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A la mañana siguiente queremos aprovechar el día. La agenda es apretada. De día, nuestro diminuto coche de alquiler tendrá que verselas con una infernal pista de tierra para bajar hasta Punta Galera, uno de los secretos mejor guardados de Ibiza. Y por la noche, nuestro plan no da respiro.

Hay una fiesta en el Ushuaia Beach Club donde actúan Luciano y Raresh, y nos queremos pasar, simplemente para tomar algo en la playa y tantear el ambiente. La idea es marchar pronto hacia Privilege, donde la noche del miércoles es territorio de Mauro Picotto y de sus fiestas Meganite. El invitado es de excepción, Steve Rachmad.

Pero antes os tengo que contar uno de los descubrimientos del viaje.

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Punta Galera no es una playa en sí misma, sino una amplia zona rocosa, conformada a base de terrazas. Losas de piedra escalonadas, lisas y planas, a pie de mar. Es una zona muy hippy y principalmente nudista, bastante recóndita y tranquila, conocida sobre todo por los locales de la isla. Permite bañarse en una ensenada de precioso fondo marino, aguas cristalinas y magnífica para el buceo.

El ambiente es muy tranquilo. No hay chiringuitos, sólo dos señores alemanes de avanzada edad que venden latas de cerveza a 2 euros. ¡Se forran! Porque tomar allí un refresco a pie de mar, es un verdadero placer.

Y quizás el secreto que conserva el lugar virgen es lo complicado de su acceso. No hay señalización evidente, y el único cartel que hay está tachado adrede, supongo que para despistar. Debéis salir desde San Antonio hacia el Norte (por la estación de autobuses) y tomar el desvío de Cala Salada. Después, debéis volver a girar hacia la izquierda en el primer crice que encontréis. Siguiendo la carretera, llegaréis a este paraíso.

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Hay otro acceso de tierra. Nosotros pagamos la novatada y casi pagamos también el coche, estuvimos cerca de cargárnoslo. Pero salimos vivos, y mereció la pena. A las ocho de la tarde, estábamos de vuelta en el apartamento tratando de planificar la noche. Y he aquí el momento que he elegido para desmontar otro de los mitos que existen sobre Ibiza: las entradas de las discotecas son caras.

Supongamos que sois unos borrachos. Os quedáis bebiendo en el apartamento y a las 2 decidís que queréis salir. Os plantáis a las 3 en la puerta del garito elegido, sin entrada anticipada y sin la más remota idea de qué fiesta se celebra. Os cobrarán lo que les de la gana a los porteros, 40, 50 euros, lo que quieran.

Sin embargo, con un poco de previsión, ahorraréis, o incluso entraréis por la cara. Una pequeña búsqueda por Internet nos proporcionó el teléfono de un relaciones públicas de Ushuaia, que nos apuntó en lista para la fiesta de Luciano. En teoría, la entrada costaba 30 euros. Y un par de conocidos nos apuntaron en la lista gratuita de Meganite, fiesta que también valía 30 euros, 40 en puerta. ¡Ole!

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El Ushuaia, sin embargo, fue una decepción. Es una discoteca interesante, a pie de playa d’en Bossa, buen sonido, mucho lujo, buena decoración… Pero ni siquiera llegamos a entrar por la puerta, porque la fiesta estaba llenísima de gente, era muy fácil colarse al garito, y además la música se oía desde la misma playa. Así que unas cervezas del ultramarinos, un par de bailes rápidos y fuera de allí. Luciano estaba pinchando su habitual pachanga electrónica y no nos estaba gustando.

¡Rumbo a Privilege, World’s biggest club! Meganite no es de las fiestas que más llenan. Para que os hagáis una idea, la discoteca es gigante. Antiguamente, era un polideportivo. Caben 13.000 personas en tres zonas diferenciadas. La principal es enorme y tiene una piscina en el centro, donde se sitúa, suspendida, la cabina del Dj.

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La pista se adapta a la cantidad de público que asista a la fiesta, de manera que en la fiesta de Tiësto o en Supermartxé está a pleno rendimiento. En el Meganite de Mauro Picotto, sólo os encontraréis a unas 1500 personas, y la sala a medio gas. Otra de las zonas el Coco Loco, tiene unas vistas estupendas de media isla, acristalada y ajardinada. Estaba medio vacía.

Steve Rachmad hizo una sesión bastante aceptable. Es uno de los Djs clásicos del techno, que ha adaptado su sonido a las nuevas tendencias, pero sin renunciar a sus raíces. Nada de minimal, sino tech-house oscuro de bombos pesados, alternado con algunos temas más clásicos. Técnicamente muy bien.

Sin embargo, y perdonen las molestias, Mauro Picotto me pareció una basura. Mira que es un tío con solera, pero actualmente, su música no vale un pimiento. Sus sesiones son un popurrí de modas, desde temas techneros algo más animados, hasta la misma pachanga que le habíamos oído antes a Luciano, pasando por las canicas rodando y demás vicios del minimal moderno, ya se sabe.

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El ambiente de la fiesta es curioso. La mitad son lo que denominamos “perdidos”, es decir, gente que acude a Privilege sin tener ni idea de lo que hay allí esa noche, y la otra mitad la conforman italianos gustosos del ketaminimal y de sus ídolos (Meganite programa también a Marco Carola, entre otros Djs italianos), y además también bastante gente de la isla, ya que es una sesión, por lo general, de carteles serios y potentes.

No fue una fiesta demasiado divertida. Público poco entregado, mal sonido, música regulera, nada de ligoteos ni acercamientos al sexo opuesto y ninguna anécdota interesante que destacar. Así que a las 5 de la mañana abandonamos el barco, con un saldo francamente positivo en nuestras billeteras (no dejamos ni un duro en la sala) y esperando al día siguiente.

En Noctamina | Ibiza 2009, dia 1

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