feliz y entusiasmado con lo que escuchaba.

Y es que en el concierto hubo de todo un poco. Fue una macedonia bien preparada para que los más rockeros tuviesen su versión de guitarras y los más poppies se dejasen embaucar por las emotivas melodías, sin dejar de lado los cada vez más tímidos riesgos que afronta el francés en cada tema, para aportar el toque “experimental” a unas canciones que en algunos momentos pueden estar incluidas sin problemas en el setlist de Mogwai o algún grupo de Post-Rock del estilo.

Yann Tiersen presentaba en Madrid su último álbum, Dust Lane (2010, Mute Records), el cual ya de por sí es uno más a su discografía, con grandes momentos de tedio que ayer en vivo fueron convertidos en una versión más dinámica para evitar dicho sentimiento. Las guitarras ganaron mucha presencia frente a las partes ambientales en las cuales se apoyan muchas de las canciones, que en vivo siguen apareciendo gracias a los sintetizadores pero que no tienen tanto valor.

Hablamos de un espectáculo para todos los públicos. Un espectáculo en el cual el violín pueda ser compatibilizado con las palmas dadas por el respetable que pierde esa condición cuando decide cargarse una canción intentando seguir un ritmo que por suerte va por delante de ellos y se desliza entre sus aplausos. Yann Tiersen es muy listo, seguro. Añade más Rock al directo y hasta Punk, con aproximaciones si cabe al sonido del cabaret con magníficos bajos y guitarras que saben muy bien dónde tienen que estar en el momento adecuado. Mientras, de fondo, para satisfacer todos los gustos, timbres agudos con un acabado más apacible.

Está el momento showman de demostración del dominio del violín en ‘Sur Le Fil’ cuando Yann Tiersen se queda en solitario en el escenario afrontando una versión más clásica, la cual en seguida romperá con la banda con temas del nuevo álbum como ‘Fuck Me’ o ‘Dark Stuff’, de los más acertados en cuanto a intensidad. Siempre la contraposición de sensaciones. Primero calma y luego impacto.

Hipersónica vota un 6Es en la mezcla de todas estas piezas donde el compositor francés triunfa de cara al gran público que lo ve como algo único, un recorrido maravilloso entre tantos estilos y momentos, cuando al fin y al cabo estamos ante el buen uso de los elementos populares del Pop y del Rock con una coartada cercana a la orquesta amante de las subidas bruscas y dramáticas, de los breaks en vertical sin previo aviso y un constante estado en el que el oído no percibe ningún sonido extraño, por lo que resulta agradable, pero que llega a ser poco motivante cuando uno piensa en ello. Son excelentes músicos pero jugando a desenredar la misma madeja todo el rato.

Foto | Zimbio (otro concierto)

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