Lambchop

Merece la pena el nuevo disco de Lambchop. Merece mucho la pena incluso entre quienes os hayáis sentido, en algún momento, cansados por la trayectoria de la banda. Quizás sea que llevan demasiado años entre nosotros y que algunos ya hemos pasado del enamoramiento loco, al amor, al cariño y, finalmente, a la crisis de los siete años: ésa que, dicen, si superas, ya será para siempre.

Damaged fue mi crisis de los siete años. Me aburrí como una ostra con el hasta hora último disco de la banda. Siguiendo con el símil, donde ellos me ofrecían comida caliente y agradable compañía, yo requería un buen revolcón, como el de los primeros tiempos. Caímos en la rutina. Supongo que quien los escuchó por primera vez en ese álbum sabría ver más jugo del que yo fui capaz de sacar. Supongo que hasta en el hipotético caso de que existiera la mujer o el hombre perfecto, también sus amantes se cansarían de ellos.

Pero llega OH (Ohio) y renuevo mis votos. Lo hago desde que la primera canción, la que da título al disco, me arrebatase el corazón nada más oírla. No tienen nada nuevo, es sólo otra muesca más en el libro de estilo de Lambchop. Quizás suena más desnuda que en los últimos discos, más ellos mismos, pero lo que nos unió vuelve a estar allí.

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