Primavera Sound 2008 (Sábado, 31-05-2008)

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Y al final, llegó el día que hizo que todo mereciera la pena. El sábado dejó más conciertos impresionantes que ninguna otra jornada del Primavera Sound y permitió un final de fiesta satisfactorio e indispensable, de los que te hacen querer volver al año siguiente.

Habían sido muchas horas esperando cosas buenas, pero tuvo que llegar de la mano de los que ya intuíamos que lo iban a hacer. El triplete rock que se marcó el festival desde las 22.30 hasta pasadas las dos y media y que tuvo a Mission of Burma, Shellac y Les Savy Fav como protagonistas convirtió al PS 2008 en un polvorín. Mereció la pena el cansancio, las falta de sueño acumulado y hasta los precios de las cervezas (bueno, esto no, la verdad).

Al final, el día acabó con el diluvio que se venía anunciando. El clima barcelonés nos respetó hasta poco antes de que el Primavera Sound se cerrase del todo. Fue un final perfecto para un día en el que pasaron muchas cosas y muy buenas. Éste es el recuento cronológico de lo que vimos y lo que nos pareció.

Times New Viking

Times New Viking:

Durante cinco canciones fueron el mejor grupo de ruido y melodía del festival. Pero, justo después, tuvieron problemas con una de sus guitarras, y la de repuesto no llegó a funcionar. Así que entre golpes y maltratos a los instrumentos, entre guitarras lanzadas al suelo con rabia e impotencia, tuvieron que empezar de cero… y llegaron los parones y la imposibilidad de conocer si Times New Viking son la gran esperanza blanca del noisepop. Ya digo que al principio lo parecieron, así que aplazamos la decisión hasta que volvamos a verlos en directo. Porque repetir hay que repetir.

Atlas Sound:

Sigue dándome la sensación de que ni con Atlas Sound ni con Deerhunter voy a llegar a disfrutar todo lo que podría. Su psicodelia de ruido y capas de electrónica me parece forzada en disco y en directo se me hizo demasiado obvia. No hay magia y sin eso, es imposible que nada suba. Lo que no esperaba era aburrirme. Y lo hice.

Mary Weiss
Historia viva de la música pop, lo que no me esperaba yo es que Mary Weiss consiguiese, a sus años, sonar muchísimo más joven y necesaria que gran parte de los grupos imberbes del Primavera Sound. Personalmente, esperaba encontrarme con otra sesión nostálgica más, pero qué va: lo que la ex Shangri-Las nos regaló fue un intensísimo concierto de soul, con una banda muy profesional, con unas pocas concesiones al pasado (todas ellas sublimes) y la magia de una voz tremenda y, aún hoy, sexy como la que más. Estuve a punto de no ir, porque ya me había cansado de los retornos que no valen nada en directo. Pero Mary Weiss es de otro mundo.

Silver Jews:

Muy grande. David Berman, el único cruce posible entre Jarvis Cocker y el Profesor Bacterio, tiene ahora ganas de ser el mejor. Y durante los escasos 40 minutos de su concierto en el escenario ATP, lo apreció. Sobre una banda muy compenetrada y un puñado de hits absolutos (todas las canciones de su último disco lo son), Berman se mostró amable, carismático y dueño de una discografía envidiable que haríamos bien en dar a conocer. Encantador.

Rufus Wainwright:

El encaje de bolillos que es el horario del Primavera Sound también tiene traiciones a sus propios conceptos. Porque, si no, que alguien me explique qué hacía Rufus, en solitario, en pleno escenario grande, en vez de en ese espacio dedicado a las propuestas intimista que es el Auditorio.

Que estuviera simpático y majestuoso con su voz no quita para que yo lo viese fuera de lugar. Otra oportunidad perdida para encontrarme en el camino de Rufus, que se me sigue mostrando esquivo y aún no le acabo de ver toda la maravilla que otros cuentan de él.

Mission of Burma

Mission of Burma
Ellos no es que hayan regresado, sino que son un grupo que nunca se fue. Son la base de prácticamente todo lo que ha pasado en el rock alternativo y en el underground desde los años 80. Y, pese a todo, siguen siendo más conocidos entre la gente de las bandas que entre los aficionados. Bueno, pues que su gira por España sirva para abrir los oídos a mucha gente. Porque el trío estadounidense demostró que los años también pueden ser un trampolín y derrochando experiencia y furia, se mantuvieron más jóvenes que cualquiera de los que les veíamos.

Un síntoma positivo perfecto: Fueron, hasta ese momento, el único grupo que dio ganas al público de saltar y empujarse. Normal: su rock afilado, tenso, que lo mismo suena metálico que noise, suena sobre las tablas como un huracán. Te barre, te pone a cien, te deja caer, te vuelve a levantar por los aires y te mete en una espiral de sudor de la que ya no sales. Triunfadores absolutos, mereció la pena hasta perderse a Morente & Lagartija Nick para vivir esta lección de rock. ¿Cuánto vamos a esperar para elevarlos a los altares?

Shellac
Brutales. Son secos, ásperos y una imparable maquinaria rítmica. Son los mejores tocando, pero no hacen alardes de virtuosos. Cada sonido que sale de sus instrumentos es perfecto. Y, además, demoledor. El bombo te rompe por dentro; con el bajo te dan ganas de partirte el cuello de tanto mover la cabeza y la guitarra de Albini te pone los pelos de punta. Canela fina, convencieron a todos los neófitos que les vieron (y en mi grupo había unos cuantos). Esta vez no funcionó el truco de las preguntas al grupo, porque público y banda no se oía, pero sí el numerito final de la batería. Nunca dejará de sorprenderme que haya un grupo como ellos. Auténticos dioses.

Les Savy Fav
Nos lo habían avisado, pero yo no me lo acababa de creer. Ahora no hay duda: Tim Harrington es una auténtica bestia del escenario. Lo improvisa todo, pero ninguno de sus trucos le fallan. Ahora cojo unas hojas de palmera de los arbustos de al lado del escenario y empiezo el concierto con ellas en el trasero. Ahora me pongo una bolsa en la cabeza y me arriesgo a asfixiarme. O me visto de judoka. O me recorro las gradas. O me vuelvo a bajar al público para hacerles que se agachen conmigo. O me quedo casi en pelotas.

Lo da todo y tiene a unas de las mejores bandas de rock de este inicio de siglo escoltándole. Lógico que de ahí sólo pueda salir otro concierto divertidísimo y asfixiante. El tercero de un tirón: después de eso ya no estaba para nada más.

Simiam Mobile Disco:

Problemas con los instrumentos obligaron a convertir su concierto en una sesión de DJ, lo que acentuó aún más la sensación de que SMD son mucho menos disfrutables en directo que, por ejemplo, los Klaxons. A los platos, tiraron de trucos conocidos y usados en cualquier discoteca hoy en día. Así que su evangelio según el nurave, para ser una fiesta, fue aburrido y sin peligro. Vamos, que no.

Y aunque escuché a Animal Collective mientras recenaba, aunque aguante hasta parte del fenomenal set de DJ Coco, aunque después el cielo se abriese y cayese el diluvio perfecto para cerrar el festival, a mí ya todo me daba igual. El sábado ya había sido muy grande.

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