Si hay un club que representa el salto de lo underground al planeta del mainstream, es el Low (Pza. de los Mostenses 11, Madrid). Esta sala madrileña comenzó su andadura hace ya cinco años con una programación que conjugaba los mejores conciertos de pop/rock independiente con las visitas de djs electrónicos de primer nivel.
Hoy en día, la sala está siempre a rebosar de un publico que difiere bastante del que la visitaba en sus orígenes. Ser indie está de moda, la electrónica ha llegado a las masas, y los jóvenes –recalco: cada vez más jóvenes- también quieren divertirse.
Este editor echa un poco de menos el ambiente de antaño, pero aun así el pasado 5 de septiembre asistió al quinto aniversario del Low con Tiefschwarz a los platos. La sala en su conjunto es de mis favoritas: plena cultura de club al lado de la Gran Vía de Madrid.
Para los que no lo conozcáis, el local donde tiene lugar la sesión es totalmente oscuro y underground: poca luz, paredes negras, techos bajos, un sonido más que aceptable y público muy variopinto. Además, tiene dos ambientes diferentes, la sala principal y la Pop Room, bastante más pequeña pero siempre a reventar de gente.
El día del aniversario y en previsión de colas, entramos pronto y nos tomamos la primera en el Pop Room, donde sonaban hits ochenteros y bizarros del pop español e internacional. Desde Abba hasta Almodóvar y McNamara, todo tiene cabida. A eso de las tres de la mañana, los hermanos Ali y Basti Schwarz (Tiefschwarz) comenzaban su recital.
Los alemanes, en el mundo profesional desde hace unos 10 años, siempre han apostado por el house en su vertiente más vanguardista, no cerrándose a las corrientes de cada momento (electro, minimal…) Su sesión en el Low siguió una línea de house rompedor e innovador como pocos, como reflejan últimamente sus producciones:
En Madrid, tiraron de un material mucho más oscuro, a ratos house, a ratos minimal, donde primaban los beats sobre el resto de los elementos sonoros. Pocos vocales, poca melodía, quizás la sesión pecó de lineal. Lineal, pero con un sonido tan elegante, puro y bailable, que la noche se paso rápidamente.
Aplausos, bailes, gritos, ovaciones… eran muchos los incondicionales de la pareja alemana. A las 6 y cuarto de la mañana, los hermanos Ali y Basti pusieron punto y final a una excelente noche que constató que aunque los tiempos cambien, hay clubes que se mantienen frescos como el primer día.
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