Art Brut

Arder o desvanecerse, la eterna cuestión. ¿Podían Art Brut intentar un segundo asalto o todas sus gracias y su mala baba, su bilis contra el mundo del pop-rock moderno, estaban ya satisfechas? Su primer disco fue un magnífico reverso de humor inglés para una escena, la del revival post-punk, que sigue hinchándose hasta la saciedad, pero ¿podían dar dos veces en la diana?

Sinceramente, creo que en este caso lo mejor hubiera sido arder. Habrá quien le encuentre su gracia a las canciones de este segundo disco, más incluso que a las de su debut. Y no me extraña: el grupo está mucho mejor grabado, se tratan a sí mismos con la misma ironía de siempre, pero con un sonido mucho más profesional y logran algunos estribillos buenísimos en medio de los escupitajos tipo The Fall que no han perdido.

Lo que sí ha desaparecido es un poco de versatilidad y Art Brut ya no se atreven a hacer otra Rusted Guns of Milan, sin duda una de las canciones más contagiosas y atípicas de su anterior disco. Pero, bueno, de lo que nadie les puede acusar es de engañar al oyente. “Sube el volumen a tope” te ordena la primera canción y, efectivamente, así, con el volumen al máximo, el disco se disfruta más. Atrona y puede que hasta convenza.

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