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saloufest

Ya ha pasado la tormenta mediática desencadenada por el Saloufest, un evento que esta semana santa ha tenido casi más bombo televisivo que las procesiones. ¿Habéis estado de vacaciones (como nosotros, me temo) y no os habéis enterado?

Pues resulta que estos días pasados, una horda de universitarios ingleses ha inundado la localidad catalana de Salou. Al parecer, el evento venía promocionado por una agencia de viajes británica de una manera, digamos, poco convencional. Se ofrecía una programación deportiva por el día y mucho desfase por la noche. Vamos, que se vendía el gamberrismo, el alcoholismo o el sexo como actividades especialmente fáciles de desarrollar en Salou. Los que hemos estado en contacto con los medios de comunicación, llevamos días oyendo aquello del sexo frenético en un ascensor con un umpa-lumpa, beber en un zapato o huir de los guardias de seguridad.

Al final, llegaron 9000 británicos, armaron mucho revuelo y se fueron por donde habían venido. Lo que queda, aparte de una denuncia por violación, muy poco deporte y bastantes destrozos, son unos cuantos euros para los hosteleros de la zona, y una sensación de que nuestro querido país se promociona de una manera lamentable en el extranjero, y especialmente nuestro ocio nocturno.

Son universitarios, no hooligans, rezaba un político de Salou, quitándole importancia al evento. Cuando oigo esta tontería, me saltan las alarmas. Da igual la procedencia del público, que si seguimos promoviendo el turismo basura, nuestro país sólo será reconocido como el paraíso del desfase barato y las juergas sin control. Eso nos dejará algo de dinero a corto plazo, e inseguridad ciudadana, degradación y ruina de un negocio que, a la larga, no se sostiene.

Ya hay varios destinos en España que se han convertido en paraísos del turismo de ocio de este tipo. Playa de las Américas, en Tenerife, el archiconocido Benidorm, el mismo Salou, y hasta nuestra querida Ibiza, que lleva el mismo camino. En España tenemos turismo nocturno de muchísima calidad, festivales que son un punto de referencia en todo el mundo, playas de belleza incomparable, pero sin embargo hay lugares que se venden al mejor postor, sin mirar más allá de sus narices.

¿Qué queremos? ¿Más sónares, o otro Saloufest en cada pueblo? Os dejamos un enlace muy interesante a un blog que analiza este fenómeno más profundamente. Y bueno, quizás algún día, los políticos y organismos responsables de promocionarnos se den cuenta de que esto es pan (y no mucho) para hoy, y hambre para mañana.

Más información | Saloufest

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