El problema del alcohol en la adolescencia

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Una de las temáticas de Noctamina son las bebidas alcohólicas. Cócteles, recetas, consejos y también situaciones que se dan en las comidas, reuniones de amigos, bares o discotecas, en torno a los vinos, cervezas y licores. Prueba más que suficiente de que el alcohol está dentro de nuestra sociedad, totalmente aceptado, consumido por casi todos, regulada su venta y hasta gravado con impuestos estatales.

Por ello, no entiendo cómo es noticia ni sorprende el artículo que hoy publica El País. Según un reciente estudio, los jóvenes de entre 14 y 18 años cada vez beben más. Sin duda es un problema bastante grave: no es nuevo que el abuso del alcohol es dañino para la salud, y más aún si se consume en edades tan tempranas. Pero mi opinión va un poco más allá del típico “la juventud ya no es lo que era”, o “es que se ha relajado la moral”.

Estamos ante un problema global, un fallo del sistema completo. ¿Qué autoridad moral tiene un adulto que abusa del vinito en la comida o del gin-tonic de la sobremesa, en decirle a su hijo adolescente lo malo que es su consumo? Se habla mucho en contra de los jóvenes, pero sin embargo el mundo está lleno de adultos, sus padres, que no predican con el ejemplo.

Que beben en las comidas, y después cogen el coche y revientan los alcoholímetros en los controles policiales. Que trabajan con un cajarillo, o con dos cervezas encima, y que después llegan a casa y se extrañan de que sus hijos compren alcohol los fines de semana. El caso es que aceptamos socialmente una parte del problema (hasta el punto de no considerarlo como tal), pero nos escandalizamos de sus consecuencias nefastas en los jóvenes. Sorprendente, ¿no?

Y hablamos de adultos en general, pero las autoridades en particular, las mismas que censuran el consumo de drogas duras, rellenan las arcas del Estado con los impuestos de las drogas blandas. Aunque yo no soy partidario de que se distinga entre duras y blandas: todas son drogas, porque producen adicción. Como decía, los impuestos de las bebidas les vienen bien, pero no el botellón, que no es más que una respuesta social al alto precio de las mismas

Quizás sea tiempo de reflexionar más profundamente y no culpar a un adolescente de un problema que quizás lo están originando precisamente los mayores que lo critican. La educación es el camino, y la información en los colegios y sobre todo en las familias, una de las armas que tenemos para evitar estos abusos entre gente tan joven.

Foto | Flickr de Luisrull
Vía | El País

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