DyC 1

Whisky DyC, para gente sin complejos. ¿Cuántas noches de gloria y sobre todo mañanas de horroroso dolor de cabeza, le debemos a esta bebida tan española? En mi caso pocas, porque de (más) joven ya sufrí sus devastadores efectos y aprendí a controlar su consumo: en mi caso, consumo responsable es equivalente a no tocarlo ni siquiera en casos de extrema necesidad.

Lo que no sabía es que el segoviano DyC ya tiene 50 años de vida, y sobre todo, que esconde una curiosa historia detrás de su aparentemente inofensiva apariencia. Ayer, en el magazine dominical de El Mundo, se publicaba la apasionante historia del whisky que le hizo la competencia a los grandes clásicos escoceses.

Resulta que el iluminado que lo comercializó fue un segoviano de nombre Nicomedes García, hijo de bodegueros de toda la vida, estudioso de contabilidad, matemáticas y química.

Nicomedes era, además, un hombre espabilado y con una gran visión comercial. También es el padre de la famosa botella de Anís Castellana. Y, al margen de botellas, fue publicista (inventó el toro de Osborne que adorna nuestras autopistas) y empresario (fundó la empresa Auto Res)

Pero vayamos a lo que nos interesa. Resulta que en 1929, tenía un encargo para proporcionarle a un cliente gran cantidad de cerveza. Se le estropeó, ya que por error, la cerveza se tiró 3 años en barricas de roble. Nicomedes lo probó, y, ¡Oh, sorpresa! le gustó el resultado.

DyC 2

La idea le seguía rondando en la cabeza, y años después viajó a Escocia. Allí descubrió que las condiciones en Segovia no distaban mucho de las escocesas, y que probablemente pudiera conseguir un brebaje (perdón, whisky) que no se quedaría atrás a la hora de competir con los caros licores europeos, sobre todo por el precio.

Por aquellos tiempos era ilegal destilar alcohol de cereales, pero gracias a que Nicomedes tenía muchos contactos en la administración, en 1959 pudo fundar su empresa. El whisky DyC (o Destilerías y Crianza, el significado de sus siglas) salió al mercado con un precio que era 3 veces más económico que sus hermanos escoceses, lo que facilitó su éxito.

Fue en los 60 cuando se popularizó totalmente, gracias a que contaba con el apoyo de las administraciones, unas buenas campañas de marketing y una grandiosa distribución. Leemos en El Mundo que en estas fechas se popularizó su consumo en el castizo bar Chicote, en la Gran Vía madrileña.

Y desde entonces, hasta hoy, la empresa de Nicomedes ha cambiado de manos, pero nunca perdido su potencial en el sector. Actualmente es propiedad de una multinacional americana, y a su producto tradicional ha añadido el DyC 8 años, suponemos que algo más pasable que su original (yo no me atrevo a probarlo)

En fin, que nunca nos acostamos sin aprender algo nuevo. Resulta que DyC tiene una interesante historia detrás. ¿Quién nos lo iba a decir? Seguro que os ha acompañado en infinidad de botellones. Sigamos disfrutándolo… ¡mientras nos quede algo de hígado!

Vía | El Mundo

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