
Hemos apurado el vaso del FIB 2011 hasta el fondo, aunque nos hemos quedado con ganas de más. Con ganas de multiplicarnos para ver todas las propuestas con tiempo, sin tener que ir a la carrera de un escenario a otro preocupados por si llegaríamos o no al foso de fotógrafos a tiempo. Con ganas de tener más margen para digerirlo todo, aunque en un festival de estas características, es casi imposible. Con ganas de seguir, en definitiva.
El cartel del FIB 2011 no ha sido el mejor de sus quince años de historia. Ha habido gente que compró los abonos apresuradamente con los primeros anuncios y que terminó vendiéndolos o cediéndolos ante las últimas incorporaciones. Otros prefirieron darle una oportunidad a las decenas de artistas que se subieron a los escenarios ante públicos más o menos nutridos, pero casi siempre con la ilusión de estar en uno de los principales festivales de música en Europa, algunos por primera vez, otros repitiendo satisfechos.
Sin embargo, ha habido decepciones. Las ha habido como las hay siempre que las apuestas están altas. Algunas más esperadas que otras, algunas más agrias que otras. Es en el escenario donde se ve la verdadera naturaleza de las personas que a él se suben, el material del que está hecho el artista, las tablas que llevan a sus espaldas, su profesionalidad o la ausencia de ella. Para mí, la decepción más representativa del festival la ha protagonizado, como ya intuiréis, Julian Casablancas y su actitud de me deben y no me pagan.
La indiferencia del Olimpo
Hay artistas que son encumbrados por crítica y público a los laureles proverbiales, y la responsabilidad última de esto recae, posiblemente, en cada uno de nosotros, en cada una de las personas que participa directa o indirectamente en el denostado negocio de la industria musical. Divos los ha habido siempre, y es algo que perdurará en la historia de la música cuando nosotros ya no estemos. Sin embargo, entra dentro de la responsabilidad personal de cada uno cómo conducir la histeria colectiva, las pasiones generadas y la adoración que padecen muchos de los artistas de primera línea de la actualidad.
Julian Casablancas es, para mí, el ejemplo más claro de lo que no se debe hacer, a lo que no se debe llegar. Subió a un escenario ataviado con una chupa de cuero a pesar de la humedad y el calor inhumano que había en el ambiente y que se sentiría con total seguridad de manera más intensa bajo los potentes focos. Sin embargo, sempiterno en sus gafas de sol y con la sudada infame que debería de sufrir bajo el cuero, se agarró al micrófono y repartió las canciones como quien da las cartas de una baraja, sin interés y con el tedio propio de quien viene haciendo lo mismo día tras día durante años.
Pero esto no es así. The Strokes, al igual que otros tantos, tienen el privilegio de vivir en la cúspide de la cadena alimenticia musical. Tienen el privilegio de subirse a un escenario al que han acudido miles de personas, con un gasto de dinero importante para cada uno de ellos. Tienen el privilegio de ser considerados, por muchos, dignos de regalarles una porción de tiempo de la vida de esas personas. Tienen su apoyo incondicional.

Foto | Fiberfib
Pero Casablancas se limitó a cumplir su función, impávido, con fallos propios de la desgana y la indiferencia. No fue él quien arrasó, fueron las canciones de sus discos, fue la inercia de su éxito en el estudio. No se ganó al personal, no lo respetó en ningún momento y prefirió quedarse subido a su Olimpo particular mientras delante de él, la gente de la primera fila luchaba por respirar.
Mi fotógrafo salió del foso alucinado ante lo que había visto. Allí donde Guy Garvey, el cantante de Elbow, que había precedido en el Maravillas a The Strokes, se pasó la hora de concierto pidiendo a la gente que se echara para atrás, que bebieran agua, que se preocuparan del bienestar de los que estaban inmediatamente a su lado, Casablancas simplemente hizo un gesto chulesco en el que se alzó las gafas durante un segundo para descubrir unos ojos hinchados, y dudo que por la sorpresa de ver a la gente descompuesta. Ya se sabe que en este tipo de conciertos, lo habitual es ir más apretado que el corsé de Dita Von Teese, pero me parece vergonzosa la falta de compromiso del cantante ante lo que estaba sucediendo delante de sus narices. ¿Quizá no fuera su responsabilidad? Muy posiblemente. Pero como parte del juego, pudo haber parado un minuto, como Elbow, para que la gente respirara y se diera tiempo a la organización a sacar a las personas que estaban siendo aplastadas. Pero no. Esto no sale en la tele, no lo comentan en las noticias, no se habla de ello. Y sin embargo, pasó.
