
Hace unos días, la cadena de televisión Cuatro emitió, dentro de su programa Callejeros, un reportaje sobre jóvenes y drogas en los aparcamientos de las discotecas. Si no lo visteis, os podréis imaginar fácilmente el perfil de los “protagonistas”. Descerebrados haciendo el cafre, diciendo tonterías y consumiendo todo tipo de sustancias.
No podemos ignorar la realidad. La droga está en nuestros clubes y festivales. Los jóvenes consumen. Pero estos repetitivos reportajes hacen daño al mundo de la noche. Por vendedores de morbo, creadores de alarmismo social y sensacionalistas a más no poder. No inventan nada, pero sí seleccionan cuidadosamente a quién grabar y a quién no.
Es más, se podría discutir sobre la moralidad de grabar y hacer hablar delante de los micrófonos a chavales que se encuentran en estado alterado de consciencia. ¿Accederían estas personas a salir en televisión de estar en pleno uso de sus facultades? Puede, pero seguro que entonces no daban tanto juego ante las cámaras como lo hacen cuando están drogados.
Extracto del programa Callejeros: Parada y droga
Aun así, tampoco tienen excusa. ¿Qué clase de gente se presta a participar en semejante circo televisivo? ¿Hemos llegado al todo vale con tal de tener un minuto de dudosa gloria en televisión? Como cliente y aficionado al mundillo del clubbing, me averguenzo de que se nos asocie al prototipo de fiestero y al concepto de ocio que se transmite en el documental.
Callejeros hurga en la herida de nuevo, una herida que ya está bastante abierta. No creo que ningún documental sensacionalista vaya a aportar nada nuevo, aparte de lo que ya todo el mundo sabe. Todo lo que sea informar objetivamente y prevenir los riesgos de las drogas, será positivo. Si lo que quieren, sin embargo, es grabar películas de terror, mejor que no se molesten.
Foto | Flickr
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