The Prodigy han decidido vender promocionalmente Invaders Must Die como el regreso a la época Music For A Jilted Generation, más incluso que la vuelta a The Fat Of The Land, pese a que este disco fue el que los hizo explotar comercialmente.
El peligro de estas maniobras es que, con el paso de los años y el desgaste de las musas, uno tiene que estar muy seguro de lo que vende para no pifiarla. La maniobra ha traído de vuelta a Keith Flint y a Maxim, como si Liam Howlett tuviera que agarrarse a ellos para recordar su glorioso pasado.
El problema de Invaders Must Die no es tanto las expectativas como la sensación de que The Prodigy, realmente, no ven su pasado con cariño, sino que lo miran con envidia: parece, por sus canciones, que siguen tratando de capturar el zeitgeist nocturno como sí lo hicieron en sus tres primeros discos, pero, realmente, casi ninguna de las canciones suena tan explosiva como sus grandes éxitos. ¿Y qué son The Prodigy sin eso? ¿Qué es un petardo que, al final, no cumple su función?
Editores 6
Comunidad 8,3