
El único que faltaba era Ramoncín en la concentración de ayer. Claro está, tras el affaire con el canal en Youtube de El Jueves dijo que no iba a aparecer públicamente en estos eventos. Pues ayer, los telediarios le dieron sus minutos y en Internet los blogs echaban humo, los profesionales de la música, esto es, artistas, compositores, intérpretes, editores, tenderos, distribuidores, etcétera, se manifestaron delante el Ministerio de Industria en contra de la piratería en Internet.
“100.000 empleos son los que están en juego”, decía Loquillo. Quien también resaltaba que salvo unos pocos el resto eran artistas anónimos. Bueno, allí reconocí a Antonio Carmona (Ketama), Chenoa, Txus Di Fellatio, Luis Eduardo Aute, David de María, Rosario Flores, Merche…
“La música es cultura, la música es empleo”, era lo que ponían algunas pancartas. Lo primero que tenían que hacer los artistas y demás trabajadores de esta industria era protestar ante el Ministerio de Cultura, pues el IVA que grava la música es del 16%, mientras que los libros llevan el 4%.
Esa diferencia en el Impuesto del Valor Añadido se vería reflejada en el precio final de unos discos que, no nos engañemos, son caros y prohibitivos para el gran público. También deberían protestar ante las compañías de discos, los que manejan la industria, que en los últimos veinticinco años generaron millonarias sumas a costa del sufrido consumidor.
¿Nadie se acuerda de aquellas fiestas de promoción en las que no se escatimaba nada de nada? Entonces, no importaba llevar a los voceros de la prensa allá donde fuera, Miami, Oslo, Nueva York, con tal de que estuvieran de su parte.
Pero, a tenor de un artículo de Times Online, con datos referidos a Reino Unido de 2004 a 2008, extrapolables a cualquier país civilizado, se deduce que los artistas ganarán más que las discográficas en 2010.
Al final, quienes más sufrirán son los trabajadores de empresas de la industria, los que pivotan alrededor de las compañías de discos y los artistas, salvo los mánagers y las promotoras que antes, ahora y siempre llevarán las de ganar.
Se va a tener que reconvertir la industria de la música pero se han dado cuenta muy tarde. Las descargas llamadas ilegales van a seguir haciéndose por los sistemas que hay ahora o por otros nuevos, eso es impepinable. Ahora bien, ¿quién mató a la gallina de los huevos de oro?
Lo decía bien claro Julio Alonso ayer en su blog Merodeando: “antes sin música que sin libertad”. Como si fuéramos idiotas, el Gobierno de la nación ha introducido por arte de birlibirloque unas medidas que si se exigen van directamente contra el corazón de Internet y los que aquí nos movemos.
“Ni la música se muere ni el cine se muere”, escribía también Julio Alonso. Y me lo refrendaba ayer Servando Carballar, que de esto sabe un montón: “la industria y los músicos nos son lo mismo. Los músicos no estamos en peligro”. Pues eso.