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pozuelo

Uno de mis primeros artículos en Noctamina trataba sobre las fiestas de los pueblos. En un tono desenfadado, reflexionaba cómo a nuestro colectivo no nos suelen gustar demasiado este tipo de saraos, pero sin embargo reincídiamos una y otra vez, porque en el fondo, tienen un magnetismo especial. Corre el alcohol, bailas canciones que ni sospechabas que te harían sonreír, conoces gente y no sabes cómo acabarás la noche.

Las fiestas de los pueblos dejan de ser divertidas cuando sucede lo mismo que el pasado sábado en Pozuelo, un pueblo de la periferia de Madrid. La jornada central de las celebraciones terminó con una batalla campal, con 10 policías heridos y 20 detenidos. Al más puro estilo de la kale borroka callejera.

Sobre las causas, se ha leído mucho en los medios de comunicación. No voy a entrar a valorarlo, ni alinearme con unas u otras opiniones, ya que no estuve allí para ver lo sucedido. Pero sí que he de decir que estos ambientes son, quizás, los más propicios para que se produzcan este tipo de peleas. Para que luego digan que si en los clubes hay drogas. Al menos no hay batallas campales (bueno, digamos que no es habitual)

Lo que sí me ha tocado un poco la fibra son las declaraciones del alcalde de Pozuelo, que echaba la culpa de los disturbios a los jóvenes de fuera del pueblo. Pozuelo es de los municipios más ricos de Madrid. ¿Y los ricos no se emborrachan y se pegan? Lo hacen tanto, o tan poco, como los pobres. Ni más ni menos.

Ahora se montará revuelo, se le echará la culpa al alcohol, a los chicos de clase baja que fueron a montarla a Pozuelo, y se re-prohibirá el botellón. No creo que la culpa sea de ninguna sustancia estupefaciente, sino de ciertos energúmenos que no saben vivir en sociedad. Porque yo, si me emborracho, no pego a nadie, ¿A que vosotros tampoco?

Foto y más información | El Mundo

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