Brett Anderson

Lo malo de la inspiración y de las musas es que primero te den mucho para luego dejarte desnudo, sin nada. Supongo que es aún peor si un día, cuando aún te sonreían, te has pavoneado y has sonreído a los flashes con cara de “esto va a durar siempre”. Que se lo digan a Brett Anderson, que regresa de las catacumbas con Wilderness y no va a tener más remedio que volver a ellas.

Anderson consiguió lo imposible. Primero le tomamos en serio junto a su compañero Bernard Butler en el saqueo glam de Suede. Después, solo ante el peligro, abandonado por su compositor, fue capaz de mantenerse en pie y de mirarnos desde muy arriba con Coming Up, uno de los mejores discos de pop de los 90 y quizás el que más estribillos tenía para corear, dejando la garganta junto a diez mil personas más, en conciertos y festivales.

Y, a partir de ahí, le sobrevino una decadencia rapidísima, le abandonaron sus musas: donde antes había lalalas para sonreír y creerte el amo del mundo, no quedó nada. Suede se travistieron de personas serias, con inquietudes más allá del sexo, la juventud y ser los tipos más divertido en las mejores fiestas y acabaron hundiéndose bajo el propio peso de su apuesta hinchada.

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