Superstar DJs ¿Tienen fecha de caducidad?

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Fatboy Slim

Volvemos a la carga después de un merecido y castizo descanso vacacional, y lo hacemos analizando en profundidad un artículo que ha aparecido en la prensa generalista (El País) sobre el fenómeno Dj y su evolución a lo largo de los años.

El artículo está escrito, sobre todo, centrándose en temas económicos. Asegura que la explosión de los Djs como superestrellas que cobran salarios astronómicos, casi de futbolistas, y que reúnen a miles y miles de personas alrededor de los clubes y festivales que organizan, ha terminado. El modelo de funcionamiento ha cambiado, quizás como fruto de la madurez de la escena.

¿Estamos de acuerdo con esta aseveración? Mucho me temo que no del todo.

El artículo (que como siempre, está enlazado al final de este post) peca quizás de sensacionalismo. El mismo encabezamiento del titular generaliza bastante el fenómeno:

Los super-dj’s, el gran fenómeno de la cultura pop de los noventa, fueron engullidos por la codicia, las drogas y los sonidos prefabricados. Una década después, pinchadiscos y clubes aprenden a sobrevivir sin cachés astronómicos ni coartadas revolucionarias. Ni nada que sea súper.

Desde luego, en España, hasta este mismo verano, esto no es así. Todo el mundillo clubber sabe perfectamente que aquí se está pagando a muchos Djs y grupos dos e incluso tres veces el caché que cobran por pinchar en otros países. La competencia exagerada entre nuestros clubes y festivales lo ha hecho posible.

Es posible que este verano los cachés se rebajen un poco, ya que muchos festivales efímeros y mal organizados han muerto a las pocas ediciones de inaugurarse, pero de ahí a decir que vamos a volver a pequeños clubes, hay un mundo. En nuestro país, el boom acaba de empezar. Y las armas por contratar a los mejores están en todo lo alto.

¿Un buen ejemplo? John Digweed ha sido arrebatado del cartel de la reapertura de Family Club por otra promotora madrileña, que lo ha fichado para Space of Sound. El mismo Digweed dice en el artículo, que la caída tampoco es para tanto… supongo que a él las cosas le siguen yendo de maravilla.

Quizás en Gran Bretaña la escena se haya desinflado un poco (no mucho) en favor de Asia y sobre todo Sudamérica, donde cada vez se celebran más grandes eventos de masas. Pero el Superstar DJ existe, y seguirá existiendo durante muchísimos años más. Al menos en nuestro país.

El artículo habla de cifras astronómicas: 1 millón de euros por Paul Oakenfold y cerca de 300.000 euros por Pete Tong o el mismo Fatboy Slim. Datos distorsionados y sensacionalistas (lo que no significa que no sean ciertos. Como distorsionado está el millón de personas que El País asegura que se dieron cita en la famosa fiesta de la playa de Brighton con Fatboy Slim al mando. En realidad, fueron sólo 300.000, algo menos de la tercera parte.

Puede que no le falte razón al artículo, pero enfocado a la escena británica. En nuestro país estamos en plena explosión. Cada vez más gente se aficiona a la electrónica, quizás no como cultura, pero sí como forma de divertirse. Y de la diversión al interés por saber más hay muy poca diferencia: de eso, así empezamos todos.

El director de Monegros, sobre los cachés de los Djs, dice:

Hemos intentado mantenernos en niveles razonables y, aunque se han pagado cantidades importantes por artistas de primer nivel, nunca nada fuera de mercado, como sí ha ocurrido en estos últimos años en España

Sabias palabras. Sin duda, el camino a seguir, si un festival pretende mantenerse en el tiempo y ofertar una propuesta de calidad. Aunque un nivel razonable…¿Cuánto es? Tiësto, Armin Van Buuren, el booking de Cocoon, los mismos Sasha o John Digweed, etcétera, sobrepasan fácilmente los 20.000 euros. Y con la cantidad de gente que mueve un Richie Hawtin o un Sven Vath, ¿Acaso no vale la pena?

El Boom está aquí, señores, y quedan super-festivales para rato. Otro promotor, en este caso ibicenco, declara que

La marcha de muchos ingleses ha dejado espacio para propuestas más underground y menos masivas. Los holandeses del trance quizá mantengan el caché de 50.000 euros la noche y actúen en lugares enormes, pero lo cierto es que se va hacia una racionalización de los tamaños. El superclub es algo ya casi del pasado.

No es racional un club de 10.000 personas, pero existen y se llenan. En Madrid, cada vez hay más propuestas así, y están a reventar. Los precios suben y suben sin parar, y la gente sigue acudiendo en masa. Al menos en la ciudad que conozco, que creo que es suficientemente representativa: una población de 4 millones de personas y la moda de la electrónica vigente es suficiente como para abarrotar Klubbers, Goas, Sumermartxés, IDMs y todo lo que se propongan organizar.

¿La vuelta al underground? Me encantaría. Clubes pequeños, bien acondicionados y con buenos soundsystems. Djs menos conocidos, fieles a su público, residentes de calidad. Invitados menos mediáticos pero que se abren paso, sin ese aire de estrellitas, cercanos y serios en su propuesta musical. Ojalá, pero aún está demasiado lejos.

Nosotros, los clientes, los que gastamos nuestros euros en las discotecas, somos los que tenemos el poder. Apoyando, es decir, acudiendo, a unas u otras propuestas, podemos indicarle a la industria el modelo por el que deben apostar. Pero es cuestión de tiempo, y sobre todo de cultura nocturna e incluso de ética. Algo que en nuestro país desgraciadamente no nos sobra.

Foto | Flickr de Alterna2
Vía | El País

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