La contrapartida a esto lo pone la gente que no se ha subido a la parra, como los chicos de Elbow, que se pasaron la tarde en la zona VIP/de prensa bebiéndose unas birras al alcance de cualquiera que quisiera acercarse a hablar con ellos o sacarse una foto. Servidora prefirió no darles la tabarra, teniendo en cuenta a lo que deben estar acostumbrados, pero cierto es que me quedé con las ganas de saludarlos. O Zach Condon, el cantante de Beirut, que echó un buen rato entre una tumbona y una mesa de ping pong, haciendo la correspondiente promoción. O incluso Alex Turner, que también dedicó unas cuantas horas a las correspondientes entrevistas en la zona de prensa. Gente que trabaja en lo suyo y lo hace desde la cercanía y la profesionalidad.
Prensa y organización

Foto | Fiberfib
El búscate la vida fue la premisa básica de este FIB para la gente de prensa. Pudimos localizar con cierta facilidad la zona de prensa donde poder conectarnos vía WiFi para currar y beber unos cuantos refrescos energéticos – aunque puestos a pedir, habría preferido una fuente de agua fría bien rica -. Sin embargo, el resto de espacios a los que podíamos acceder los descubrimos por nuestra cuenta, y en algunos casos, incluso de casualidad, como la grada de medios. En algunos lugares me quedé con las ganas de preguntar, pero viendo el nivel de gente guapa que accedía, posiblemente una simple blogger hubiera ardido en la hoguera sólo de insinuar su mera presencia.
Mi fotógrafo las pasó más putas que en vendimia, y perdonad por la expresión pero no hay otras palabras más adecuadas, cada vez que tenía que salir del foso del escenario Maravillas y llegar a la grada de prensa. Aquello era una lotería, tan pronto te dejaban salir por el lado opuesto al que habías entrado, y junto al cual se encontraba dicha grada, como te obligaban a volver sobre tus pasos, lo que se convertía en una lucha contra 40.000 personas para intentar llegar a la grada. Para mí, un verdadero sinsentido que no fue justificado ni razonado en ningún momento por parte de la organización. El único acceso a foso que podía hacerse desde la zona de prensa era el del escenario principal, al resto tenías que andar buscándote la vida entre el mogollón de miles de personas acumuladas desde primera fila. Pequeños detalles que, aunque no son decisivos a la hora de evaluar la organización del festival, sí influyen en su medida.
Por otro lado, la gente rasa de organización fue encantadora en todo momento. Algunos con más idea que otros, lo cual es responsabilidad única de la cadena de información, pero todos con una sonrisa y disponibles para resolverte cualquier duda que pudiera surgir.
El FIB como excusa para hacer un macrobotellón

Foto | Fiberfib
Yo soy la primera a la que le gusta tomarse una cerveza mientras ve un concierto. La primera a la que le gusta tomarse un copazo estando de juerga. La primera que se apunta a un bombardeo si hace falta. Pero lo que me parece de juzgado de guardia es que miles de personas tomen un festival de música como una excusa para convertirse en verdaderos despojos humanos con más alcohol que sangre en las venas. Hemos visto de todo, desde chavalas con las rodillas peladas de las veces que se cayeron la noche anterior fruto de las cervezas o del alcohol del Mercadona, hasta ingleses tirados a las once de la mañana en la carpa del bar del camping, incapaces de recuperar la consciencia.
En la explanada donde se encuentran las puertas de entrada al FIB se producía, día tras día, un macrobotellón que dejaba absolutamente todo lleno de mierda hasta las trancas. Vomitonas, cachis vacíos, botellas rotas, ingleses alcoholizados tirados por el suelo… Una imagen vergonzosa para un festival como el de Benicàssim, que parecía estar por encima de este tipo de comportamientos. Por supuesto, la policía contemplaba todo este tipo de desastres humanos sin mover un dedo, o al menos yo no los vi intervenir en ningún momento ante la ingesta descontrolada de alcoholazo del malo. Lamentable.
