
Vamos con la crónica del festival más mediático de todos los que se celebran en Madrid. La quinta edición del Klubbers Day, este año de tres días de duración, ha tenido, en general, un balance de público y crítica positivo. Aunque los más especialistas critiquemos la poca variedad y originalidad del cartel, lo cierto es que siempre es efectista y sirve para lo que el 95% de la gente busca, que es bailar y pasárselo bien. Y, otro año más, Klubbers lo consiguió.
Y es que, el fondo, el Klubbers Day es sólo un festival más. Como ya hemos analizado muchas veces, pocas cosas ofrece que sean inéditas en Madrid. Los cabezas de cartel nos los sabemos como el Padrenuestro. El recinto es nuestro fiestódromo más conocido. Y el ambiente es, más o menos, el mismo que cualquier sábado en algunos garitos de la ciudad. Pero sin embargo, ningún año puedo dejar de ir.
Quizás sea una razón más sentimental que otra cosa. Y es que Klubbers, a pesar de las críticas, ofrece todo lo mejor de un festival internacional, en mi ciudad, a dos pasos de mi casa.

Así que nos fijamos el viernes 19 de Marzo, como el primer día para conocer lo que FSM había preparado este año en el Telefónica Madrid Arena de Madrid. Son buenos, muy buenos con los montajes, las luces, los visuales e incluso el sonido. Este año había cinco zonas musicales diferentes, y la principal, el pabellón Madrid Arena en sí mismo, impresionaba. Increíble sistema de iluminación, láseres y pantallas. El sonido ya era otro cantar: en algunas zonas muy bien, en otras, sólo regular.
Por no ir el jueves, nos perdimos a Armin van Buuren y compañía, pero los cabezas de cartel nos daban bastante igual. El viernes, pasamos la mayor parte del rato en la zona Bassment, un sotanillo oscuro y acogedor, que iba a representar esta noche a la ciudad de Berlín. Los mejores ratos y la mejor música del festival estuvo aquí. Techno made in Berghain, tech-house alemán, sonidos oscuros, envolventes y agobiantes... de la mano de Oliver Koletzki, Woody y sobre Ben Clock.

La verdad es que la Bassment es como un club, pero en el medio de un festival. La zona está muy bien equipada con visuales y sonido, y además este año la organización del Klubbers había montado una pista de baile, elevada unos 20 cms con respecto a nivel del suelo, para fomentar la ¿Sostenibilidad de la fiesta? Servía para generar energía con los bailes de los clubbers que allí nos concregamos. Klubbers Green, lo llamaban. Efectivamente allí estábamos todos concienciadísimos, cuanto menos.
Bueno, y en algunos momentos de la noche, también sirvió para poner nuestros pies a salvo de la inundación. Se estropeó uno de los servicios, y todo el agua vino a parar alrededor de los pocos que andábamos allí sobre las 4 de la mañana. Una imagen, cuanto menos esperpéntica, el ver una pista encenagada, empleados de la organización con maquinaria, cubos y fregonas tratando de secarla, y mientras tanto, como en una realidad paralela… Woody y unas cuantas decenas de clubbers bailando como si el mundo se acabara.
Oliver Koletzki sacó lo mejor de sí mismo. Fueron dos horas de tech-house del bueno, bailongo, sin un sólo descanso. Pero Ben Klock desarrolló un sonido que él y unos pocos privilegiados más sólo saben sacar en sus sesiones. Sin subidones o redobles. La intensidad de la música que desarrolló fue impresionante, simplemente por la oscuridad, los bombos martilleantes... Berghain techno lo llaman: pocos BPMs pero mucha contundencia. Para explicarlo mejor, sería un concepto de techno frontalmente opuesto a lo que representa el archiconocido tema Manipulated de Ben Sims, por ejemplo. Aquí abajo tenéis a Ben, que encima el cabrón está bueno y todo….

