
Con casi una semana de retraso, hoy toca contaros qué tal estuvo la última parada del tren, el colofón a un fin de semana inmejorable de música y fiesta en Madrid. Si el día anterior Sasha y Cattaneo triunfaron en Fabrik, hoy tocaba madrugar, porque John Digweed nunca falla.
Esperábamos la mañana del domingo como agua caída del cielo, a sabiendas de que merecería la pena dormir 3 horitas y el madrugón. El Dj británico, Digweed, un veterano a los platos y para muchos inventor del progressive house, pinchaba en el matinal Space of Sound (31-Mayo-09) a las dos y media de la tarde. Así que cogimos los bártulos y allí que nos plantamos.
Tras coger fuerzas en las inmediaciones de la estación de Chamartín, subimos a la sala con el tiempo pegado al culo, y accedimos a las catacumbas justo a tiempo. Fue entrar por la puerta, pararse la música y ver, allá arriba, al maestro inglés colocar el primer disco sobre los reproductores.
La sala presentaba un magnífico aspecto. Bueno, quizás a los dueños no les gustara tanto, pero el caso es que allí sólo nos dábamos cita losfanáticos del inglés. Y es que hay que ser bastante gruppie para levantarse temprano, enchufarse un café y salir a bailar. Lo dicho, la sala a medio gas, pero la pista llena de clubbers ávidos de escuchar a John.
Lo dicho, no mucha gente, fresquito y espacio para bailar. La entrada gratuita había animado a muchos a acudir temprano, pero no a todos. Eso sí, nunca nos cansaremos de bailar en Macumba. Para los que no la conozcáis, para mí, es la sala perfecta. Espaciosa, con fisionomía de club, nada hortera ni recargada, una iluminación excelente y el mejor sonido de Madrid.
El caso es que las tres horas que Digweed pasaría en la cabina se nos hicieron cortas, muy cortas. Comenzó suave, exprimiendo el equipo de sonido al máximo. 125 bpms, no más. House oscuro, rítmico, contundente, bajos pesados. Entendiendo la sesión como una pieza artística de tres horas, y no como una sucesión de canciones. Y la gente respondía, con vítores y bailes: pocas veces he visto Space tan entregado.
La segunda hora de Digweed fue intensa, cada vez más dura. Aguantando las mezclas, ecualizando como un maestro: imposible distinguir cuándo acaba un tema y comienza el siguiente. Los graves rebotaban en el pecho y nuestra mente se introducía en un túnel de sonidos... de verdad, no es broma: impresionante cómo una música (el progressive house oscuro y abstracto que abandera el inglés) puede conseguir un efecto de tal magnitud.
La velocidad iba in crescendo, house, house y más house. Voces de ultratumba, sonidos de película, subidas interminables pero sin recurrir a los fáciles redobles. Y sin darnos cuenta ya estamos en la última hora, cada vez más cerca del techno pero sin subir apenas la velocidad y sin perder su seña de identidad, el proggy. Con la sensación de que estábamos, yo que sé, en algún club mítico del Londres o Nueva York de hace diez años.
¿Miramos el reloj? ¡Las cinco y media! se acabó. John Digweed, tradicionalmente un tío serio que no sonríe ni baila cuando está trabajando, impresionado con el público, hace fotos, graba vídeos, nos aplaude y nos sonríe. Y deja caer la última bomba, el Lamur de Henry Saiz, el mismo disco con el que terminó Sasha el día anterior. ¡Nos sabe a gloria!
Termina la sesión, y media sala abandona el barco. Todavía quedaban más de cinco horas de Space, pero ya no nos interesa. Fuera, el calor de junio, los rayos de sol, y mucha gente, que quiere acceder ahora a la sala, ajenos a lo que acabamos de vivir trescientos afortunados. Ellos no entienden porqué nos marchamos tan pronto, ni nosotros porqué ellos se han perdido al maestro John Digweed. Pero todos felices, ¿Porqué no? Sólo podemos desear que se repita pronto. ¡Gracias John!
Fotos | Vladimir
Web oficial | John Digweed, Space of sound