
La caballerosidad que antaño se veía como algo indispensable a la hora de tratar con una dama, ahora está en peligro de extinción. Bien sea por unos nuevos valores de educación o por miedo del caballero a ser tachado de retrógrado e incluso de misógino. Sin embargo mantener una serie de pautas durante un cita, pueden hacerte marcar la diferencia.
Por supuesto esta actitud no la tienes que restringir solo a la cita, sino que si ves que “van contigo” te aconsejaría que las adoptaras como propias para el resto de tus días, lejos de parecer un tío chapado a la antigua, una mujer que verá como alguien educado, gentil y como no, caballeroso. A continuación van los gestos más comunes de un verdadero gentleman.
Deja que ella se siente primero
Antiguamente, lo correcto era retirar la silla para que la dama se sentase, esto ahora puede resultar excesivamente formal, incluso, dependiendo de quien sea nuestra acompañante puede hacernos quedar como unos pedantes. Sin embargo el esperar a que ella se siente antes de sentarte tú es obligatorio si quieres ser un verdadero caballero.
Puedes invitarla a hacerlo o simplemente esperar a que ella lo haga primero mientras tú te retiras las cosas de los bolsillos o vas a colgar los abrigos, por ejemplo.
Acompáñala a casa
Puede que esta sea la más importante de todas o al menos, la más versátil. A demás de “quedar como un caballero” (que dicho sea de paso, es lo que menos nos debería importar), el acompañar a una mujer hasta su casa, demuestra que ella nos importa y nos preocupa y por tanto su seguridad. Recordemos que para que una mujer se sienta atraída por nosotros lo primero que se tiene que sentir es segura.
Tampoco debemos olvidar que el acompañarla hasta su puerta puede resultar una magnífica ocasión para un primer beso o una invitación para subir a su casa. Aunque por supuesto, este no ha de ser el motivo por el que acompañarla.
Vigila tu lenguaje
De nada te va a servir lo demás, si no eres capaz de mantener una conversación sin incluir palabras malsonantes y vulgarismos. Hablar correctamente no implica utilizar un leguaje excesivamente formal o rebuscado. De hecho, no hay nada más ridículo que escuchar a alguien utilizar palabras incorrectas, para demostrar que “sabe hablar bien”.
Por supuesto, no deberás hablar en un tono excesivamente elevado (tampoco bajo), interrumpir al otro interlocutor, o reírte de las desgracias ajenas.
Teléfonos, no gracias
Durante una cita, no hay nada más importante que tu acompañante. El hecho de estar más pendiente de tu teléfono que de tu cita no te deja en muy buen lugar ya que es un claro símbolo de aburrimiento. Mucho menos el coger el teléfono y dejar a la otra persona en una situación realmente incómoda (seguro que todos la hemos sufrido alguna vez).
Lo ideal sería que no tuvieras que trasladases todas tus llamadas a otro momento pero si se hace imprescindible contestar, excúsate, vete a un sitio dónde no molestes y sé lo más fugaz posible en esa llamada.
Preséntala a los demás
La sensación cuando te encuentras con alguien y no presentas a la otra persona es similar a la de hablar por teléfono, pero en este caso ella no sólo se sentirá incómoda y aislada, sino que además pensará que no es lo suficientemente importante para ti como para que le conozcan tus amistades o familiares.
Con un: “Ella es mi amiga(compañera, novia…) X”, es más que suficiente. Aunque después no siga la conversación (tampoco tendrá mucho que decir) ella se sentirá más integrada, o al menos no completamente aislada.
Camina siempre por el exterior
Cuando caminéis uno al lado del otro, procura ir siempre por el exterior.
Antiguamente, era costumbre que el caballero caminara siempre por el lado exterior, para que de este modo, en caso del famoso “¡agua va!” fuera él el que recibiera “las aguas” mientras que ella quedaría protegida debajo de los balcones, así mismo, quedaría protegida del tráfico o de que un carruaje pisara un charco y manchara su adorable vestido.
Pese a que en la actualidad esto a perdido gran parte de utilidad, sigue considerándose un gesto muy caballeroso ya que ella en todo momento estará protegida entre la pared y tu propia persona. Además puedes “tirarte el pegote” contando esta misma historia.
Sacrifícate por su comodidad
Si notas que ella tiene frío, no dudes en ofrecerle tu chaqueta. Piensa que si en una cita, ella se ha puesto mucho escote, la espalda al aire, o un vestido que apenas tapa su cuerpo, lo ha hecho para gustarte a ti aún a riesgo de pasar frío durante toda la velada, así que lo mínimo que puedes hacer es ofrecerle tu chaqueta.
Además seguramente a ti no te supondrá demasiado esfuerzo, puesto que no solemos ir tan frescos como ellas.
A todos nos han enseñado desde pequeños a ofrecer nuestro asiento a personas mayores, enfermas o embarazadas (en definitiva, personas más débiles), así que si le vas a ceder tu asiento, hazlo con delicadeza y dejando muy claro que a ti no te importa quedarte de pie. No queremos que pienses que le consideras una persona débil.
Las puertas se abrirán a su paso
El más típico de todos. Deberías hacerlo con cualquier persona, siempre y cuando tú seas el primero en llegar a la puerta. En caso de ser “tu chica”, deberás esforzarte por ser el primero, ella se lo tomará como una muestra de respeto y caballerosidad.
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