El torbellino de Ben Klock, Woody y Koletzki apenas nos dejó tiempo para pasear por el resto de zonas del festival. A modo de testimonio, tuvimos tiempo de pasarnos por el pabellón Satélite, donde había programada una noche Tresor, con Oscar Mulero a la cabeza. Durante su sesión, había tal cantidad de gente que apenas pasé de la puerta. Pero más tarde, Surgeon diseccionaba las raíces del techno y del dubstep para algunos privilegiados.
También pasamos a ver a Digital 21 en la cafetería, zona dedicada a los Djs y colectivos nacionales. Fuerza arrolladora y electro ruidoso y festivo el de este madrileño punky. Por último, hicimos la ronda completa en el Arena Club. Es impresionante la capacidad que tiene la organización de encajar un escenario bastante solvente en cualquier rinconcito, ensanchamiento de un pasillo o mínima estancia con espacio suficiente. Aquí estaba Dj Murphy repartiendo minimal techno a la muchachada enfervorizada. Exito total el de Murphy.
El cierre, a las siete y cuarto de la mañana, lo hicimos con Umek. En nuestras incursiones desde la Bassment a la zona principal, pudimos comprobar el escasísimo nivel de las actuaciones de esta zona el viernes. Casi que prefiero no criticar a Dubfire y compañía. Sin embargo, Umek, aunque lejos de lo que se le presupone por su bagaje e historial, al menos fue muy efectista, metiendo música que, sin llegarnos a nadie al alma, sí que sirvió para poner un cierre animado y festivo al viernes.
No pensábamos acercarnos el sábado, pero tengo amistades muy cocooneras, y finalmente fuimos a ver a Egbert, Ilario ALicante y las famosas 4 horas de Sven Vath. Tampoco me voy a detener mucho en los pormenores de la sesión, que transcurrió por los senderos habituales del germano, numerito final incluido. Mirarle, aquí le tenéis, gozando de una espectacular ovación, y subiendo su ego como la espuma.

¿Comclusiones? Para empezar, reiterar lo que se observa en nuestro país en los últimos tiempos. La electrónica sigue de moda. El festival hizo unos buenos números de asistencia. Además, el público cada vez se hace más homogéneo. Y me explico:mientras que antes, en las fiestas de electrónica el público estaba claramente diferenciado por tipos de gente (llamarles tribus si queréis), ahora el clubber típico español es una persona más o menos normal, sin aspecto estrambótico, y sale de fiesta techno más que antes, pero sin embargo no le apasiona lo que ve y lo que escucha.
Esto ha traído una consecuencia inmediata, y es el impresionante aumento del porcentaje de mujeres en este tipo de eventos. Algunas más pijas, otras más horterillas o alternativas, y la inmensa mayoría directamente normales. Pero donde antes todo eran sudorosos torsos malolientes, ahora podemos percibir agradables perfumes y bastante belleza. ¡Chicas, bienvenidas al mundo clubber!
Organizativamente, FSM ya ha montado muchísimos festivales aquí, y eso se nota. Buena nota general. Precios de los cubatas, abusivos, como siempre. Buen montaje y regular sonido (dependiendo de zonas). Sobre el cartel ya lo analizamos todo en el pasado, pero se echa de menos algo de variedad, riesgo o experimentación.

Pero bueno, al final, ¿No es pura y simple diversión lo que busca la inmensa mayoría? Yo mismo, que me considero un gran aficionado a la música, soy el primero que, como veis en las fotos, acaba de mañaneo a la orilla del lago de la Casa de Campo. Como todos. Vamos, que al final hay que saber diferenciar entre un concierto en la Casa Encendida, una gran sesión en un buen club, o el LEV Festival…. de la fiesta más buenrollista, desfasada y libre de profundidades de espíritu y alma. Así que al Klubbers le pondremos buena nota, digamos que un siete, y esperaremos a la próxima edición: esperemos no hacernos más mayores todavía para entonces.
Fotos | Vladimir
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