Para el recuerdo…

Foto | Fiberfib
... queda la sonrisa de Alex Turner antes de soltar “cause he’s scumbag don’t you know”, alargando el silencio y disfrutando de la tensión de la gente, que rabiaba por que continuara con la canción. Queda el intento del cantante de Mumford & Sons por hablar tímidamente español, preguntando “cómo era” primero y corrigiéndose inmediatamente después a “cómo va”. Queda Noni, de Lori Meyers, sentado a mi lado en la grada de prensa, completamente hipnotizado con Beth Gibbons.
... quedan las risas de Elbow tomándose unas cervezas bajo una sombrilla. Queda el peloteo entre Zach Condon y su trompetista en una partidilla de ping pong. Queda la mirada extremadamente tímida del cantante de Mumford & Sons tras dar las gracias a su público, en una de las poquísimas ocasiones en que habló. Quedan los gestos alocados de Beth Gibbons agradeciendo tras el final de su concierto que la descubren como una auténtica cachonda mental, tras una hora y media de intensidad casi religiosa.
... queda la sonrisa de Jordi Herrera cuando salió a dar el concierto de The Marzipan Man con apenas 40 personas en el público. Quedan los bailes psicotrópicos de su guitarrista, un auténtico crowd-pleaser. Queda un abrazo en ‘White Blank Page’. Quedan los bailes de Règine Chassange, una divertidísima diva sobre el escenario. Queda el banjista corveante de Mumford & Sons. Queda la buena intención de Smile y sus agradecimientos bilingües. Queda el vozarrón descomunal de Brandon Flowers. Quedan Mr. Brightside y Scummy Man. Queda la ilusión de quienes llenaron el horario de tarde con tremenda profesionalidad. Queda la emoción del escenario y de la pista.
En Hipersónica | FIB 2011: el día que Julian Casablancas descendió entre el común de los mortales (crónica del viernes 15 de julio), FIB 2011: el día que nos devoró la fiebre del mono (Crónica del sábado 16 de julio), FIB 2011: el día que nos compramos una casa en los suburbios (Crónica del domingo 17 de julio)
Comentarios
¿Repetimos?
interesante
Sí, pero en hotel. Que los cincuenta grados de la tienda de campaña a las 10 de la mañana no se los deseo ni a mi peor enemigo...
Y encima nos entraron en la tienda y en lugar de mangarnos las cosas, nos lo pusieron todo perdido de Nocilla!! Te lo puedes creer???
Entre que pincharon buena musica que te impedía salir del recinto antes de las 6 y que a las 10 se te cortaba el sueño... yo me lo plantearía, a ver que opina mi cartera.
Pues si,en lo musical a cada uno nos puede gustar una cosa u otra pero la manera de estar en el escenario y de ser persona es para todos igual,algunos se pasan de chuleria y otros como Elbow dan una leccion magistral de lo que es saber conectar con la gente.Si no era ya bastante fan de ellos ahora aun lo soy mas.
En cuanto a lo que has dicho de los macrobotellones. En primer lugar, me sorprendió la facilidad de tragar de los guiris, igual que su facilidad para tirar la bebida. Esperando a Primal Scream uno de esos tantos vasos voladores me alcanzó en la espalda, casi en la nuca. Para mi sorpresa no era ni cerveza ni agua, era un cubata wisky-redbull, tenia la cabeza impregnada de siete euros y medio.
En segundo lugar. Tampoco me pareció tan grave el panorama. No puedes pretender que la gente beba dentro a 7,5€ la copa o 3 la caña de cerveza. Si este año ha habido más botellones es porque hemos ido más españoles, los guiris no dudaban en soltar prenda. Además, prefiero ver a gente borrachilla, a ver a gente hinchada a droga dura. Y para mi sorpresa, el panorama estaba mucho más calmado de lo que esperaba. Para mí el ambiente FIB ha sido de 9,5.
totalmente de acuerdo,la gente hace botellon por que dentro es todo carisimo.Y si,mejor la fiesta que se arma con la borrachera tipica fiber que ver un festival de zombies drogados como he visto en cierto evento que se celebra esta semana...
