
Nadie en su sano juicio entendería un viaje de 400 kilómetros para ver a un señor poner discos en un lugar lleno de gente, oscuro y atronador. Pero para nosotros, los locos de la electrónica, es algo totalmente normal y más aún tratándose de Laurent Garnier. Y si además le añades a Ricardo Villalobos, unos buenos residentes y una sala mítica, entonces el desplazamiento es obligado.
En efecto, las noches del sábado 6 y domingo 7 de Septiembre, Barraca celebraba su 43 aniversario. ¡43 años, que se dice pronto! Y Noctamina estuvo allí. Sin pensárnoslo dos veces, una representación madrileña partió hacia lo que son los rescoldos de la Ruta del Bakalao. ¿Rescoldos? No, llamaradas. ¡Y bien rojas y calentitas!

Sí, es cierto, causa impresión recorrer esas carreteras salpicadas de clubes. Algunos abandonados, otros transformados en discotecas de estilos diferentes… Pero hay algunos que se mantienen en perfecto estado de forma. Cerrando a horas prohibidas en el resto de España. Con unos sistemas de sonido escalofriantes. Con un ambientazo de fiesta digno de las mejores noches.
Hablamos de Barraca. La discoteca nos dio una impresión sobresaliente. Bien distribuida, buenas instalaciones, llenazo pero sin ser un agobio excesivo. Gente amable, y salvo excepciones, buena educación y respeto. Y algo fundamental, un sonido realmente espectacular. De hecho, en mi ciudad, Madrid, no tenemos ningún club que suene así de potente, ni de lejos.

En el público, se nota la diferencia. La discoteca estaba llena de valencianos, pero también muchos clubbers llegados del resto de España. Y quizás sea el carácter o la mentalidad diferente, pero el caso es que me llamó la atención, y mucho, la cantidad de gente maja, abierta a hablar contigo, sonriente, que me pude encontrar a lo largo de los dos días de fiesta.
Pero no todo iba a ser agradable. La organización, mal. Los horarios no se cumplieron. Se avisó de que Garnier pincharía 5 horas como mínimo y no fueron ni cuatro. Y Villalobos, vete tú a saber por qué motivos, cambió su set del sábado al domingo, cosa que trastocó los planes de muchos. Barraca bajó el precio del sábado a 15 euros, pero subió el del domingo a 25. ¡Mal! ¿Porqué tiene que pagar el clubber los platos rotos?

De todas formas no quiero destacar lo poco negativo del aniversario, porque realmente la fiesta fue sobresaliente. El sábado, noche de fiesta residentes y de cierre tardío. A Zip ni le vimos, pero entre Rafa Siles, Danny Fiddo y compañía, nos dejaron más que contentos. El cierre tardío (10 de la mañana) y el ambientazo de aniversario hicieron el resto. La música, eso sí, bien, pero ninguna maravilla, simplemente cumple su función.
El domingo ya fue otra cosa. Laurent Garnier, el hombre del rostro colorado, una leyenda vida del techno, se adueñaría de la zona principal durante cerca de 4 horas. Después de una intro escalofriante de trance volador y techno detroitiano, comenzó una sesión que definiría como perfecta. Nos sorprendió el hecho de que no fuera nada ecléctico, nada de drum´n bass, ni prácticamente nada de hits atemporales.

Garnier no se anduvo por las ramas. Sólo house y techno, pero marcando la diferencia. Contundente pero sin aburrir. Cañero y bailable pero no machacón. Deep, melodías, bombo, atmósferas, saxos y trompetas. Sonidos ácidos, old-school, y vuelta a la calidez… y otra vez Detroit, y techno, y baile, baile, baile y más baile. Brazos al cielo, The man with the red face, Crispy Bacon y un “Feliz aniversario, Barraca” con acento francés que a todos supo a gloria.
El momentazo de la noche
A Villalobos, en estas circunstancias de éxtasis total, no le concedimos ni cinco minutos. Y ya sabéis cómo es él, extravagancia, desfase, gotita, gotita, ruidito, click clack clock. Creo que el minimal ya no es para mí. ¡Viva la calidez y el groove del house y del techno de siempre!
Fotos | Vladimir
En Noctamina | Laurent Garnier, Aniversario Barraca
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