
De entre todos los miedos que sufrimos tal vez sea el miedo al fracaso el miedo más extendido y universal entre los hombres. Como ya he comentado, de una manera fugaz, en diversas ocasiones, no solo es el más extendido, sino también el más nefasto para nuestras relaciones.
El miedo al fracaso es algo inherente a nosotros y que no solo afecta al tema de la seducción, sino que se extiende por todos los aspectos de nuestra vida y probablemente a todos nos habrá hecho perder más de una gran oportunidad, bien sea laboral o sentimental.
Lo primero que tenemos que aprender es que el fracaso es algo que siempre estará ahí. Pero es algo que lejos de hundirnos tiene que servirnos para que nos percatemos en lo que hemos fallado y aprender de ello. Charles Dickens decía: “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender” a lo que podríamos añadir, “como nunca lo vamos a saber todo, el fracaso siempre existirá”.
Es cierto que el fracaso no siempre será consecuencia de algo que hayamos hecho nosotros, en muchas ocasiones, nuestro existo frustrado se deberá a causas externas y sobre las que no tenemos control, en el caso de la seducción, por ejemplo: “Estoy comprometida”, “no eres mi tipo”, “soy lesbiana”, “lo siento, hoy no tengo un buen día”...
Por supuesto, dependiendo del lugar, la persona y el momento, podemos tomar estas respuestas de una u otra manera, pero esto es algo que no se puede explicar y en la solo tú podrás saber si es una respuesta sincera o no. Mentir con la boca es muy fácil, con los ojos, no. Pero tomemos todas estas respuestas como ciertas.
¿Por qué te vas a hundir?, ¿acaso es tu culpa? Tu sólo querías conocerla, si ella no está disponible para ti, sea cual sea el motivo, discúlpate y busca a otra persona. No empieces a desesperarte por algo sobre lo que no tienes control, sinceramente, no sirve de nada.

Pero los rechazos que verdaderamente duelen no son estos, a fin de cuentas esto es como si vas por una carretera y lees “Atención a 20 km. carretera cortada” y tu decides seguir avanzando por si acaso la han abierto, cuando pasen los 20 km y te encuentres con la carretera cortada no te frustrarás puesto que era lo más previsible.
Sin embargo imaginemos que no vemos ese cartel, al llegar al puente hundido y darnos cuenta de que hemos andado 20 km inútilmente nuestra frustración será considerable. Pero ¿qué a podido pasar? principalmente suele haber dos motivos. Que el puente se haya hundido mientras durante el trayecto o que fuéramos demasiado rápido como para ver las advertencias.
En este caso, lo mejor sería fijarnos bien de que realmente no había señales que nos advirtieran, si las hay, darnos la vuelta y buscar otro destino (chica).
En caso de que no las hubiera podríamos intentar, con paciencia buscar un camino alternativo que nos lleve a nuestro destino, incluso si logramos encontrar el motivo por el que se hundió, intentar arreglarlo. Calibrando siempre si te compensa el esfuerzo o si sería mejor cambiar de destino.
Pero lo que jamás debes hacer es coger carrerilla e intentar cruzar el puente a la desesperada ya que acabarás estrellándote de forma estrepitosa, ridícula y que lo más probable es que también acabe con todos los puentes que te llevaban a los destinos más cercanos.
Espero que con el símil de la carretera haya quedado claro, aunque por supuesto, en la vida real, todo es mucho más complejo y ni las señales son tan claras ni nunca estamos seguros al 100% de si el puente se ha hundido o todavía queda una parte en pie. Aquí una vez más lo que prima es la capacidad de observación.
Tal vez entendiendo esto, el fracaso sea más llevadero, de todos modos me reservo una segunda parte con unos “trucos” para perder ese inevitable miedo.
Cómo frase de despedida, pondré esta que dijo Gallardón ayer tras haber conocido que Madrid no albergaría los Juegos Olímpicos de 2016 (una vez más):
En la vida, el único fracaso es rendirse.
En Noctamina | Aceptando la derrota
En Noctamina | El juego de la seducción
Imágenes | Flickr I, II
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