Un par de apuntes a tu comentario... a mi sí que me parece de verguenza que un festival con tan buena musica como el FIB de este año se convierta en una autentica feria para guiris con dinero. Estoy totalmente a favor de la bebida, y yo me he tomado mis cervezas y las he disfrutado durante el festival. Pero lo que he visto durante estos casi 6 dias no es normal.
Y la otra... muchos de esos basos iban llenos de cerveza, como tu bien dices. O de cubatas. Pero durante el concierto de Brandon Flowers vi perfectamente como un ESPAÑOL meaba dentro de unos de esos vasos de cubata y lo lanzaba al cielo. A partir de entonces me duché cada noche a la vuelta de los conciertos. Eso, pienso yo, solo puede ser producto del alcohol. Y creo que un festival es para disfrutar de la musica, no de macrobotellones...
Yo lo valor un poco más bajo, por la desorganización, pero vamos que repito seguro.
brillante
Personalmente me da igual si Julian cuenta chistes entre las canciones o no. Y mucho más igual me da como trate a la prensa. El que se deje ver o no por la zona "vip" me es completamente indiferente, y como a mí sospecho que al resto de mortales que no somos vips. Es increíble, te dan 2 acreditaciones y ya valoras el festival en función de la zona VIP y criticas (esto ha sido ya el colmo) el que se haga un botellón y ¡la policía no haga nada! Pudiendo cargar contra los guiris. A dónde vamos a llegar, dejarles beber impunemente, y sin que paguen 7,5 € por copa.
Madre mía. Os dan 2 acreditaciones y os volvéis aburguesados perdidos.
interesante
Sin ánimo de ofensa te digo:
El FIB hamijo, te impacta en todos los aspectos. No hay que escandalizarse por:
-Ver gente metiéndose "farlopa" y otras mierdas a todas horas (y pidiéndote como si fueras un camello).
-Ver agente durmiendo la mona a las 11 AM sobre envases de embutido abiertos, asterillas, basura- Levantarse a las 17h. copazo y para el festival XD.
-Ver a gente fo**ando en medio del césped, dentro del recinto y en público (aunque sea de noche).
-Ver el mayor numero de borrachos que hayas visto en tu vida (y más si por lo que sea tú formas parte)...
-Ver los precios de las copas por las nubes (en serio esperas copas a 4€?, viva el botellón oiga!).
-Ver a la gente entrar en la ducha con sombrero, gafas de sol, bañador y cervecita en mano. Salir tal cual XD, pero empapado, listo para los conciertos!.
-El agua fría de las duchas.
-Un largo etc.
Disfruta del ambiente y pásatelo bien, habla con la gente, ríete de lo anterior, guarda todas esas imágenes como parte de una semana de locura y de estar al 100% (quede claro que no me drogo, a lo sumo unos litrillos de birra). No te agobies con estas cosas, por que si lo haces, no saboreas el FIB como debe ser.
Salut!
-- editado por última vez a las 21:38
Entiendo que un japones o un sueco se escandalice, ¡¿pero los españoles?! Si vivimos en el pais de San Fermin, la Feria, verbenas, romerias y macrobotellones universitarios.
Me recuerda esto a la gente que flipa con Amsterdam, cuando aquí (veridico) te ves a un prenda fumandose un trocolo como una chapata del mercadona, manejando una grua como el que juega a la Play
-- editado por última vez a las 01:16
interesante
Completamente de acuerdo con el de arriba. Como novato en el FIB este año, para mí ha sido lo más parecido a Sexo, drogas y rock´nroll que puede encontrarse hoy en día. Para mí, la hostia. Así que no nos pongamos puritanos ahora quejándonos de que "hay mucho borracho".
Para mi tambien fue el primer FIB y sólo tengo buenas palabras para el festival. Que hay guiris borrachos¿?. Sí, pero tampoco tantos como realmente se quiere hacer ver; o por lo menos no en un estado absolutamente lamentable. Yo me tengo pillado mayores cagallones en el bar de mi pueblo de los que vi en general a los ingleses en el recinto, la verdad. Que hay drogas¿?. Sí, pero hay bastantes más vendedores trapicheando que gente comprando. En el camino de tierra que une el polígono con el recinto te encontrabas 10 kinkis trapicheando y muy poca gente pillando. El camping del FIB¿?, no puedo opinar porque nos quedamos en el camping privado de Bonterra, pero a pesar de tener vigilancia nos robaron absolutamente todo la primera noche de festival. Así que me quedo con mi experiencia y las palabras de otros fibers, antes de hacer caso a las televisiones y a cuatro agonías que lo único que saben es darle cera al festival. Yo repito!!!
