Hoy necesitábamos descanso. Vaya si lo necesitábamos… Después de la noche anterior, con Chris Liebing y compañía en Space, había que dormir. Así que perdimos la mañana en el apartamento y durmiendo en la piscina. Pero no pensábamos dejar pasar las horas en Ibiza como si estuviéramos en cualquier otro sitio.
Esa noche nos habíamos encontrado inesperadamente con una fiesta bastante especial. Se celebraría una fiesta especial de Cocoon en Amnesia, rindiéndole homenaje a los principios de la cultura de clubes. We party like 1989, acid house, techno y mucho desenfreno.
Pero antes de la noche había muchas cosas que hacer Así que después de la siesta ponemos rumbo a Cala d’Hort, otra de las playas más especiales de la isla, para disfrutar de un buen baño y de otra puesta de sol.
Cala d’Hort se encuentra en el suroeste de Ibiza, justo enfrente del islote de Es Vedrá, una enorme mole de roca que, dicen, es uno de los puntos donde aflora el magnetismo del núcleo terrestre. Un lugar con cierto misticismo. La playa es pequeña y está bastante concurrida. Lo mejor es ir por la tarde, cuando los rayos de sol se retiran. Hay mucha menos gente, sigue haciendo calor y estaréis mucho más tranquilos.
La playa tiene forma de ensenada abierta al mar, cerrada por ambos extremos por acantilados. Hay un chiringuito que no es barato, así que ya sabéis, si tenéis hambre, prerararos unos sandwiches pasando por el supermercado (otra de las tácticas para que vuestra cuenta corriente no acabe en números rojos).
Con las últimas luces del día, damos un paseo. Tomamos varias fotos y disfrutamos de la puesta de sol con el ambient de Brian Eno. ¿Qué mejor disco que Music for Airports para despedir al sol hasta la mañana siguiente?
Y se hace de noche, y ya estamos liados otra vez. Como os dije, hoy hay una fiesta bastante interesante, que nos va a brindar la oportunidad de ver un concierto de Underworld y varias sesiones de artistas ya maduros en esto de la música (Sven Väth, C-Rock y Josh Wink) desempolvando sus maletas de hace veinte años.
La entrada nos costó 55 euros, y aquí sí que no hubo ni la más remota posibilidad de descuentos. Era una cita muy esperada en toda la isla. Hasta la policía nos esperó en la puerta de la discoteca, colocando en mitad de la autovía un controlazo anti-droga con perros, armas automáticas y furgones blindados, que ni en el Bronx. Ese día, además de Cocoon, era el turno de Supermartxé, así que había mucho tráfico.
Cuando conseguimos entrar a la sala, nos dirigimos rápidamente a la terraza, donde iba a empezar el concierto de Underworld. Fue una auténtica pasada.

Se curraron un montaje espectacular: pantallas, iluminación… El grupo actuó totalmente entregado, regalándonos sus mayores éxitos atemporales. Sonaron Dark & Long, Two Months Off, Born Slippy...
Un auténtico conciertazo que nos hizo alegrarnos de haber asistido a esta fiesta. Un grupo musical mítico, las mejores canciones electrónicas de la historia, el público pasándoselo en grande, dos horas de duración, ¿alguien da más?
Born Slippy: perdón por el sonido…¡hice lo que pude!
Una lástima que terminara el concierto. Con Sven Väth a los platos, no disfrutamos demasiado. Para empezar, porque a nosotros, el acid house como que ni nos va ni nos viene. Hubo momentos divertidos, pero en general la sesión fue muy aburrida. Sobre todo porque la hora final, Sven empezó a poner música actual.
Con la maleta que debe de tener este hombre, y lo bueno que es cuando quiere, pero cuando se lía a colocar temas sosos y repetitivos no hay por dónde cogerlo. Encima, parece que este año en Cocoon están de moda varias canciones infames. Entre ellas una espantosa remezcla -keta-minimalosa de un fado portugués. Reboot – Caminando. Causa sensación, pero a mí me parece una basura espantosa.

Además, si algo caracteriza al público de Cocoon es que es el más clubber de la isla. ¿Qué significia eso? Veréis poco postureo, casi nada de ligoteo (sobre todo en la terraza) y mucho, mucho desfase. Tanto, que a veces agota física y mentalmente. Las últimas horas de la fiesta, entre la escasa contundencia de la música (un TOSTÓN) y el exagerado desfase del respetable, se nos hicieron muy largas.
A las siete de la mañana, ya de día, se acaba la sesión. ¡Ale! a coger el coche y a casa… ¿a casa, o a otro sitio?
Fotos y vídeo | Vladimir
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