
Anda últimamente el patio calentito con el tema de la piratería. Como los hechos ya los sabemos todos, voy a ir directamente al grano. Parece que a la industria de las discográficas se le está acabando el chollo. Las compras de CDs se reducen y muchos artistas rancios y anclados en el pasado se resisten a dejar de ganarse la vida sin hacer nada.
Defienden sus lentejas, vaya, pero es que aquí todos trabajamos duro para cobrar a fin de mes. Muchos músicos pretenden vivir de las rentas de los primeros discos de su carrera. ¿Es ése el camino? Evidentemente no, la tecnología avanza y los usuarios no somos tontos. ¿Pagaríais por algo que podéis obtener gratis?
La semana pasada, nuestros compañeros de Hipersónica hacían un buen análisis de la situación. Hoy, yo he querido comentar, siempre desde mi punto de vista, en qué afectan estos grandes cambios en la industria de la electrónica y el Djing.
Dejando a la SGAE y a Ramoncín aparte, yo pienso que al mundo del clubbing estas sacudidas le afectan poco, o muy poco. Son mayoría los Djs y productores que no viven de los royalties sino de sus bolos y sesiones por todo el mundo. La música electrónica ha sido pionera en lanzar diversos métodos de cobrar por las descargas de música de una forma legal.
Bueno, quizás no pionera, pero sí exitosa: por ejemplo, hoy en día, Beatport es una web de referencia en todo el mundo. La gente paga por descargarse música en diversas plataformas, ya sea tiendas online o webs de los propios sellos discográficos. Quizás, parte de este éxito se deba al carácter y la manera de ser del cliente prototipo, o tarjet comercial, de la venta de música.
Gente joven, que se adapta a los cambios, con una afición muy sentida. Que ama a sus artistas (y también la fiesta propiamente dicha) y paga entradas de conciertos, clubes y festivales. Que no duda en adquirir un buen CDmix, si ofrece algo diferente o de mayor calidad que lo que puede encontrar en la red. Y que valora el hecho de pagar por algo que tenga su valor.
¿Pruebas de lo que digo? Las ventas de vinilo, aunque residuales, siguen manteniendo un mercado fiel, a pesar de los agoreros que le vaticinaban un oscuro futuro. La asistencia a festivales, creciendo. Los clubes, llenos. Y los artistas que lo merecen, recorriendo el mundo, cobrando por su buen trabajo.
Quizás el mundo de la música pop/rock/latina/comercial (ojo, no quiero generalizar ni mucho menos) debiera aprender de nuestro mundillo, sus artistas y su público, mucho más flexible a los cambios que ellos mismos.
Vía | Hipersónica
En Noctamina | Chimo Bayo, en contra de la piratería
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