Enserio pagais casi 200 euros para artaros de alcohol y ver los tres conciertos más gordos casi inconscientes?? Porque la mayoría de estos guiris es lo que hacian. Es imposible aguantar todo el ritmo del festival si además de las pocas horas de sueño, el calor y el agotamiento físico por las 10 horas de concierto tienes que sobrellevar una resaca de cojones. Si quereis feria, id a los San Fermines, pero la musica no debería ir de la mano de alcohol, falta de respeto y descontrol.
Donde está la falta de respeto¿?. Yo por ejemplo me tomé el FIB con calma para poder disfrutar de los grupos a los que iba a ver y quien quiera ir a emborracharse a cañón pues tan respetable es como quien se lo toma con tranquilidad. Pero más falta de respeto e intolerancia me parece atacar o generalizar de si los guiris son más malos que la tiña o más cerdos que Torrente. Creo que se exagera enormemente. Y la música no puede ir acompañada de alcohol¿?. Esa afirmación que viene reflejada en el Código Civil?¿. Es cierto que en las 10 primeras filas se podía pasar un poco mal (más que nada porque no se respiraba del calor que hacía), pero un poco más atrás se disfrutaba igual que en cualquier otro concierto.
No estoy hablando por ti, ni por nadie de este foro, por supuesto. Estoy hablando de lo que viví. Y te puedo asegurar que en el camping costaba dormir sin miedo a que algun capuyo se te callera encima mientras dormias, o de que en mitad de un concierto se te pusieran al lado una pandilla de descerebrados a joderte el concierto. Eso es falta de respeto. No lo veo respetable. Tu libertad termina donde empieza la mia.
Os tengo envidia y no de la sana precisamente.
Mañana compro una hucha para ir metiendole leuros pa el abono de 2012 (que sin Glasto de por medio, vamos a flipar)
Te veo un poco escandalizada Kaoru por la actitud de Casablancas. No creas que Lennon, Lou Reed o Mick Jagger eran mas ''solidarios'' cuando tenian 30 años. Muchas estrellas del rock son asi.
No nombres a Lennon, Jagger o Reed y adjuntes a Casablancas... Falta de respeto por favor...
Los comentarios como el tuyo parecen que tienen el unico objetivo de tocar las pelotas. ¿En algun momento los he comparado a nivel de calidad musical?. No, ¿verdad?, entonces a que viene tu comentario.
los cubatas son caros y es normal hacer botellon,se bebe mucho siempre en todos los sitios donde hay fiesta,en un concierto es normal que te empujen pero en defensa de Kaoru tengo que decir que yo hace muchos años que voy al fib y antes no era tan bestia,desde hace 4 o 5 años la cosa se esta desmadrando mucho y va a llegar a un punto donde a la gente le dara igual la mitad de los musicos que van.esta mas que comprobado que a la mayoria le da igual lo que le pongan,baila igual,solo quiere jaleo y fiesta.
interesante
Yo ya no soy un adolescente. No soy incondicional ni fanático de nada. A mis mitos adolescentes los descolgué de las paredes hace tiempo. Me gusta vivir bien y disfrutar, ya hice excesos pasando calor, incomodidades, sueño, hambre, oliendo a mierda en muchas ocasiones por ver un concierto o ir a una fiesta porque no tenía un duro. Hoy no me sobra, pero prefiero invertirlo en otro sitio.
Ver en ciertas condiciones a artistazos como los del FBI es desperciar... es como beber un vino gran reserva en un vaso de plástico en una esquina que huele a orines. Y no entiendo de qué van algunos de esos artistazos tratando a sus seguidores como muertos de ahmbre que corren detrás de una longaniza. He visto a Springsteen con casi 60 años cantando tres horas menos cinco minutos de descanso e improvisando gestos de aprecio por la gente que le apreciaba en primera fila o en el estadio. Y a estas alturas no necesita poses. Podían aprender. La diferencia es que Bruce salíó del Nueva Jersey industrial decadente y los geniales Strokes son unos hijos de papá enviados a Suiza por sus familias para que fueran muchachos de provecho. Geniales, pero no admirables.
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