
Este post más que un manual de búsqueda del amor verdadero pretende ser un manifiesto en defensa del mismo. Para eso lo primero que debo hacer es explicar mi concepto de este (tal vez no haya mucha gente que piense igual).
Tal vez sea demasiado onírico, pero mi concepto de amor verdadero poco dista del de las películas de Disney. Para mí el hecho de encontrar el amor verdadero es encontrar a una persona con la que sepas que pase lo que pase y pase quien pase, vas a querer estar con ella (y ella contigo). Una persona cuyas características sean 100% compatibles con las tuyas (aficiones, forma de pensar…) y que te aseguren que las discusiones y enfados van a ser mínimos.
Cuando se oyen consejos de pareja, es típico escuchar cosas como: Para que una relación funcione tenéis que ceder los dos. ¿Ceder? ¿de verdad para estar con otra persona tienes que sacrificar parte de tus libertades? Si es así, afirmo y confirmo lo que muchos ya sabían “I’ll die alone”. Pero como he dicho, mi visión utópica del amor, me hace pensar que todos tenemos a una persona con la que no tenemos que fingir, ni tenemos que ceder, con la que todos los engranajes encajan a la perfección, sólo es cuestión de buscarla.
Por supuesto, encontrar una persona así no es fácil, de hecho en mi percepción es tremendamente complicado. No recuerdo quien dijo que encontrar el amor verdadero es tan difícil como que te toque la lotería, pero seguro que era una persona inteligente.
Tomando esa frase como cierta y siguiendo con la metáfora intentaré explicar por que creo que hay tantos divorcios y parejas con corazones rotos. Una mañana te levantas y dices: “Quiero que me toque la lotería”, vas al estanco, compras un billete y al día siguiente al comprobarlo, te das cuenta que no está premiado. Estas una temporada comprándolos hasta que decides, que estás harto, entonces decides autoengañarte, y te quedas con el boleto, pensado que está premiado, pero sin llegar jamás a comprobarlo.

En la vida real no es tan fácil, puesto que la familia, el cine y la sociedad en general, nos ha impuesto la idea de que tenemos que vivir con un boleto en el bolsillo. Para rizar más el rizo, no solo te tiene que gustar a ti el boleto a la hora de comprarlo, sino que además, tu le tienes que gustar al boleto (esté premiado o no) para poder sacarlo del quiosco.
Todo esto hace que todos tengamos prisa por comprar uno, olvidándonos sin atrevernos después a verificar si era el premiado o no. Por si no ha quedado muy claro, el boleto es tu pareja (a la cual puedes querer con locura), y el boleto premiado es tu amor verdadero (sois 100% compatibles).
Así pues, un día te encuentras un boleto la calle (bar, supermercado, autobús…) el cual está premiado. Esto hace que nos deshagamos del “antiguo boleto” arrepintiéndonos de todo el tiempo que hemos creído que ese era el premiado y haciéndonos pensar que si nos podría haber tocado antes la lotería si no hubiéramos estado viviendo nuestro propio engaño.
Por supuesto, también puede pasar, que simplemente un día, por casualidad te enteres de que no estaba premiado o lo que es peor, que jamás llegues a darte cuenta, perdiendo así todas posibilidades de encontrarlo.
Siendo esta mi idea del amor verdadero, ¿cual es la mejor formar de encontrarlo? (también la más divertida), en efecto, comprando el mayor número de boletos posibles. Entonces ¿qué tiene de ilegítimo intentar encontrar el amor?.
Espero que no se note demasiado que he escrito este post para defenderme de los mails, comentarios y acusaciones directas (consecuencia de ponerme como nick mi nombre real), tachándome de misógino por escribir los post de El juego de la seducción.
Imágenes | Flickr
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect