
Después de mucho tiempo de espera, de semanas lluviosas, amaneceres nevados y cuerpos tapados, al fin ha llegado el verano a todos los rincones del país (o casi todos).
Aquí en el sur vamos con ventaja y desde hace algunas semanas (meses incluso) se ven los bañadores, las bermudas, las “falditas”, los escotes y quizás lo más llamativo, lo que delata que el verano ya está aquí: las chanclas.
Personalmente estoy muy acostumbrado al uso de este calzado en verano, vivo en plena costa y el calor aprieta demasiado en estas fechas, convirtiéndose en prácticamente el calzado principal.
Pero al salir de fiesta el asunto se divide un poco, ya sea por motivos personales o por la necesidad de entrar a algún club “delicado” y exigente.
Opino que este calzado veraniego es perfecto porque ofrece una transpiración a tu pie inmejorable, te permite descalzarte rápidamente en cualquier situación por el motivo que sea (ya sea acompañado o no), evita olores innecesarios, broncea y da descanso a tus castigados pies y lo más importante: es la esencia del verano.
La posibilidad de combinarlas con pantalones de lino, los clásicos ibicencos, todo tipo de bermudas, vaqueros, etc. son infinitas, por lo que prácticamente el 60% de la gente que ves en la calle a cualquier hora lleva chanclas, ya sean las semi-cerradas elegantes de piel de sitios como Springfield o las clásicas Reef playeras todoterreno (mis preferidas).

A nivel de “protocolo” y normas, opino que quizás las chanclas todoterreno no sean el calzado adecuado para determinadas ocasiones como comidas, cenas o incluso salidas nocturnas; razón por la que quizás se creó el “híbrido elegante” tan de moda estos últimos años y del que personalmente no soy partidario.
Ahora, cuando se sale de fiesta es cuando aparece la polémica. En las zonas de interior, quizás no sea tan común el uso de chanclas como en las costeras, donde vamos hasta el fin del mundo con ellas durante todo el verano (“chanclismo”) ya sea por comodidad, frescura o por lo más importante, que los clubes no suelen poner muchos inconvenientes al entrar con chanclas. Siendo esto último un problema por varios motivos.
Por un lado está la integridad de tus pies: pisotones, copas rotas, pérdida de chanclas o cortes pueden dar alguna que otra preocupación en cualquier momento de la noche, pero teniendo un poco de cuidado se pueden evitar estas circunstancias (a veces no).
Por otro lado, ya que tus preciados pies están durante todo el día expuestos a la suciedad y mugre que nos rodea, es muy común acabar con los pies muy un poquito negros, pero vamos, nada que no solucione un buen chorro de agua y jabón.
Aquí ya es cada cual quien decide hacer un uso parcial de las chanclas en verano evitando los problemas anteriormente citados; o uno íntegro asumiéndolos y disfrutando plenamente de ellas. Y vosotros, ¿qué elegís?.