Hasta Begone Dull Care, Junior Boys han sido la banda más emocional del nuevo pop sintético, electrónico, synth-pop o como queráis llamarlo. Discos como Last Exit o This Is Goodbye escondían, detrás de su capa tecnológica, pasión sincera: por las noches de juerga, por los bailes mal dados, por las copas sin premio, por la fauna nocturna y los ecos que quedaban en las habitaciones al día siguiente.
Quizás era eso lo que hacía que siempre fuera muy fácil quedarse colgado de dos o tres canciones primero, como gancho hacia un universo único, donde revivía con alquimia cualquier estilo que hubiese unido el pop con el tecno en los últimos 20 años.
Parecía que ellos tenían la piedra filosofal y que, de hecho, el golem andaba ya solito. Pero resulta que Junior Boys han llegado a Begone Dull Care y su monstruo parece más frío que nunca. No es que no tenga sentimientos, sino que los esconde más de lo que nunca lo había hecho.
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